A contratiempo

La gélida soledad de Artur, el aventurero

El autogiro del rompehielos chino "Xuel Long" ("Dragón de la nieve") logró rescatar finalmente al grupo de 52 expedicionarios (científicos, profesores, aventureros, periodistas and others...) que pretendía. a bordo del barco ruso Akádemik Shokálskiy, remorar la expedición del explorador australiano Douglas Mawson, de la que se cumple ahora un siglo.

Mawson es uno de los nombres legendarios que dejaron sus huellas de sangre y hielo en el continente austral, como también lo hicieron sus compañeros Scott y Amudsen, protagonistas de una proeza homérica en el desierto nevado. Una competición suicida en un territorio gélido, hostil e enhumano.

Douglas Dawson también sufrió esa atracción hipnótica y obsesiva por el Polo Sur. Dawson promovió y comandó, entre 1911 y 1914, la Expedición Australiana a la Antártida, que tuvo como soporte el buque legendario "Aurora". Junto a Mawson participaron en el último e infernal tramo de la aventura el teniente Ninnis, de los fusileros reales y el abogado y campeón de esquí Mertz, otro loco embriagado por los vientos del sur.

Una tierra maldita

La expedición del "Aurora" fue las más completa y la que mejores resultados científicos se lograron en aquella era de pioneros irrepetibles. Mawson pasó a formar parte de esa estirpe singular en "una tierra maldita" como él mismo la definició. Fue la suya también una de las expediciones más crueles. Junto a Mertz y el Ninnis, encaramados en  tres trineos rudimentarios tirados por 48 perros, pretendían penetrar hasta territorios adonde nadie había llegado.

Un sinfín de calamidades provocó la muerte del teniente Nimis, que se precipitó por una grieta insondable, y con él, la mayor parte de la manada. Mawson y Mertz continuaron la marcha, entre la congelación y la locura, sacrificando a los perros más débiles para alimentarse ellos mismos y los perros supervivientes. La piel se les caía a tiras, por el frío y la escasa alimentación. Descubrieron que las ventiscas australes son lo más duro que puede soportar el ser humano. Mertz pereció entumecido, hipotérmico y enloquecido. Se volvió loco.

Espejismo y ensoñación

Mawson, en solitario, emprendió el camino de retorno en un viaje imposible de más de cien kilómetros a temparaturas impensables, con vientos desmesurados y sin ayuda. También se precipitó en una grieta de la que quedó colgado por un arnés. Pasó días pendiendo del hilo del arnés y del destino. Contaría luego en su diario que, cuando ya le abandonaban las fuerzas, congelado y sin alimento, decidió cortar la cuerda que le ssostenía a un saliente helado y dar todo por acabado. Entonces, una presencia misteriosa, surgida de la nada, como un espejismo de hielo, una ensoñación mágica, le infundió ánimos y en un esfuerzo sobrehumano, logró escapar por sus propios medios de las garras del abismo.

Cuando al fin retornó al campamento base, el "Aurora" ya había zarpado, pero siete hombres le esperaban, convencidos ciegamente en su regreso. Allí aguardaron todo un año a que regresara el buque, que lo hizo finalmente en la Nochebuena de 1913. La expedición se dió por conclida en marzo del 14, hace ahora cien años. Cuando ya regresaban a la civilización, llegó al "Aurora" un telegrama en el que les anunciaban el terrible final de la expedición de Scott en su pugna febril, kamikaze y proteica, con Amudsen en su empeño por alcanzar el Polo.

Los turistas del calentamiento

Salvo el territorio y las fechas, poco tienen que ver aquellos hombres de leyenda, que sin apenas medios ni tecnología se adentraron en el continente absurdo, en esa "tierra maldita" que nada ofrece salvo hielo, dolor y algunas buenas vistas, con éstos son científicos del barco ruso ahora rescatados que se pasean como turistas por territorios inexplorados, asidos al estandarte del "calentamiento climático" que preendían estudiar. Paradojas de la ciencia. Aquel es un continente cruel. El hielo inmovilizó el Shokálskiy, lo apretujó y lo estujó como un cascarón de nuez.

También coincide la efeméride con la aventura, cada vez más delirante e irracional y, desde luego, nada sensata ni científica, de otro singular visionario de nuestros días, Artur Mas, quien camina ya casi en solitario por las gélidas estepas de su proyecto secesionista a la busca de un territorio que jamás nadie ha hollado. Salvando todas las distancias, entre el empeño mítico y admirable de los exploradores de la Antártida y el esfuerzo inútil y baldío del presidente de la Generalitat, hay al menos una concomitancia singular: la creciente sensación de soledad.

Más sólo que en la Antártida

Artur Mas se está quedando más sólo que la una. Sus respaldos empresariales, mediáticos y hasta sociales empiezan a abandonarle. Las palmaditas en la espalda de antaño se tornan ahora puñaladas. En su propio partido estallan las dudas y hasta la inquietud con la apuesta por llegar a esa tierra prometida, donde nadie antes estuvo, puesto que nunca existió una Cataluña independiente, por más que la jerigonza de la propaganda oficialista y los historiadores paniaguados se empeñen en lo contrario.

Sus socios de Unió le contemplan con nulo aprecio y hasta su compañero de andanzas, Oriol Junqueras el líder de ERC, más conocido en los ambientes como Shrek,  le escamotea el respaldo para compartir gobierno, estrecheces, ajustes y malos tiempos. Pero la mayor imagen de soledad la ha vivido Artur el aventurero esta semana cuando, en su enfermiza obsesión, pretendió contrarrestar una campalña informativa del ministerio de Exteriores mediante el envío profusio de decenas de misivas a los más altos dirigentes de los gobiernos de Europa.

Cameron, Hollande y, desde luego, Merkel, ni siquiera se han dado por enterados de "la carta secesionista", rebosante de mentiras y estupideces, en la que el presidente de la Generalitat, perdido entre neveros de su excéntrica apuesta, se empeña en explicar lo inexplicable con argumentos que nadie escucha porque a nadie interesan.

Patrañas trasnochadas

Una Cataluña independiente estaría fuera de Europa. Sóla y en medio de los hielos. Y Tiritando. Lo recordó Rompuy en Madrid hace pocas fechas. Y lo ha repetido hasta la saciedad cuanto dirigente de la UE se ha pronunciado sobre el particular. El ridículo del líder de CiU es tan estrambótico y tan estratosférico que resulta increíble entender que aún haya un sólo cerebro sensato en Cataluña que comulgue con sus patrañas trasnochadas.

Cierto que el nacionalismo masajea el sentimiento y no la razón. Pero hay límites, cabe suponer. El episodio de las cartas a los dirigentes europeos ha resultado casi tan ridículo y tan chusco como aquella amenaza que lanzó en su día esa otra lumbrera llamada Junqueras, desde el corazón mismo de la UE, de "paralizar la economía catalana durante una semana". Muchos entonces se dieron cuenta de en qué manos estaban. Otros muchos se han caido ahora del guindo con las misivas sin respuesta, con los correos despreciados por quienes conducen las riendas de Europa.

Gestión disparatada

Douglas Mawson, entre los témpanos y la nada austral, sin obtener respuesta a sus llamadas de auxilio y con los compañeros de expedición muertos, tuvo que regresar al campamento base y suspender la aventura. Artur Mas, y perdón de nuevo por el paralelismo imposible pero la conjunción de fechas juega estas malas pasadas, se muestra decidido a seguir adelante en su ofuscación, mera artimaña para camuflar con un proyecto quimérico la cruda realidad de gestión política inepta y disparatada.

Pero pocos son ya quienes creen en que la consulta se mantendrá viva hasta el anunciado 9 de noviembre, por otra parte, día mundial del inventor. El camino de salvación para Artur Mas aparece en forma de elecciones plebiscitarias o como quieran llamar a la nueva artimaña embaucadora que nos prepara. No hay más alternativas. Suspender la consulta o precipitarse al vacío de un abismo helado. Porque para entonces, quizás ya no haya ningún autogiro ni nungún "Dragón de la nieve" dispuesto a rescatar al President.

EL VARÓMETRO. Rumbo a Panamá marcha la ministra Pastor, a arreglar desaguisaados de una empresa privada. ¿Terminaremos pagando los españoles el desastre de Sacyr y Del Rivero? ¿Eso es la "marca España"? // El enfrentamiento entre Montoro y los petit-presidents autonómicos roza ya la cuchufleta. // Diez días, diez, han estado de vacas los señores ministros. Salvo excepciones. // En marketing político, vale más una portada del  "Hola" que doscientos "mensajes históricos" navideños de Su Majestad


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