A contratiempo

Ese espanto que surge de las urnas

Nos disponemos este domingo a consumar una tradición disparatada, cual es la de elegir diputados en trece comunidades más dos ciudades autónomas. Un ejército de legisladores será hoy designado en las urnas con el único objetivo de amargarnos la existencia.

"Las leyes más deseables son las menos numerosas, las más simples y generales y creo incluso que sería mejor no tener ninguna que tenerlas en el número que nosotros las tenemos", apostillaba Montaigne. Pues bien, hoy nos disponemos a renovar el hipertrofiado cuerpo de legisladores regionales que habrán de ponerse a producir, siquiera por inercia, una montaña terrorífica de leyes, normas, decretos, acuerdos, reglamentos y órdenes.

Una 'diarrea legislativa', según la acertada definición de Sánchez de la Cruz. Cien mil leyes como cien mil bueyes pesan sobre las cabezas de los ciudadanos españoles, de las cuales casi setenta mil proceden del ámbito autonómico. Cada año, nuestros diputados regionales producen del orden de 900.000 páginas destinadas a engrosar los respectivos boletines oficiales de cada comunidad. Con el doble de habitantes, en Alemania apenas editan 5.000.

Laberinto de leyes

Es decir, esos señores que hoy nos disponemos a enviar a sus respectivos escaños, producirán cada año algo así como 600 ejemplares de Guerra y Paz en pura palabrería leguleya. ¿Pero... queda aún algo por legislar? ¿No les basta ya con semejante hiperproducción que desbordaría cinco millones de containers? Dice la CEOE que si alguien echara un vistazo a las diferentes normativas sobre, por ejemplo, máquinas tragaperras, que hay en cada una de nuestras comunidades, se caería de espaldas. Ni podemos financiar este disparate autonómico, ni resulta posible convivir con su desmedida legislación, entre Kafka y Berlanga.

Tanta pasión en el debate, tanta campaña electoral encendida, tanto insulto, tanta desconsideración, tanto dinero arrojado desde los buses tuneados con las efigies de los candidatos, tanto mitin, tanto griterío en las plazas de toros, tanto dispendio para alcanzar un objetivo prescindible: el de designar qué nalgas han de aposentarse en los pulcros y acogedores escaños de los parlamentos autonómicos.

Trece parlamentos regionales rellenarán de nuevo sus salas de juntas, sus despachos, sus dependencias, con nuevos o renovados personajes que, entre otras cosas, pretenderán seguir dándole a la máquina de elaborar textos legales durante otros cuatro años.

No estaría de más dedicarle una mínima reflexión a la liturgia a la que hoy están invitados casi veinte millones de ciudadanos, es decir, aquellos que residen en regiones donde toca votar... Buena es la democracia pero no lo es tanto nuestra organización territorial. Los parlamentos periféricos no tienen buena prensa. Cuestan mucho y su función se antoja más que prescindible, inútil.

El baile de los diputados

En Madrid se eligen hoy 129 diputados, una cifra estimable. Pero en la Comunidad Valenciana, 99 y en la recoleta Murcia, 45. No cabe menos que elogiar a Dolores Cospedal que, sea por los motivos que fuere, logró jibarizar el cuerpo legislativo de Castilla-La Mancha de 53 diputados a 33. Una medida acertada y pertinente, que despertó la ira de la clase política local. ¿Y si todos hacen lo mismo, dónde colocaríamos a tanto personaje que pulula por la vida política aferrado en forma desesperada al carnet y las siglas? ¿Qué haríamos con todos esos que como Tania, que viven del presupuesto desde que tienen uso de razón?

Estamos a punto de señalar los nombres, en listas cerradas, eso sí, de quienes se pretende enviar a los sillones de las 13 Cortes autonómicas de las que nos dotaron unos sabios constituyentes que, sin duda, pensaban en todo menos en el bienestar de los sufridos ciudadanos. A partir de que este ejército electo tome posesión de su escaño, la rueda volverá a girar y un nuevo bombardeo de leyes, decretos, dictámenes y reglamentos lloverá sobre nuestras cabezas. Y, encima, lo harán cobrando. Dios nos asista.

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EL VARÓMETRO. ¿Qué le han hecho al agua de Madrid? Sabía antes a arroyo y nieve y ahora sabe a lejía pasteurizada. Salvador Victoria ya se va, pero atenta doña Cristina con quien mande usted al Canal, nido que ha sido de corrupciones pestíferas. ¡Queremos beber agua del grifo! // Algo anda mal en un gobierno en el que su estrella principal es el ministro de Hacienda. Y no precisamente por la obra bien hecha. // Zombi, como un zombi deambula estos días Artur Mas, comentan muy preocupados sus amigos. // No sólo Herrera. Mucho movimiento se anuncia en las ondas para la vuelta del verano.  


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