A contratiempo

El penúltimo gran error de Rubalcaba

"Creo sinceramente que hay muchas razones, por lo menos 202, para pensar que el 11M debe de estar dedicado exclusivamente a recordar a las víctimas". Este mensaje, dirigido a Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del primer partido de la oposición, no procede de las filas del Partido Popular. Está escrito de puño y letra de Txiki Benegas, histórico dirigente socialista, y publicado en el "Diario progresista". Es el sentir de muchos veteranos militantes tras la decisión de la cúpula del PSOE de sumarse a la manifestación convocada por los sindicatos en una fecha tan sensible como es el 11M. Es peor que una infamia, es un tremendo error, se ha escuchado estos días en las filas socialistas al valorar esta decisión, que sin duda acarreará más rechazos que simpatías.

Aprovechar una fecha que lleva implícito dolor y luto para todos los españoles, sean del color que sean, para organizar un movilización de carácter reivindicativo/político no puede resultar más detestable. Sin parangón ni en nuestra tradición ni en la de nuestro entorno. Más chusco aún es conocer el argumento expuesto por los promotores: No coincidir con el puente del día de San José. ¡Revolución o puente!, cabría afirmar rememorando el famoso "¡Patria o muerte!" del castrismo. Las dos cosas, han respondido los jerarcas del sindicalismo nacional, que de acuerdo con un reciente estudio, apenas representan al diez por ciento de los trabajadores españoles.

Algunas voces sensatas dentro del PSOE han intentado vanamente convencer a Rubalcaba de este error, con los resultados ya conocidos. En Ferraz se piensa que, con la escasa potencia parlamentaria de su partido y con el temor a un cataclismo en Andalucía, la única baza de oposición firme al Gobierno de mayoría absoluta de Mariano Rajoy es la guerra abierta a la reforma laboral en todos los frentes y en particular en el de la agitación callejera.

Revolcón en Madrid

Rubalcaba debería seguir el consejo de Roberto Bolaño para quien "la felicidad consiste en no abrir la puerta". En cuanto la abre, se le cuela un disgusto. El último, la derrota sufrida en el cenagoso frente de Madrid donde acaba de padecer un tremendo revolcón en la interna de su partido a manos de un desafiante Tomás Gómez, quien ya le ganó un pulso en su pugna con Trinidad Jiménez por la candidatura a las autonómicas. Gómez, un político antipático, prepotente y populista, le ha derrotado ahora de nuevo en el congreso regional del PSM. No es cosa fácil doblar el brazo al aparato, pero el antiguo alcalde de Parla ya lo ha hecho dos veces. Ahora ha sido en la tierna figura de Pilar Sánchez-Acera, una desconocida incluso para los propios, que Rubalcaba lanzó a una batalla perdida de antemano.

El cataclismo del sur

Pero los principales problemas vienen del Sur. A pocas fechas de las cruciales autonómicas de la comunidad más firma, leal y necesaria del socialismo, allí donde nunca el PP ha logrado hacerse con el poder en treinta años de democracia, el horizonte aparece preñado de signos inquietantes para el PSOE. Tras los diversos escándalos que han sacudido al gobierno de Manuel Chaves en los últimos años, en especial el conocido como "caso de los ERES" con su chusco estrambote de cocaína y prostitutas, ha aparecido ahora el de la empresa Invercaria, una oficina siniestra presuntamente dedicada a la concesión de créditos irregulares a personajes afines al gobierno andaluz y a su partido. Una escandalera monumental que convierten al hermano de Alfonso Guerra y sus famosos cafelitos en un juego de niños. y que han convertido a la Junta de Andalucía en la "Unta" de Andalucía, según la jocosa denominación popular.

Una victoria del PP en Andalucía, de dimensiones suficientes para poder gobernar, produciría un profundo cataclismo en el PSOE. No solo perdería su último reducto de poder territorial sino que diría adiós a todo un símbolo. "Sin Andalucía, el PSOE casi dejaría de existir", exageraba en su lamento un alto cargo del socialismo andaluz.

No es para tanto, en efecto, pero sí puede dar lugar a un movimiento de piezas en el seno del partido, donde Carme Chacón espera su oportunidad y su momento. "La estupidez consiste en querer sacar conclusiones", decía Flaubert. Rubalcaba no parece demasiado estúpido pero deberá sacarlas si sufre una humillación en la decisiva batalla del sur.

Por más que se empeñe, Rubalcaba ganó por los pelos su congreso de Sevilla frente a Chacón. El secretario general del PSOE carece de credibilidad, no ha logrado despertar el corazón dolorido de su militancia y cada vez se aleja más de su pretendida imagen de la renovación responsable y sin aventuras. Se ponga como se ponga, es el pasado. La manifestación del 11M así lo demuestra. Va a ser, sin duda, su penúltimo error.


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