A contratiempo

El mal ya está hecho

"No hay gente que yerre más a menudo que los que no se pueden permitir errar"La Rochefoucauld

Cuando se pone a un zorro a guardar de las gallinas, alguna perderá el pescuezo y otras muchas saldrán desplumadas. Veinte años ha estado la caja del PP bajo el control de Luis Bárcenas, alias "Tarzán" y nadie se preocupó de que se llevara el alpiste, el maiz y hasta los huevos. Ahora se sorprenden y atolondran de que quiera quemar el gallinero.

El mal ya está hecho, pero puede ser peor. La credibilidad de uno de los políticos más honestos de nuestro país, Mariano Rajoy, aparecía el jueves en los titulares de toda la prensa europea junto a la palabra maldita: "Corrupción". El peor escenario. La espantable pesadilla. El fantasma argentino, insisto. Ahora que entre Guindos y Margallo habían puesto a tono nuestro perfil económico en la UE, a un Bárcenas acogotado por la Justicia le da por ciscarse en el convento donde amasó un fortunón de 22 millones de euros. Se siente traicionado, abandonado y, sabido es, los contables son muy sensibles. Remember Filesa. La venganza.

El mal ya está hecho. Efectos políticos demoledores, pérdida de la confianza en la clase dirigente, (no digáis "casta", por favor, ni "partitocracia", que nos recuerdan a aquel tiempo pasado)  desmoralización de una sociedad torturada por los impuestos y el paro y, por supuesto, la imagen de España, en el lodazal. Por no hablar de los destrozos en la carcasa del Partido Popular

Panorama desde el puente

Nadie puede arrojar la primera piedra. Ni el PSOE de los ERES, Campeones, Pepiños y las Fundaciones de la señorita Amy, ni la Convergencia de los pujolets, ni la Unió de Pallerols, ni la Izquierda desunida de los excesos andaluces, ni los sindicatos subvencionados, ni la CEOE de Díaz Ferrán... Por no hablar de las empresas del Ibex y no Ibex untando sin decoro al partido que le tocara ejercer el mando desde la Moncloa. Instituciones magulladas, clase política bajo mínimos y crisis económica sin precedentes. Un cuadro que corta la respiración.

"¿Qué podemos hacer?", diría el sanguinario Lenin. Esa es la pregunta que ahora mismo carece de inmediata respuesta. Bárcenas no es más que el penúltimo elemento que ha hecho desbordar una olla podrida. Pero tan sólo es uno más. Uno de tantos episodios que se han sucedido, sin demasiados aspavientos, desde que arrancó nuestra normalización democrática, ya va para más de treinta años.

Que no hablen de Regeneración

Un tratamiento de shock. Rearme moral y revigoración democrática, firmeza judicial y mano dura con la ilegalidad y la trampa. Y al trullo con los tahúres, después de escupir el oro que afanaron. La respuesta no está en las movilizaciones frente al Congreso o a las puertas de las sedes del PP (de esas ya tuvimos demasiadas en una fecha para olvidar, ¿no, don Alfredo?) No nos engañemos, aún no estamos a las puertas de la revolución, aunque algunos juguetean con abdicaciones y tomas de la Bastilla, guillotinas y escalinatas de Odessa. Llegó la hora de poner en marcha esa profunda reforma institucional tantas veces anunciada en forma de "Regeneración" y tantas veces aplazada en aras de la corrupción. Nuestra temblorosa Constitución le dió demasiado poder a los partidos y se les ha permitido administrar los dineros públicos sin apenas controles.  El mundo empresarial ha propulsado sus negocios, ya se ha visto, al amparo del poder, del soborno y el chanchullo. Más capitalismo de los Soprano que de Wall Street. Entre todos han convertido a España en una película de bandidos de serie B.

Rearme moral y revigoración democrática, firmeza judicial y mano dura con la ilegalidad y la trampa

¿Qué podemos hacer? Piensan algunos que las tropelías del zorro Bárcenas pueden derivar incluso en un terremoto en la Moncloa. Algunos nombres del PP,  por ahora inmaculados en los papeles del avieso tesorero, se frotan las manos y acarician escenarios improbables. Menudo cuadro. Al margen de la imperativa reacción del presidente del Gobierno, a quien nadie puede imaginar cobrando en negro, es fundamental que se arroje luz hasta el último rincón de Génova y se aventen nóminas, pagos, sueldos y salarios hasta que no quede ni una mácula de sospecha bajo alfombras o cajones. La alternativa, ya lo vemos, es lo más parecido a un purgatorio sin retorno.

EL VARÓMETRO.- "Ni Esperanza ni Gallardón" decía el tuit del popular periodista tras estallar el escándalo de los papeles. Ni Soraya Saenz de Santamaría, por supuesto /

/ Lucía Figar hace muy bien los deberes. Sube y sube /

/ Malestar nacionalista. El estallido silenció el paso del comediante Mas por el escenario de la Zarzuela /

/ Se ciernen tormentas sobre el Fiscal General, el tibio Torres Dulce. Muchas zancadillas.


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