A contratiempo

¿A esto le llaman ejemplaridad?

Ni era el discurso más difícil, ni resultó tan histórico. Las cosas en su sitio. Tan sólo una lectura voluntariosa y algo forzada del mensaje navideño del Rey puede llevar a concluir que abordó en forma decisiva el reto soberanista o que abrió las puertas a una reforma de la Constitución.

Fue un mensaje más fino y mejor elaborado que en ocasiones precedentes, eso sí. E incluyó dos referencias que, en efecto, aportaban calado y novedad a la tradicional monotonía. La apelación a una urgente necesidad de "mejorar la calidad de nuestra democracia", insistentemente demandada desde este diario, junto con el compromiso personal de aplicarse el cuento de las exigencias de ejemplaridad fueron las dos novedades auténticamente reseñables.

Buenas palabras, excelentes propósitos. Que ahora han de traducirse en hechos. Los constituyentes del 78 reservaron al Monarca un papel de moderación y arbitraje. Como Jefe del Estado, nuestra Carta Magna le otorga la función de "símbolo de su unidad y permanencia" así como de "la integración nacional". Sólo una vez al año, por Nochebuena, Su Majestad lee ante las cámaras un mensaje elaborado en la Zarzuela y no en la Moncloa. De ahí la importancia que se le concede a un texto que es luego objeto de intensos análisis, lecturas e interpretaciones. La Corona británica, tan ejemplar y longeva, carece de esa prerrogativa. Todos los discursos de la Reina de Inglaterra los redacta el Ejecutivo.

Tres párrafos

Al margen de las persistentes invocaciones a la unidad nacional, necesarias e inevitables ante el órdago separatista que anuncian los nacionalistas catalanes, uno de los aspectos más subrayados del discurso Real fueron sus invocaciones a la "ejemplaridad". Tres veces utilizó el término. En el párrafo 8, en el 12 y en el penúltimo. Fué en éste último cuando utilizó una fórmula que ha encandilado a los escrutadores de la prosa regia.

"Quiero transmitiros como Rey de España la seguridad de que asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad". General conmoción. El Rey admitía en público que va a aplicarse en persona lo que la sociedad exige a todo mandatario público y a todas las instituciones en cualquier régimen democrático. Bueno sea. Pero ya era hora. ¿O es que antes el Monarca no asumía ese reclamo social? Se supone que sí, pero no había adquirido hasta ahora públicamente ese compromiso. Menudo despiste.

En su pedestre y mal redactado mensaje de 2011, lleno de referencias a la "globalización", a la "vocación europeísta" (ya ven ustedes) y a "soluciones prioritarias" que requieren "máxima prioridad" (sic), don Juan Carlos recordó que necesitamos "rigor, seriedad y ejemplaridad" en todos los sentidos. Ahí estaba ya la palabra mágica. El problema es que pocos meses después de aquel discurso, el Monarca sufría un accidente mientras cazaba subrepticiamente en Botsbuana en polémica compañía y sin conocimiento ni del Gobierno ni de la sociedad. Así pues, la palabra "ejemplaridad" quedó un poco devaluada.

Adivina quién viene esta noche

En aquel mensaje de hace un par de años, el Monarca incluía, sin embargo, la referencia a que "la justicia es igual para todos". Su yerno, Iñaki Urdangarín, estaba ya siendo objeto de investigacón por el 'caso Nóos'. Aquella Navidad, los duques de Palma pasaron la Nochebuena en Washington. Este año, sin embargo, hace tan sólo unos días, instantes después de que se emitiera el mensaje televisivo, toda la Familia Real, incluídos la infanta Cristina y su esposo, pasaba la Nochebuena en Palacio. La "ejemplaridad" ha ganado peso en el discurso pero parece haberse desinflado en los hechos.

Hace dos años, también, don Juan Carlos se refirió a la figura de don Felipe en forma afectuosa y expresiva: "He podido apreciar el rigor y el acierto con que mi hijo, el Príncipe de Asturias, me acompaña como heredero de la Corona en el servicio a los españoles y a España". Este año, sin embargo, la mención al Príncie ha sido austera y fría, casi una mera cita a pie de página, al recordar unas palabras suyas pronunciadas en el acto de entrega de los premios que llevan su nombre.

Abdicar o no

Por contra, este año Su Majestad quiso dejar constancia de su determinación de "continuar estimulando la convivencia cívica". Es decir, que no piensa en abdicar, en contra de lo que anunciaban, hace no tanto, algunos de los que ahora extienden la alfombra roja a sus pies. En suma, raquítica referencia a su hijo y expresa voluntad de seguir al frente del timón. Algunos tienen tan buena memoria para olvidar.

Bueno sea. Como también bueno sea, y así lo esperamos todos, que tan abiertas y solemnes invocaciones a la ejemplaridad, a la transparencia y a la mejora de la calidad democrática reciban el impulso prometido desde la Corona. Las palabras navideñas del Rey suelen quedarse en eso, en meras palabras, acariciadas hasta el manoseo. Lo importante es que, luego, los hechos no las desmientan. 

EL VARÓMETRO. Se pelean por el micrófono en la Moncloa y luego todos preguntan siempre lo mismo.// Sánchez Camacho ya le otorgó la patada anunciada al trasero de Vidal Quadras.// Los mail de Blesa se están quedando en chascarrillo de peluquero.// Vaya estilo el de Montoro con Ignacio González.


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