A contratiempo

Los heroicos centuriones del PSOE

Ya llegan. O al menos, anuncian que llegan. Algo hay que hacer, advierten en tono re preocupación, como viejucas asustadas. Esto no puede seguir así, vamos de cabeza a otras elecciones. Los barones del PSOE están a punto de incurrir en una actitud heroica. Van a sugerirle a Sánchez que, si tiene a bien y si le cuadra la agenda y no le disturba en sus escapadas playeras, no sería mala cosa el empezar a pensar en llevar a cabo algún tipo de reflexión, sin prisas ni urgencias sobre lo que ocurre en España. Qué valientes estos barones. Cuan desgarrada propuesta. Vaya enorme provocación,  audaz donde las haya.

En política, sabido es, la franqueza es la primera virtud del difunto

“La valentía es una virtud de subteniente”, despreciaba Schopenhauer y en política, sabido es, la franqueza es la primera virtud del difunto. Alguien pensó en su día que los centuriones del PSOE, impelidos por la sultana andaluza, pondrían coto a la ambición inextinguible de Pedro Sánchez.  “O nos lo cargamos o éste se carga el PSIOE”, decían en los corrillos, en los cafeses con la prensa, en los cenáculos discretos. Susana Díaz se escondió bajo la Giralda y del resto de notables, no ha vuelto a saberse.

Una carrera meteórica

Tan sólo uno, Fernández Vara, atinó con la frase más repetida por los voceros del PP: ¿Quién va a ser el guapo que le dice que no a Rajoy si llega con 170 diputados? Llegó. Y el guapo estaba ahí. Y le dijo no. Así empezó Sánchez en política, siendo ‘el guapo’, cuando saltó de su condición de diputado anodino y culiparlante a secretario general heredero de Pérez Rubalcaba. “El guapo”, le llaman los barones. Pocos méritos más había acumulado en su prontuario parlamentario.

El secretario general del PSOE, en estas jornadas de investidura, ha dejado bien claro dos cosas. Una: que su ‘no’ a Rajoy y al PP no es plexiglás. Unas 80 veces mencionó la palabra ‘no’ en su pugna dialéctica con el presidente en funciones. Esa parte del ‘no’ quedó muy clara. Más aún se constató la fiera advertencia a sus barones: “Quienes pretendan la abstención a Rajoy, me tendrán enfrente”. Los bravos centuriones siguen muditos y abrevando.

García Page, fiel heredero de la cínica hipocresía de su maestro Bono, aunque con menos talento, en un gesto desafiante y homérico, ha dado un paso al frente. Y ha dicho, en tono contundente y casi colérico: “Tenemos que ir madurando nuestras propias posiciones en virtud de las circunstancias”.  Desde aquel ‘guapo’ de Fernández Vara, ningún barón había osado llegar tan lejos. “Esto se mueve, ahí va a pasar algo”, apuntan los ojeadores de Génova. Algún dirigente del PP, posiblemente en avanzado estado de gintonicidad, anunció incluso una sublevación en puertas para exigirle a Sánchez la abstención.

Dos minutos después de que Rajoy acceda al Gobierno tras una abstención de los socialistas, Pedro Sánchez sabe que es hombre políticamente muerto. Esta es la única verdad universalmente aceptada en la vieja familia socialista, atemorizada entre el desgaste que supone asumir el papelón de responsables del bloqueo y el horizonte electoral kamikaze al que les arrastra su secretario general.

Estos barones llevan dos años de estar a dos minutos de dar un paso al frente. En Ferraz, se ríen. Hacen bromas y cuchufletas

“Vienen los barones”, titulaban estos días algunos medios, en fantasmagórica descripciones de una realidad inexistente. “Yo iba a venir, pero al final no vine”, le espetó Pinino Mas a su entrenador, tras varias jornadas de juerga y ausencia de los entrenamientos. Estos barones llevan dos años de estar a dos minutos de dar un paso al frente. En Ferraz, se ríen. Hacen bromas y cuchufletas.  “¿Y cuándo dice que piensa venir de Sevilla la Omaíta? ¿Traerá los Eres?”. Le llaman ‘la Moranca’ a quien, no hace tanto, parecía intocable, todopoderosa, la única mano capaz de fulminar al líder.  

Los más realistas en Moncloa recitan ahora eso de ‘siempre nos quedará Bilbao’. Elecciones gallegas y vascas, un PNV precisado de apoyos y un intercambio de cromos en Madrid. ¿Todo un país sin gobierno desde hace ocho meses, pendiente ahora de dos elecciones regionales?  Callejón sin salida, ni alternativas, ni propuestas. No, no y mil veces no. Sánchez es el único de los cuatro líderes nacionales que carece de un plan B, de una alternativa, un proyecto. Salvo uno: resistir, que los días pasen. Y nos veremos en las urnas.

Conviene recordar ahora a Giovanni Sartori, cuando propone que “es el partido con más votos quien tiene que gobernar. Por supuesto con todo tipo de controles y cautelas. Este es el principio de la democracia”. Postulado radical, pero sensato.

A la espera de la revuelta de los ardorosos barones socialistas, osados como legionarios, fieros como panteras, Sánchez aprovecha para mirarse la uñas, con ese gesto displicente de mal actor, algo demodé. Nadie desde los tiempos de George Raft en Scarface de mira así las uñas. Todo cuanto ahora ocurre es el comienzo de la nada.

EL VARÓMETRO.- Las frases de la semana: “Si yo soy malo, usted qué es? ¿Pésimo?” (Rajoy). “Ah, qué rico el colacao” (Terelu) // La sensata Bescansa chapoteó en el charco de la ignominia al responder a las preguntas sobre la manifestación en Venezuela // Dos grandes ideas de Carmena tras su mes vacacional: 50.000 euros en ceniceros de bolsillos y el homenaje al soldado republicano. Mientras, Madrid, insegura, sucia y crepuscular.    


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