A contratiempo

Las europeas, como el fútbol: siempre gana Alemania

En España hay tantos europeístas como diputados con un currículum presentable o decente. Tampoco hay ahora muchos europeístas en Europa, la Europa de Churchill, Schumann, Adenauer, De Gasperi, Jean Monnet y otros grandes de la idea. Algunos quedan, pero para este domingo se anuncia un salto estrambótico en el número de parlamentarios europeos elegidos precisamente por quienes quieren ciscarse en la actual concepción de Europa, es decir, en la idea de un espacio común moderno y democrático creado hace más de medio siglo para hacer de un continente una casa común de libertades.

La mayoría de los españoles descreen de Europa casi desde Carlos V, que era borgoñón y su lengua materna era la francesa. Así empezó todo. En vez de mirar por su casa pretendió arreglar la de fuera y nos vació la hucha. Luego Felipe II la tomó con Flandes y a mediados del XVII ya éramos un imperio desolado con el estigma de la derrota grabada en el alma. Hasta ahora.

Desinterés e ignorancia

Las elecciones al Parlamento Europeo han despertado en nuestro país tanto interés y entusiasmo como en ocasiones precedentes. Hasta hace unos días, ni siquiera el veinte por ciento del censo sabía la fecha en la que tenían que visitar las urnas. La mayoría de los españoles, como sus pares continentales, son incapaces de distinguir entre el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Consejo de la UE, el Eurogrupo o así. Sólo tienen claro lo de Eurovisión y la Champions. Ni siquiera la Copa de la Uefa ya se llama así, que ahora es la Europa League y que este año la ganó el Sevilla y olé. Todavía el año pasado más del 30 por ciento de los españoles eran partidarios de abandonar el euro y volver a la peseta, a la que dijimos adiós hace tres lustros.

Una campaña penosa

Sería injusto afirmar, como se está diciendo, que hemos asistido a la más penosa campaña electoral para unas elecciones europeas de los últimos tiempos. Entre otras cosas, porque de las precedentes sólo nos acordamos de que una vez se presentó un señor serio y con barba llamado Mayor Oreja, que ahora anda desaparecido como turco en la neblina.

Cuando dentro de unos años se repase la actual campaña tan sólo recordaremos algo tan anecdótico y singular como que por el PP se presentaba otro señor con barba que comía yogures caducados y que incurrió en una inconveniencia machista por televisión. Por lo demás, las elecciones europeas son como antaño lo del fútbol, unos comicios a los que se presentan 28 países y que siempre gana Alemania.

Consecuencias en España

Se han fatigado algunos europeístas confesos en explicarnos la importancia de esta cita electoral, habida cuenta de los poderes que otorgaremos, mediante el voto, a los órganos electos de la UE. Se insiste en que al menos el 80 por ciento de las leyes que nuestros parlamentarios aprueban en España son el reflejo de las directivas emanadas de Bruselas. ¿Para qué? Al final se hará lo que diga Merkel, da en pensar la mayoría silenciosa, con esa tendencia suya al tópico y a la galbana intelectual. Sí van a servir estos comicios para despejar algunas dudas en nuestro patio interior. Nada definitivo, ni siquiera insuperable, pero que conviene atender.

-Un triunfo del PP, como se anuncia, reforzaría la política económica conducida por Mariano Rajoy, pese a que apenas se advierten aún sus frutos. La fe mueve montañas y mayorías electorales. Lo que se dice, un 'test'. En el caso de que las urnas le resultaran adversas, quizás debería modificar algunos de sus parámetros, pero sin estridencias. El PP seguirá con su cómoda mayoría absoluta en el Parlamento nacional, algo de lo que carece la propia Merkel.

-Una derrota sin matices del PSOE arruinaría la carrera de Pérez Rubalcaba y abriría las puertas a una pequeña revolución en la familia socialista, quizás con unas primarias anticipadas y hasta un congreso extraordinario para darle la vuelta al tablero. Si el PSOE aguanta el tirón y pierde por la mínima, su actual secretario general resultaría reforzado, reflexionaría sobre la necesidad de la celebración de las primarias (convocadas para unas fechas próximas al referéndum de Cataluña) y comenzaría a preparar su sucesión sin prisas ni empujones. Serían los perdedores, en este caso, Chacón y Madina, y ganarían puntos Susana Díaz y el joven Pedro Sánchez, valor emergente y doméstico.

-El frente catalán es más complicado. Un 'sorpasso' de ERC sobre Artur Mas dejaría tocado no sólo al 'president', sino al actual 'proceso' y se abriría un escenario delirante en el que podría esperarse cualquier disparate, incluso la salida al balcón. Los de Esquerra son muy de salir a los balcones, ya hemos visto. Una victoria de CiU consolidaría el actual 'proceso', pero sin enormes convulsiones. Aquí la manija, como en toda democracia parlamentaria, la siguen teniendo el Gobierno, el Parlamento y los Tribunales. Cataluña será, con toda probabilidad, una de las comunidades con mayor participación electoral, y, sea cual sea el resultado, tendrá consecuencias.

Como cada cinco años los europeos reeditamos la liturgia de unos comicios a un Parlamento cuya sede ni siquiera se tiene claro dónde radica. Hay quien la piensa en Bruselas y otros la imaginan en Estrasburgo. Sin caer en que se trata de una añagaza de los funcionarios comunitarios para estar en dos sitios sin estar en ninguno y cobrar el doble. Unos comicios europeos hay que planteárselos como Faulkner: "Entre la pena y la nada, elijo la pena". Europa sigue siendo un proyecto maravilloso en perpetua construcción.

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EL VARÓMETRO.- Esta Cataluña soberanista es cutre. El hijo de Pujol trincandocon las ITV, el exconsejero Ausás (ERC) contrabandeando tabaco y Duran Lleida, en el Palace. // Suenan nombres a destajo para lo de Echenique en RTVE. // "Cañete será comisario europeo, la gran farsa de Valenciano ha terminado", cuenta un conocedor de Bruselas.


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