A contratiempo

La estafa de las primarias

Igual que Charles Morgan pensaba que Francia es una idea necesaria para la civilización, creen nuestros políticos que las primarias son un artefacto imprescindible en una democracia. Las primarias son un fastuoso espectáculo norteamericano, como Disneylandia o la Super Bowl. Empeñarse en imitarlas entraña un esfuerzo baldío pues Podemos no es el partido Demócrata, nos repatea el Pato Donald y no sabríamos qué hacer con un balón con forma de pepino.

François Hollande montó unas primarias urbi et orbi y le votaron dos millones de franceses, empeñados, sin duda, en cargarse al Partido Socialista. Casi lo logran, de no andar por ahí Manuel Valls; español, catalán, del Barça y de derechas. Después del felipismo, el PSOE tuvo también sus primarias. La militancia se las tomó a chacota y eligió a Borrell, un animoso hijo de panadero ilerdense que fue defenestrado a los pocos meses y sustituido por Almunia, el chico del aparato. Aznar se lo merendó en las generales y el socialista de Bilbao, rencoroso y mediocre, se marchó a Bruselas a dar por saco desde una comisaría europea.

Caballeros de tristes figuras

Otras primarias gloriosas encaramaron a los tristes Fernando Morán y Tomás Gómez al frente de candidaturas regionales casi siempre perdedoras. El guerrismo, gente de la mejor calaña intelectual, le propinó una patada a Bono en el trasero de los españoles. Designó a Rodríguez Zapatero como secretario general y casi acaba con el PSOE y con España.

"Se equivocan quienes piensan que la democracia interna está por encima de los resultados electorales", escribió pragmático González para justificar que él no votó a Pedro Sánchez. O sea, que no se puede renunciar a la Moncloa por respetar una liturgia farisaica. Ahora Sánchez acaba de ser elegido candidato a presidente en unas primarias del desierto, sin rival ni contienda.

Las primarias son una superstición de nuestra imberbe democracia. Un recurso tramposo y artificial que le permite a los partidos sacar pecho cuando ni siquiera sacan las urnas. Han quedado reducidas a un baile sin pareja, el aplauso con una sola mano, el otro cuerno del unicornio.

Albert Rivera ha obviado las primarias en Ciudadanos por incomparecencia de rival. Pablo Iglesias procede en estos días a manipular las normas internas de Podemos para laminar a toda posible amenaza antes de que suba al ring. Una estafa, una simulación, mero escaparate. Eran más nobles los legendarios 'pucherazos' de Martín Villa, que, al cabo, no iban dirigidos contra los propios.

Contagiado por ese vicio adolescente y trasatlántico, el PP pretende incurrir también en las primarias. Lo han anunciado tanto Aznar como Rajoy, ambos firmes descreídos de la fórmula. En su campus veraniego, que abrió Sarkozy, la Faes ha defendido la implantación de una mayor 'democracia interna' en el PP. ¡Y lo dice la fundación del presidente del 'cuaderno azul' y el dedazo inclemente! Los jóvenes turcos que Rajoy ha puesto ahora al frente de Génova también intentan adentrarse en ese terreno importado y petulante. Pero si a Aznar lo que le gusta son los abdominales y a Rajoy ver el Tour por la tele, no se entiende a qué viene ahora ese empeño con la Super Bowl. Alguien terminará rompiéndose algo.

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EL VARÓMETRO. Si lo mejor que tienen es a Jordi Sevilla... // Quienes le piden a Rajoy que adelante las elecciones no es gente de confianza. // Lo más optimista y estimulante del Gobierno del PP son los hombros de la ministra GarcíaTejerina. // Nada hay más peligroso que una idea cuando sólo se tiene una, Artur Mas, se hunde. // El juez Pedraz nunca falla. // "Estoy más buena que nunca", escribe Teresa Rodríguez, musa y guía andalusí de Podemos. Muy de acuerdo.


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