A contratiempo

Ni un minuto que perder

"Siempre es más tarde de lo que piensas", decía aquel lema punk de los setenta. Mariano Rajoy lo sabe perfectamente. Con la prima de riesgo revoloteando los quinientos puntos y con el interés de la deuda bordeando el 7 por ciento, esa franja roja que nos sitúa en el territorio espantoso de la intervención, el calendario político no cuadra. No hay tiempo. No hay un minuto que perder. Nada de los tradicionales cien días de cortesía, ni siquiera de esperar a que se cumplan los plazos marcados por la ortodoxia postelectoral, esto es, composición de Cortes el día 13 de diciembre e investidura el 19. No llegamos. Ahora más que nunca se comprueba que el infantil antojo de Zapatero de hacer coincidir los comicios generales con el 20N fue una broma macabra. Septiembre era el mes para las elecciones. Pero ya está el daño hecho y ahora hay que reaccionar. Tres largos meses perdidos.

Mariano Rajoy dedica este esprint final de la campaña a olvidarse de que existe un tal Rubalcaba para centrarse en enviar mensajes de tranquilidad y serenidad a Bruselas. En concreto, a Merkel y Sarkozy que le han hecho llegar por medio de imperantes mensajeros que apenas tiene un mes, una vez elegido presidente por mayoría abrumadora, para hacer públicas sus primeras medidas de choque.

Al borde del abismo y con los pies colgando. Así estamos. Una situación angustiosa y sin precedentes. Necesitada de reacciones inmediatas. Se sabe que desde el equipo de Génova se ha contactado ya con Moncloa para organizar cuanto antes unos equipos de trabajo que pongan en marcha las medidas imprescindibles que nos demanda Europa y que no pueden esperar al lento proceso del relevo gubernamental, que nos llevaría prácticamente hasta enero. Rajoy acaba de declarar que "estoy convencido de que no habría ningún tipo de problema con Zapatero en el caso de que haya que llegar a alguna suerte de entendimiento urgente en defensa del interés general de todos".

Mientras Rubalcaba juega al peligroso disparate de ponerse chulo con el BCE, de cargar las culpas a Europa, a los mercados, a los especuladores, etc.. y habla incluso de pedir una tregua de dos años antes de afrontar los ajustes requeridos, Rajoy ya tiene puesto en marcha un plan de urgencia para ensamblar una fuerza de reacción rápida con Zapatero, con quien mantiene ahora una relación de imprescindible y tranquilizadora fluidez.

La lista de las tareas pendientes son enormes y es preciso ordenar las urgencias. Todo está tan patas arriba que resulta difícil deslindar lo imprescindible de lo perentorio. Pero en eso están Rajoy y sus expertos. Y mantienen informados al minuto Merkel y Sarkozy. No es que el líder del PP jugueteara electoralmente con un programa oculto, como se le ha reprochado hasta la saciedad. Se ha manejado con cautela porque hasta hace bien poco desconocía cual sería la magnitud total y absoluta de la tragedia. En estas horas ya la estamos viendo. El hecho electoral aleja momentáneamente a España de los escenarios griego o italiano. La salida de Zapatero es el fusible necesario para que España pueda ofrecer cierta confianza en el entorno económico de la eurozona. Pero ahora hay que correr. Con sensatez pero a toda prisa. Hay que reducir gastos, cuadrar las cuentas y, desde luego, encarar una eficaz reforma del sistema financiero, impulsar una estructura económica más productiva, alentar la creación de empresas, ayudar a los emprendedores, reformar el marco laboral, eternamente pendiente. Este será quizás el primer paso, junto con la ley de control presupuestario de las Comunidades Autónomas.

Siempre es más tarde de lo que piensas, en efecto. La economía española se encuentra en una situación resquebrajada y vulnerable. Y habrá que revertirla mediante la dolorosa vía de los ajustes y recortes. Y hay que empezar el 22N. Sin tiempo para el champán ni las celebraciones. España, la noche del 20N, será sin duda una fiesta. Pero el 21 hay que ponerse a trabajar. Ya. Urgentemente.

"No nos gusta que nos den órdenes", insiste Rajoy estos días mirando a Europa por el rabillo del ojo. Por eso ya se está moviendo, por eso va a anticiparse, antes de arriesgarse a recibir el tirón de orejas que le propinaron a Zapatero, a Papandreu, a Berlusconi. Su margen de autonomía es muy limitado. Tanto que hasta le han marcado ya los plazos y los deberes. A por ello. Deprisa, deprisa.


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