A contratiempo

El planeta 'Melancolía' se cierne sobre Génova

La conseja de Descartes, "bien vive quien bien se oculta", ha sido la máxima política de Mariano Rajoy. O sea, que en política, y en la vida, lo importante es resistir. Más vale no cometer errores que acertar puede ser también una línea de actuación de un político que no aspira a cambiar el mundo, a pasar a la historia sino, tan sólo, a ganar las próximas elecciones luego de una faena aseada.

El debate sobre la comparecencia pública y parlamentaria de Mariano Rajoy ha empujado esta semana política hasta las lindes de la moción de censura (una herramienta que sólo se ha sacado del baúl en dos ocasiones) y hasta ha zarandeado los principios básicos del marianismo. "Siempre que llueve, escampa". Cierto, pero los chuzos tienen las dimensiones de aquel planeta colosal e hipnótico llamado "Melancolía", surgido del penúltimo golpe de locura de Lars von Trier. Un armageddon amenazante y descontrolado se cierne sobre la atolondrada cabeza del PP.

Un presunto chorizo encarcelado no puede dirigir la agenda de un Gobierno. Cierto. Excepto si ese presunto chorizo, armado de una documentación que por ahora se ha mostrado endeble y chapucera, haya sesteado durante dos décadas en la sala de máquinas de las finanzas de un partido.

Estruendo y estabilidad

La estrategia de Rajoy, no del todo comprendida en algunos rincones de su casa, era atravesar el terremoto quedamente, sin levantar la voz, dejando que el líder de la oposición se cociera lentamente en su propia salsa. Pero el estruendo está resultando tan atroz que los ecos del rataplán de unas portadas hipertrofiadas y unas deposiciones ante el juez Ruz posiblemente falsarias se han tornado inasumibles. El extemporáneo encuentro de Rajoy con los dirigentes del mundo financiero y empresarial en la Moncloa apenas consiguió su objetivo balsámico. Incluso los fontaneros monclovitas, en contra de la costumbre, filtraron algunas frases pronunciadas durante el almuerzo por parte de los ilustres invitados: "Ante todo, hay que mantener la estabilidad, Mariano". A lo que respondió el anfitrión: "No me torcerán la mano". ¿O era el brazo?

Estabilidad, esa es la clave. Las alarmas se dispararon cuando la sombra de la moción de censura cobró cuerpo en los titulares de los medios informativos internacionales. Todo es soportable salvo que Financial Times o The Economist duden de nuestra ejemplar travesía hacia la recuperación. Otro encuentro en Moncloa, esta vez con corresponsales extranjeros y esta vez más discreto, intentó acotar las dimensiones foráneas de la polémica. Ahí se percibió la necesidad de cambiar el rumbo y buscar, quizás, una vía alternativa. Una moción de censura no ayuda a transmitir la idea de un gobierno estable con una mayoría parlamentaria sólida e imperturbable. En política, la realidad importa poco. Importan las percepciones. No cuentan los datos, cuentan las interpretaciones.

Cuando alguien calla es que algo oculta. Nada tan inexacto pero tan profusamente asumido. No es preciso comparecer diariamente ante la tribuna pública para rebatir los argumentos de un imputado pero sí es preciso atender el barómetro de lo que marca ese ente abstracto y manipulable llamado opinión pública. Rajoy está seguro de que ganará la batalla penal. Le queda por dar la batalla política, en la por momentos parece desorientado.

La regeneración puede esperar

Cosa distinta será, finalmente, si esta gran perola de ricino servirá como antídoto o lección para modificar tantos asuntos pendientes en nuestro país. En especial los que giran en torno a la organización y estructura del armazón político y los cimientos democráticos. Empezando por los partidos, su brumosa financiación, su fiscalidad oculta, sus cuentas en negro, sus ingresos opacos. ¿Quién vigila al vigilante? ¿Quién encarcela al carcelero? En suma, ¿quién pone en marcha la regeneración pendiente?

Los partidos políticos, tal y como quedaron perfilados en la gloriosa Transición, son el origen de gran parte del mal. Ocupan todos los resortes de la maquinaria política y económica. Controlan los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Acabamos de verlo en la polémica sobre la figura de un militante activo del PP al frente del Constitucional. O en el vodevil cuasi franquista de las primarias del PSOE andaluz. O en la benevolencia del Supremo con José Blanco, en un auto que provoca clamorosa perplejidad. O en las surrealistas conclusiones del instructor en el caso Palau, donde no aparecen imputados más que un anónimo extesorero y un ignoto diputado de Convergencia, amen de otra gavilla de personajes anodinos e irreconocibles. Pero ni un alto mando de la formación de Pujol, precisamente la que se benefició del presunto cohecho de Ferrovial.

Estructuras herméticas

El inconmensurable poder de los partidos está detrás de todo eso. Tienen estructuras cerradas, reparten cargos, puestos, dineros, prebendas y resulta imposible fiscalizarles y controlarles. Un chusco Tribunal de Cuentas les sirve hipócritamente de coartada. Por no mencionar otros organismos reguladores, meros comparsas y aplaudidores de las directrices del Ejecutivo. Un sistema hermético y blindado a la trasparencia. Donde no hay luz y no entra el aire, todo se pudre.

Tras cuatro legislaturas socialistas, con un tramo final de horror y corrupción sin precedentes, José María Aznar llegó a la presidencia del Gobierno en 1996 con un esperanzador proyecto de regeneración en el que muchos creyeron. Su necesidad de pactar con el nacionalismo catalán, por aritmética parlamentaria, lo echó todo por tierra.Y así seguimos. Nadie lo ha vuelto a intentar. Un panorama desalentador. Quienes tanto anuncian, invocan y difunden el colapso del régimen surgido de la Transición no han logrado aún dar con la clave para avizorar cómo será el relevo y quién será su tansformador. ¿Tendrá que decírnoslo el Financial Times?

EL VARÓMETRO. Se le escapó a ministro Fernández el etarra Josu Ternera. Al menos no dió esta vez la rueda de Prensa antes de la detención// Dolores Cospedal es la heroína del momento, el valladar de Mariano y la bestia negra de Bárcenas// Dijéronle a ministro Gallardón: "No eres inocente ni cuando sueñas". Soraya le puso el viernes en su sitio // Resiste firme y abstente suave. Consigna de Lucía Figar frente a las trapisondas de Moncloa.


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