A contratiempo

El farsante Pujol aún mete miedo

La comparecencia de Pujol, como estaba previsto, fue una mezcla entre la burla y el escarnio. El interpelado terminó abroncando a los interpelantes. El evasor de capitales les soltó un chorreo a los señores diputados de tal calibre que se despejaron todas las dudas sobre quién manda aún en Cataluña. Loor y gloria al viejo president, el gran defraudador. Tan sólo Albert Rivera, el único de los portavoces presentes que no ha vivido apenas bajo el pujolismo, se desenvolvió con honor y desparpajo, y espetó la frase clave del día: "No nos lo creemos, ya no cuela". Alicia Sánchez Camacho, lastrada por sus líos de espías, se empeñó con una valentía huérfana de eficacia.

Ya nadie puede creerse a Pujol porque él mismo ha reconocido que engañó a su hermana, a su partido, a su pueblo y a Cataluña. Nada importaba, por eso, lo que explicara en el Parlament, en una comparecencia en la que demostró tener las riendas de su partido y alrededores. Fue el dueño y señor de la sesión. Mostró que su fibra de mando sigue firme y su control absoluto de la situación. Está un poco sordo pero tiene zarpas de tigre.

Sesión para el ridículo

Su estruendoso chorreo a la comisión parlamerntaria, tan irritado y áspero, fue lo único auténtico del ridículo ceremonial. Todo lo demás fue arcada y bochorno. Penoso el PSC, mostrando sus vergüenzas de partido cómplice del 3 por ciento. Prescindible lo de ERC, primo hermano de Convergència y monaguillo bobalicón en el proceso de latrocinio pujolista en aras de una patria rebosante de despcahos con moqueta. Inocuo y blandito el portavoz de los Verdes, que amagaba pero no llegaba y a quien Pujol demolió con dos referencias displicentes. Grotesco el Fernández de la CUP, un zamorano de Vallecas que evitó sacarse la chancla y optó por ciscarse en el PP. Un pandemonium.

Que hablen los jueces y que calle la política porque en Cataluña la política, salvo excepciones, sigue emponzoñada, contaminada, pringada tras décadas de saqueo de fondos públicos, de comisiones pestilentes y de mirar hacia otro lado o, sencillament, pasar la bandeja. "De ética y de moral, a partir de ahora, hablaremos nosotros", advirtió Pujol desde el balcón de la Generalitat cuando el escándalo de Banca Catalana.

Treinta años después, y pese a haber reconocido su condición de evasor, que se ha burlado del Fisco, que ha toreado a Hacienda, que ha engañado a sus conciudadanos, sigue dando lecciones de moral, reprendiendo a quien osa lanzarle un tibio reproche y erigiéndose en eje de la virtud y la ejemplaridad.

"Quería hacer país, quería construir Cataluña", soltó como excusa al escamoteo de dineros con la cínica indecencia de quien se piensa por encima del bien y del mal. Y lo está. Porque en las masivas riadas de catalanes que responden las consignas de TVE como el nuevo flautista de Hamelin, no se ha escuchado ni un grito de reproche a quien fue un guía espiritual y su tótem mesiánico. Sólo le insultan "ladrón" cuatro gatos y "lo hacen en castellano", como dicen los prosistas adictos al régimen. Los nacionalistas catalanes se cargan de razones espúreas para reprochar ofensas inexistentes al Gobierno de la Nación cuando tienen su reciente historia y su inmediato presente tiznado por el engaño y la indecencia.

El viejo líder metía miedo

Nadie salvo limitadas excepciones puede enarbolar en Cataluña, ahora mismo, el espíritu de la renovación cívica, del retorno a la moralidad, del castigo a los culpables y de la regeneración democrática de una sociedad y una clase política que sigue chapoteando en el barrizal del pasado. Algunas leves referencias al papel de Artur Mas y su padre en el escamoteo de los dineros de la familia Pujol se escuharon en el salón parlamentario. Pellizquitos de monja. Pujol los tenía 'acollonados'.

Quizás conozcamos algún día el papel jugado en todo este asunto por Artur Mas y su padre, sus relaciones en los negocios de la familia Pujol, sus actividades inconfesables. Pero quien espere que la actual colla de dirigentes políticos catalanes vaya a intentar poner en claro lo ocurrido durante estos años, está listo. Tampoco parece que el gobierno de Madrid esté muy por la labor. Aunque haya movilizado a la UDEF y a los inspectores de Hacienda, se ha hecho tarde y con prisas, algo chapucera y aceleradamente.

"No tengo ninguna causa abierta en Andorra", insistía Pujol. Cierto que no la tiene. Pero la tiene en Barcelona. Ahí le duele. No queda más remedio que encomendarse a la integridad de los jueces en cuyas manos está el aclarar todo el escándalo de la saga de los Pujol. En el Parlament apenas se habló de los hijos, de las tropelías de esa familia ávida de dólares y de lujos estrambóticos cual si fueran hijos de dictadores centroafricanos.

Acudieron los diputados cohibidos y temblorosos. Y es normal. Todavía no se lo acaban de creer y, pese a que el protagonista ha confesado y reconocido el delito, siguen pensando que es una campaña de Madrid para acabar con Cataluña. El adoctrinamiento y la propaganda han logrado su objetivo. Pujol seguirá regañando a los catalanes durante décadas cada vez que pretendan abrir libremente la boca. Pujol sigue mandando en Cataluña.

EL VARÓMETRO. La alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón, contaba como sucesora de Juanvi Herrera. Hasta lo de la menstruación y el aborto. // Margallo ha sido el ministro que más improperios descalificativos ha lanzado sobre Gallardón en estos días. // ¿Para qué sirven los consejos consultivos de algunas comunidades? Como el de Madrid. Aparcamiento dorado de políticos prejubilares. Cospedal dio un ejemplo al fulminarlo en Castilla La Mancha. 


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