A contratiempo

La gran pifia del patrón de la estelada

Hace unos días se pensó Josué, y en lugar de parar el sol, amenazó con detener la economía catalana durante siete días. No está para muchos trotes la actividad económica catalana, pero aún así. Ese día, en la Eurocámara, fue cuando tantos espíritus ingenuos cayeron en la cuenta de que Oriol Junqueras, además de un imprudente, es un necio redomado. Amen de un ignorante verborreico. Las resonantes trompetas de la nada.

Sabido es, como explica Fernando Savater, que lo característico del nacionalismo es que no hace falta ninguna preparación intelectual para serlo ya que ni siquiera es preciso argumentar. Hasta un asno envuelto en la senyera es capaz de llenar un buen puñado de urnas. Pero Oriol Junqueras, hasta esa mañana en el Parlamento europeo, pasaba por ser un tipo prudente, un profesor de Historia razonable. Independentista, sí, pero sensato y más o menos capaz. Se reclama católico, se explica con relativa fluidez, incluso en castellano, no incurre en arrebatos desmedidos y hasta es capaz de hilvanar unas cuantas frases sin incurrir jamás en la expresón "dicho lo cual", tan cernícala y mesetaria.

Un invento periodístico

Pues bien, Junqueras es tal y cual lo describía un destacado dirigente del PSC, al que nadie hacía caso. "Este tipo es un invento de "La Vanguardia", de RAC 1, es decir, del Grupo Godó y de su cronista de cabecera, ese que cree que es el Pla del siglo XXI, que tiene menos sesera que un ladrillo y entre todos lo catapultaron a la cima de ERC para descabalgar a Joan Puigcercós, que al menos sabía distinguir la gimnasia de un armario empotrado".

Junqueras no habla más que lo justo. Mantiene ese recatado silencio que algunos identifican con la sabiduría. Tiene un aspecto algo innoble, gasta un "look" antañón y desaliñado (alguien le dice "metropayés", qué barbaridad) pero abunda en maneras amables y respetuosas. En el mundo del soberanismo ofrece una virtud: parece un sentimental. Y el nacionalismo, sabido es, araña en el sentimiento no en el cerebro. De ahí su actual preeminencia, su prepotencia superlativa.

Ordeno y mando

Junqueras es, como Travolta en la película, "quien dice cómo están las cosas". Ordena y manda. Dicta las reglas del juego, define el terreno de juego, elabora los calendarios. Artur Mas, atolondrado desde su descalabro electoral, no desayuna sin pensar doce o quince veces si algo de lo que hizo el día anterior habrá molestado a ERC. Está en sus manos.

Es empeño de Rajoy tenderle al líder de CiU un puente para que escape de la mazmorra en la que le tiene encerrado Junqueras y su famoso plebiscito. Una celda cruel, inhóspita y sin aparente salida. El PSC tiene la llave. Y ahora, parece que en ello está. El diálogo Rajoy-Rubalcaba empieza a fluir y el laberinto catalán muestra ya, al menos, una salida.

Lo terrible del caso Junqueras es que Cataluña está en manos de este botarate desde hace ya dos largos años. Que su delirio independentista ha arraigado en gran parte de la sociedad, con el imprescindible apoyo del monaguillo Mas, y que abundantes sondeos le anuncian una victoria absoluta en el caso de celebrarse ahora las autonómicas plebiscitarias.

El mensaje de TV3

Pero algunos se cayeron del guindo al escucharle eso de que si "hemos sido capaces de csacar a dos millones de personas a la carretera" podemos parar la economía de Cataluña durante una semana". Y entonces, según el argumento de este disparatado personaje, será el llanto y crujir de dientes para el bono español, la deuda española y la prima de riesgo española.

O sea, que Junqueras, con tan sólo aparecer dos minutos en TV3, es capaz de bajarle dos puntos al PIB de Montoro. Le llovieron las críticas. Los pastueños empresarios catalanes pusieron el grito en el cielo, suavemente, sin motivos personales, es claro. "Preocupante extremismo", "amenazas peligrosas", "excesos verbales", le dijero. Hasta Francesc Homs, el supuesto cerebro político del President, se mostró en desacuerdo, por una vez, con el líder de ERC, sin que se tenga noticia de temblor de cimientos en el Palau de la Generalitat.

Es entonces cuando tantos dieron al fin en pensar que este Junqueras no es el independentista comedido y analítico que les vendían, sino un delirante enfurruñado, con el ego hipertrofiado, licuada la neurona y el raciocinio desportillado. "En esas manos hemos estado", concluían.

Y, de momento, siguen estando. Artur Mas se las desea para driblar sus promesas de convocar esa consulta endiablada, aunque tiene asumido que la estupidez puede resultar asesina cuando se considera ofendida. Ni siquiera está ya convencido, con Coetze, en creer en el hecho de creer. Y sabe ya que se acabaron los tiempos en que, esos discursos suyos, cuanto más idiotas y solemnes, mejor colaban. No es que Junqueras haya al fin periclitado. Pero cavó el primer palmo de su tumba política esa anodina mañana en la Eurocámara, donde nunca pasa nada.

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EL VARÓMETRO. Bien vendió, con escrupuloso tono funcioanrial, Soraya Sáenz de Santamaría, el arduo mejunje del envase del aceite. Tan pringoso. Una profesional // La Princesa Letizia, excelente en su papel de embajadora en la California hispana. // Mal lo está pasando el juez Marlaska tras el papelón de la Audiencia en el caso Parot. Y no es para menos. Dicen que su conciencia está en ebullición.


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