A contratiempo

"El que huele a muerto es Rubalcaba"

Entre los enterradores del régimen, los tumba-gobiernos de pacotilla, los asaltantes del Palacio de primavera/invierno, los segadores de cabezas, los espías con barretina y los arribistas sin escrúpulos, este país no recobra el aliento. Demasiados terremotos por segundo.

Un Gobierno conmocionado. Un partido con mayoría absoluta, agarrotado. Un presidente, acorralado. Una Corona desequilibrada y una oposición demediada. Sin olvidar la dramática lápida creciente de los seis millones de españoles caídos sin gloria y sin empleo. En el límite y acelerando. No hay cuerpo institucional que lo aguante.

El último corrimiento de tierras se aproxima a la Zarzuela. Un líder socialista ha puesto sobre la mesa la palabra non sancta, "abdicación" y absurdos portavoces de formaciones liliputienses en el Congreso se han apuntado al carro. Los coros, como siempre, han corrido a cargo de algún columnista antaño de tronío y una gavilla de voceadores del disparate con micro incorporado. Los Lancelot de la Corona están, por el momento, ocultos o descansando.

El tesorero malvado

Semanas antes se había producido el ciclón de las fotocopias del malvado tesorero. Y otra palabra tabú, "Bárcenas", maldito quien ose mencionar ese nombre. La gélida firmeza de Rajoy en el debate parlamentario ha conjurado, de momento, el cimbronazo, a la espera de males mayores. O no. Pero el PP ha recuperado el resuello, y la crisis de Gabinete se aplaza. Cinco ministros, al menos, están amortizados, pero el calendario mariano tiene sus tiempos.

La película de espías a la catalana es un episodio sicalíptico entre tanto sobresalto. El CNI, los nacionalistas, la amante despechada, el PSC, su Zaragoza, su amiga, los manteles, los micros y el florero. Sólo falta Cassen. Y que la jueza impute, de una maldita vez, a Oriol Pujol por las ITV, de lo que no se ha vuelto a hablar. Tinta de calamar mediterránea.

Los mensajes delatores

Pero lo más reciente, lo penúltimo, ha sido el harakiri de Rubalcaba. El debate del estado de la nación, su losa. Carme Chacón, José María Barreda (ilustres perdores) y otros socialistas del montón, cuchicheaban y sonreían en sus escaños mientras su balbuceante líder se sumergía en el espejo del mar, como Alfonsina Storni, sin billete de regreso. "Rajoy entró muerto y Rubalcaba le dió oxígeno. Rajoy salió vivo y el que huele a muerto es Rubalcaba", se pasaban SMS reputados dirigentes del PSOE. "Rubal actuó como los malos puntilleros que cuando pinchan levantan al toro".

Los palmeros de Ferraz, estratégicamente distribuídos por sus medios y alguno ajeno y hasta público (es decir, de todos, ja!) intentan, desesperados, apuntalarlo en la poltrona. Vana tarea, que tan sólo Rajoy agradece. "Yo no pido su dimisión, no me interesa", le espetó, incisivo y cruel, durante el debate. "No me conviene", habría sido más preciso.

Mala es la inestabilidad institucional en una democracia tan pietierna como la nuestra. Y peor aún, si coincide con el pavor económico. Elevar ofrendas de grandes propósitos de pactos, transparencia y reformas constitucionales en aras de un futuro feliz es empedrar el camino hacia el infierno con buenas intenciones. Nadie se lo cree. Una calle en ebullición, una deuda en progresión y unos referentes políticos en descomposición no se lo pueden permitir.

Lo que urge ahora es hacer cumplir las leyes, que las tenemos y en abundancia, más de cien mil. Y cada viernes, el Consejo de Ministro da a luz otras tantas, nacidas para adornar. Que los jueces, juzguen (si no andan de huelga) y condenen. Que los chorizos, a la cárcel (cuatrocientos corruptos imputados por la Audiencia Nacional y sólo media docena entre rejas). Que los partidos limpien sus cochiqueras y a la calle con ellos. En fin, que se cumpla la Constitución.

No es imprescindible refundar un régimen cada mañana, ni parir una Carta Magna cada tres décadas. Ni modificar la forma del Estado cada vez que un nacionalista rebuzna. Lo que procede es reforzar el sistema democrático de una forma muy sencilla. Haciendo cumplir sus normas, que si nuestro texto constitucional es perfectible, sí ofrece suficientes herramientas para afrontar los retos extremos que tenemos planteados.

Y si estos políticos que pululan por el Congreso, ufanos y confortables con su iPad bajo el brazo y su torpe ambición en la sesera, no son capaces de hacerlo raudamente visto el proceloso panorama, entonces, sí, entonces tenemos un problema. La esperanza es mala cena pero un buen desayuno. Cualquier tarugo miserable es capaz de entenderlo. "Busquemos únicamente lo que es alcanzable", decía Jeremy Bentham, tan utilitario. Como Rajoy. Y de momento, el único que "huele a muerto" es Rubalcaba.

EL VARÓMETRO. La ministra Pastor ha aprendido con la huelga de Iberia que no es bueno estar todo el día en los papeles // Qué se hizo del fiscal general del Estado, Torres Dulce, el día de la puesta de largo de Sortu? // Van a por Cosidó, el director de la Policía. "Fuego amigo" desde arriba y desde abajo.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba