A contratiempo

El mejor amigo del Rey

En Cataluña lo llaman "hacer bondad". Que viene a ser como "cuidarse un poco y evitar excesos". La toca al Rey este año "hacer bondad" después de dos años de excesos, accidentes, trastazos, patinazos y quirófanos. Es decir, hacer de Rey.

Buena parte de los españoles le han perdido el afecto y hasta el respeto. Asunto de riesgo, si ha de creerse el CIS, que no pregunta sobre la Familia Real desde mayo. Para evitar cortocircuitos. Hará un año alguien anunció en titulares su abdicación. El hilo de oro que unía al Monarca con el pueblo español es ahora un muro, o una cordillera o más bien una tumba.

Los cerebros de la Zarzuela fatigan estrategias e idean montajes para recuperar el lado más amable del Monarca. Idean reportajes, filtran versiones, organizan tenidas con periodistas. Y, especialmente, controlan los tiempos y las agendas. La pifiaron enormemente en la Pascua Militar, todo un capital general trastabillando en público, como aquel Rey Jorge, "el rey granjero", quien enfermo de porfiria, daba mucho que hablar sobre su estabilidad mental. Tanto que cuando se independizaron las colonias de ultramar escribió en su diario: "Nada de importancia ha sucedido hoy".

Aciertos de la Zarzuela

Difícil es frenar a un Rey cuando ha tomado la determinación de meter la mata. Sólo Sabino sabía hacerlo. A Spottorno ni siquiera se le conoce aún por su nombre. Él se empeña en que le recordemos por sus hazañas en Cajamadrid más que por sus aciertos en Zarzuela. Evitó, ciertamente, que Su Majestad volara a Estados Unidos para ingresar en el quirófano del doctor Cabanela.

Don Juan Carlos lleva demasiado tiempo encerrado en la Zarzuela. Más de cuatro meses ya, desde septiembre del pasado año, cuando la primera intervención de la cadera infectada. Cuando el gran susto. Día trás día sin apenas moverse de Palacio, sólo dos minutos de jardín para las fotos del "Hola". El Rey se aburre. Con su actividad restringida, sin escapadas cinegéticas, sin apenas ver a la familia, sin almuerzos de trabajo, con pocas audiencias y menos viajes. Este mes se va a Lisboa, con Cotec.

Visitas y sobremesas

Pero está asumiendo su rehabilitación con seriedad y rigor. Está haciendo bondad. Algunos amigos le visitan. Despacha con políticos, con empresarios, con algún prelado, nada de periodistas. Habla  con el presidente del Gobierno, con quien ha hilvanado una excelente relación. Y disfruta de las sobremesas frecuentes con el director del CNI, Félix Sanz Roldán, un general de Cuenca, que habla inglés, está distinguido con la Legión de Honor y es cofrade de los Caballeros Cubicularios de Zamora.

Sanz Roldán bordó su comparecencia en el Congreso, ante la comisión de Secretos Oficiales, cuando los espionajes telefónicos de Obama y cuando el lío aquel de Corinna. Todos los diputados aplaudieron unánimes. En nuestro galimatías parlamentario, rebosante de grupos desleales y antipatria, es un éxito.

Con el general Sanz Roldán habla el Rey, un suponer, de las cosas que pasan. En especial, de Cataluña y de la Infanta Cristina. Se supone que el CNI, que depende de la vicepresidenta, es el ojo que todo lo ve. Y que casi todo lo sabe. Una compañía, pues, agradable e instructiva. Está Su Majestad recluído intramuros de Palacio pero se entera de casi todo.

Por ejemplo, es consciente de lo que se dice de él, de lo que se piensa de él y de lo que se espera de él. Y de lo que se dice del Príncipe. Acaba de cumplir Don Felipe 46 años. Trabajando, de visita castrense al cuartel de los paracas. El Príncipe de Asturias goza del respeto, el cariño y el reconocimiento de los españoles, según los sondeos. Hay quien le empuja para que empuje. Para que anime a su padre a pasarle el testigo. Para que angrase el camino de la abdicación.

Con España aún en la UVI, según la afortunada expresión de Núñez Feijóo, que se le ha puesto cara de delfín y se equivoca, el Príncipe sabe que aún no toca. Primero hay que estabilizar la situación, achicar las cifras crueles de la EPA, reconducir el dislate catalán y tranqulizar las levantiscas aguas de la calle. Eso tiene que hacerlo el Rey. Y Don Felipe, que conoce que el paño español es material inflamable que salta a la menor yesca, sabe que es preciso aguardar. Y apuntalar al padre. Una tarea de héroes que devora años de vida.

Si nada extraño interfiere en sus planes. Si quienes deben hacerlo colaboran como deben. Si se anestesian las impaciencias, puede que al final todo salga bien. El Rey tiene que demostrar que está a la altura del Príncipe. Es injusto que dos años disparatados emborronen una biografía. Pero el mundo fue hecho por el demonio en un momento en el que Dios no estaba mirando. Ese es el pacto. El Rey asume en persona sus invocaciones a la ejemplaridad y el Príncipe sigue como siempre ha hecho, arrimando el hombro sin reclamar nada a cambio.

EL VARÓMETRO. Acertó el ministro Fernández Díaz con la elección de Juanjo Esteban al frente de Comunicación. Se notará el cambio.// Cosas dicen de Carlos Lesmes, el nuevo presidente de los jueces, que alguien debería hacer algo. De ser ciertas. // A Ana Mato quieren ahora nombrarla para todo, con tal de sacarla del Gobierno.


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