A contratiempo

Las divinas del PP

No conocíamos más divina que Greta Garbo hasta que llegó Esperanza. La presidenta del PP de Madrid dijo en lo de Federico que espera que el próximo líder del partido en Andalucía no sea elegido por el "dedo divino". Y emergieron, entonces, sospechas de divinas por doquier. (Hay cosas en la noche que es mejor no ver).

Como un vendaval surgió Dolores de Cospedal, una de las mejores presencias de nuestra geografía política. "Yo no tengo nada de divina, porque lo del dedo no es verdad. Cualquiera puede aspirar a ser candidato con 90 avales".

También Ana Botella, presunta divina municipal. "La propia Esperanza ha sido elegida de la misma forma, porque durante años no ha habido primarias".

¿Primarias o divinas?, esa es la cuestión. Borrell fue el producto de las únicas primarias del PSOE para elegir candidato a las generales. Y duró un año. El aparato de Ferraz y 'El País' lo defenestraron y colocaron al frente a un Almunia. (Gentes del ayer).

Productos de primarias socialistas fueron también Cristina Almeida, Jordi Hereu, Maite Arqué, Tomás Gómez. Grandes estadistas, relevantes políticos. Sólo Nicolás Redondo Terreros dignificó la figura de la elección directa por los afiliados. No le gustan las primarias a Felipe González, y sabe de lo que habla. Las carga el diablo. Prefiere las divinas. (Tiene nombre de mujer).

En el PP hay menos afición. Bauzá las ganó en Baleares frente a un alcalde, Moreno, a quien luego incorporó a su gobierno. Y no les ha ido mal. (Tucara será una estrella sobre mi pedestal).

Esperanza Aguirre, que no las ha vivido, las reclama desde hace años. Pretende acabar con las divinas y democratizar la vida de los partidos. A los aparatos no les agrada el viento fresco de la calle. Siguen optando por el dedazo, el control de las listas, el sometimiento de los cuadros, el heróico espíritu del estómago agradecido. O sea, la perpetuación del dedazo.

Los españoles abominan de las divinas. En el retrato del CIS, la palabra 'partido' suena tan mal como termómetro o ascensor, dijo Neruda. Tampoco gustan los políticos. Si se colocan a unos junto a los otros se tiene un retrato perfecto del problema. Quizás no sea la solución pero merece la pena intentarlo. Estructuras democráticas, listas abiertas, opinión de la militancia, voto del simpatizante. No suena mal el invento de las primarias. A las cúpulas les da miedo. Puede ganar cualquiera. Un Hollande es fruto de unas primarias desnortadas. A veces aciertan, como en Milán, con Giuliano Pisapia. "Den una oportunidad a las primarias". Esto, así, no funciona. Los partidos se han convertido en el cotolengo del "sí, señor", en el caldo de cultivo de mediocres y medianías. En el trampolín de trepas y pelmazos. La política no es eso.

Rubalcaba tiene sudores fríos cuando piensa en las primarias. Hizo toda su carrera al estilo divina. Se ha metido ahora en ese callejón sin salida y busca la forma de sortearlo. De momento se ha inventado un comité de paniaguados para seleccionar a los aspirantes. Pucherazo preventivo. Veremos el resultado. Parece que ni Carme ni Susana quieren ser divinas. Por el momento, sólo han llegado a la categoría de divinas de la muerte. (Divina estás programada para el baile).

Los textos entre paréntesis son de Radio Futura.

EL VARÓMETRO. Bien por Wert. Si los bardemcillos quieren reirse, que lo hagan con su abuela. // De Guindos tiene cara de estar más fuera que dentro. // Tras el episodio de la jueza de los escraches, urge que Gallardón finiquite la aberración del cuarto turno. 


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