A contratiempo

La primera Diada sin Pujol

Estaban todos menos tú, como en la canción de Sabina. Fue la primera Diada sin Pujol. Más de medio millón de catalanes (dejémoslo así) y ocurre que el inventor del gran tinglado, de la enorme farsa de una Cataluña inexistente, no estaba allí. Las persianas de la vivienda familiar de los Pujol, ('Los Dalton' en el argot popular catalán) en la avenida del General Mitrede Barcelona, aparecían cerradas a cal y canto. Una senyera cubría de punta a punta el balcón. Pero ni rastro del expresident. Ni de su familia. Nadie del clan hizo aparición en esa jornada 'histórica'.

Trescientos años después de aquel 11 de septiembre de 1714, la fecha mitificada, distorsionada y manipulada hasta el paroxismo por el nacionalismo catalán, Jordi Pujol, el gran impulsor de la nueva Cataluña, el gran mesías de la patria catalana, el gran hacedor de todo el invento, permanecía oculto en algún escondrijo. Como un malhechor perseguido por la justicia. Como un apestado que produce rechazo. Como una excrecencia social de la que todos huyen.

Nadie lo echó de menos

Pujol no estuvo allí. Cientos de miles de catalanes desfilando por las dos principales arterias de Barcelona, con banderas reivindicativas y con gritos de combate, y el sumo arquitecto de todo el montaje permanecía desaparecido, oculto a todos, como evaporado. Pujol no estaba allí y nadie le echó de menos. Ni los manifestantes en sus cánticos, ni los oradores en sus monsergas, ni su 'hijo político' Artur Mas en sus discursos. Nadie tuvo un segundo de recuerdo para él. Mencionarlo es como mentar la bicha en una Cataluña que aún no asume el hecho de que su gran creador es un evasor de impuestos, un personaje inmoral que durante treinta años ha burlado la ley con la contumacia de un facineroso.

Ni críticas ni argumentos

La marcha fue nutrida pero no abrumadora. Estaban todos los que tenían que estar, ajenos a los problemas judiciales del gran defraudador. Se echaron en masa a la Diagonal a formar la descomunal 'V' como si nada hubiera pasado. El nacionalismo no admite críticas ni argumentos. Sólo se mueve por el sentimiento, el victimismo y la revancha.

Seguro que lo de Pujol es una estratagema de Madrid. Una campaña. Se equivocó hace 30 años pero ha pedido perdón. Ya no estaba en política. Lo que importa es la nación y lo que cuenta es denunciar la bota opresora de España que nos impide votar. Sin querer asumir que estaban allí porque hace veinte años el gran evasor puso en marcha una maquinaria de adoctrinamiento y propaganda para darle la vuelta al relato de todo lo ocurrido en Cataluña los últimos tres siglos. O más, no olvidemos que la Generalitat tiene mil años.

El pueblo oprimido, las señas de identidad, la patria acogotada, la nación esquilmada, los sueños robados... Desde las escuelas, la universidad, los centros de pensamiento, las tribunas académicas, los medios de comunicación. Todo lo puso en marcha, lo potenció y lo consolidó Jordi Pujol, el ausente. La construcción de una Cataluña mítica e imposible, desbordada ahora de pasiones.

Perfectamente convencidos y militantes de la gran mentira, decenas de miles de buenas gentes (y algún que otro bellaco de barretina) ocuparon la ciudad con sus cánticos y sus Llach, con sus banderolas y sus Piqué,  bajo la mirada atenta de TV3. "El mundo tiene que verlo", decía Carme Forcadell, el hada madrina de la independencia.

Pujol no compareció en la gran Diada. Pero la gran farsa continúa.

EL VARÓMETRO.- Guindos hizo un clamoroso Margallo al valorar econcomiásticamente la Diada. // Se ha vendido en positivo pero ni Cañete ni Mariano están contentos con la comisaría de Energía. Merkel nos debe una. // Se ha laminado a Ana Botella con el mismo patrón que a Mayor Oreja. Renuncia por asfixia e inanición // ¿La política no interesa? Un vistazo a las nuevas parrillas televisivas lo desmienten. A saber. 


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