A contratiempo

De la macro a la micro

Debatieron, sí. Más sobre el Estado que sobre la Nación. A la Nación la dejaron de lado, como en la canción de Sabina (¡horreur!, un domingo y citando a Sabina): "Hoy amor, igual que ayer, como siempre, el diario no hablaba de ti ni de mí".

No hablaron de la Nación, no. Tres días encaramados al estrado y no se apearon del Estado. La demoscopia oficial evidencia que para la mayoría de los españoles el inevitable debate parlamentario de esta semana no lo ganó nadie (36 por ciento) es decir, que lo perdieron todos. Y, en especial, los primeros espadas de los dos principales partidos.

Hay una columna muy atinada del sagaz John Müller sobre el particular. ¿El Estado?, bien, gracias. Ahí sigue, lustroso y paquidérmico, relamiéndose sus abundancias con la sonrisa de un hipopótamo agradecido. "No tenemos un problema de gasto sino de ingresos". En eso coinciden los dos cabezas de cartel. Así nos va. Piensan que el gasto está bajo control y que a los ingresos hay que darles otra vuelta de tuerca. Por medio de los impuestos, claro está, porque nuestro crecimiento económico aún es tan ramplón, pese a algunos destellos en positivo, que no cabe esperar milagros.

Empleo e impuestos

En este año electoral y en el que viene, se afinan los lápices en La Moncloa para trasladar la idea de que se crea empleo neto y se ajusta la presión fiscal. El papel lo aguanta todo. Pero hay una cuarta parte de la población que no ve la gracia de Dios y a la que en el debate sólo se la mencionaba para darle el pésame. "Mientras tengamos seis millones de parados....". He aquí la gloriosa muletilla. Que se ha convertido ya en jaculatoria obligada y, quizás, eterna.

La preocupación del Gobierno es trasladar a la población la idea de que todo nos va a ir mejor. Que la crisis afloja y los números cantan. Y hasta bailan. "De la macro a la micro" es el nuevo eslógan de los técnicos en mercadería política. A la vuelta de unos meses, quien no coree la cantinela de la recuperación pasará a ser tachado de catastrofista. ¿No les recuerda a algo el conjuro? 

Estado gastador

Un Estado que gasta casi 60.000 millones más de lo que ingresa no puede sacar pecho. Más bien tiene un problema. Y si se piensa que el desequilibrio viene por la parte de los ingresos entonces, tiene dos problemas. El 'céntimo sanitario', declarado ahora ilegal por Europa, es el síntoma de esta enfermedad. Impuestos camuflados, tasas desorbitadas, tarifas desmesuradas, sobrecostes hipertrofiados... La glotonería del Estado es insaciable y, lejos de ponerse a dieta, rebusca entre los huesos esquilmados de la Nación para seguir zampando. Esto suena tan catastrofista que casi incurre en lo antipatriótico.

Sabido es que, como insiste Rajoy, el Estado no pidió el rescate. Principal logro del primer bienio del PP en la Moncloa. Nadie lo pone en duda. Pero hay una Nación que se levanta cada día pidiendo un rescate a gritos. Otro rescate. Y de eso no se habló en el famoso debate. Enredado el uno en sus grandes cifras y atascado el otro en sus viejas proclamas, se olvidaron de lo importante. El Estado, bien gracias. La Nación -es decir, las familias, los empresarios, los trabajadores, los jóvenes, los ancianos y demás personajillos tan molestos- se quedó, una vez más, al margen de los discursos. Otra vez será.

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EL VARÓMETRO. El problema de Yolanda Barcina, tan luchadora, es que no le cae bien ni a los propios.// Sólo piensa Rubalcaba en sobrevivir a las europeas para enterrar las primarias.// Nunca el soberbio Gallardón se encontró tan desolado.// Se acerca el fin de la era Rouco y en algunos medios episcopales tiemblan.// Sigue la alcaldesa de Madrid muy mal asesorada. Y ahora era el momento. 


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