A contratiempo

La gran cloaca madrileña

La ciencia llega en apoyo de Rajoy. Si con un pedazo de levadura de un hongo (cromosoma encariótico le llaman) se logra vida artificial en el laboratorio, con algún elemento más podrá crear el presidente un candidato a las europeas y saldremos de una vez del pantanoso terreno de la elucubración y la duda. Eso es fácil.

Más endiablado será crear un candidato a las elecciones de Madrid, peliagudo asunto. "Poblachón manchego" y "rompeolas de las Españas", llamaron a la capital durante el franquismo. Con Tierno era "Madrid me mata" y "Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)", don Dámaso. Y Adolfo Suárez, contundente y eficaz como un directo al quijada, habló, en la gloriosa entrevista de Josefina M. del Álamo para ABC, de "la cloaca madrileña". Que los finos estilistas tradujeron luego como "cenáculos madrileños", es decir, esa avinagrada corrala (ya sin manteles de cinco estrellas) por donde pululan diputados, juntaletras, Valencianos, tertulianos, estafadores preferentes, subsecretarios sin Estado, asesores, consejeros, minoría catalana y un mostrenco de Amaiur.  "Escriben para ellos mismos -decía Suarez- unos mensajes que no entiende casi nadie. De ahí que la prensa cada vez tenga menos lectores. De ahí que los políticos cada día estén más lejos del pueblo. Porque han acabado cociéndose todos en la gran cloaca madrileña. Y molesta mucho que yo hable de la gran cloaca madrileña, ¡pero es verdad!"

Submundo e inmundo

Decía esto el expresidente hace 35 años, y poco hemos cambiado. La gran cloaca madrileña sigue en lo mismo, ahora en formato multimedia y sin horario de cierre. Todos con todos, todos contra todos, un microcosmos mórbido y cenagoso, un submundo egocéntrico y febril, mientras la buena gente hace cuatrocientos kilómetros de cola ante el Congreso para entregarle una lágrima y una rosa al mito desaparecido y la mala gente destroza cuatrocientos kilómetros de empedrado urbano para machacarle la cabeza a un grupito de policías sin pelotas de goma.

Esto es Madrid, una colmena incandescente que cuando huele a urna se transforma en un hormiguero anfetamínico. A cuenta de los bestias de los adoquines, que derribaban polis a pedradas como jugando a los bolos, las autoridades municipales y provinciales se han enredado en una trifulca rudimentaria y vulgar. Básicamente: de quién fue la culpa, quién dio las órdenes, cómo arreglaría yo este sindiós. Un debate sin orden, sin austeridad, ni decencia. Mientras el Príncipe, siempre ahí, telefoneaba para interesarse por los agentes masacrados, los munícipes y carguitos se cruzaban los colmillos con un estrépito de serrería.

Buscando desesperadamente

Las listas electorales de Madrid están muy caras. Por eso los codazos madrugan. Cada cual busca ya su sitio, sin vacilar entre la enormidad y la asepsia. Sin haber aprendido la lección de la capilla ardiente, de esa larguísima peregrinación de un pueblo políticamente huérfano, que buscaba en el féretro de las Cortes el reflejo de liderazgo ahora ausente. "Los pueblos necesitan un héroe nacional. Los suizos se inventaron a Guillermo Tell, que nunca existió", escribió Borges. Y apostilló Carlyle: "La democracia es la desesperación de no tener héroes que la dirijan".

Atacado de despecho y de coraje, Suárez bramaba contra esa 'cloaca de Madrid', que bien conocía y sufría, y que, a lo que parece, aún sigue ahí. Pero los tiempos de Mariano son pausados y, ni siquiera con la ayuda del cromosoma eucariótico para crear vida artificial, despejará las dudas sobre los elegidos madrileños hasta bien cruzadas las Navidades. En la árida meseta de Madrid, me temo que tan sólo escucharemos en los próximos meses el impertinente estruendo de un Niágara desaforado. Repetirán las mismas frases, manosearán los mismos desprecios. Prefieren su cargo a la verdad. Lo único fiel a sus discursos es el cansancio. ¡Qué hartura!

---------------------------------------------

El VARÓMETRO.- Moragas recordó en sus terminales que la idea de los expresidentes ante la capilla ardiente era suya. Divina modestia. // Lo de "puedo prometer y prometo" no es "pienso, luego existo". Absurda vanidad. // La erró Montoro al criticar a Cáritas. Una torpeza ridícula y despreciable.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba