A contratiempo

La dialéctica de los puños

Patear el automóvil de Vidal-Quadras en la Diada era costumbre. Insultar a Alberto Férnandez, una tradición. Hostigar a José Domingo, defensor de las dos lenguas, cual manda la Constitución, un divertimento. Lo de perseguir al disidente no es nuevo en Cataluña. Lo nuevo es la intensidad del hostigamiento, la exacerbación de la hostilidad, el ensañamiento en la sevicia. Y el puñetazo.

El puñetazo a Pere Navarro, líder de los socialistas catalanes, ha removido el apacible estanque dorado catalán. Muy poco, pero lo ha removido. Sin conocerse aún ni las intenciones ni el porqué de la acción, dado que la autora de la puñada escapó sin mayores obstáculos, han surgido como champiñones voces predicantes de la excepcionalidad del incidente. El colmo del fariseismo, nuevamente corrió a cargo del atildado Duran Lleida, quien recordó que a él también le insultan. Serán los suyos, claro. "Tienen la piel muy fina", reprochó mayestáticamente, que ni siquiera agradecen la golpiza.

La dama que atacó a Navarro al grito de "¡fil de putaaaa!" a la salida de una Iglesia, en el entorno amable de una celebración religiosa y familiar, logró su objetivo. Es decir, consumó la agresión. Esta es la diferencia con lo ocurrido hasta ahora. Porque los ataques y persecuciones a quienes no comulgan con la voz monocorde y unívoca del nacionalismo en Cataluña viene de antaño. Alejo, Fernández, Domingo...y tantos otros.

Hostigamientos y persecuciones

Treinta años de ideología soberanista imperante en Cataluña han logrado buena parte de su propósito. El fundamental: que todo aquel que disienta, ha de ser silenciado. Bien en la tribuna pública, en los espacios televisivos, en las cátedras, en los puestos administrativos, en los medios, en las plataformas cuturales...Se ha decretado el imperio del silencio, el niguneo, esa fase previa y taimada a la persecución. Ambas persiguen lo mismo, el aislamiento y ulterior muerte civil de quien molesta. Son 'antipatriotas' y, por ende, 'traidores a la gran causa'. Y que no se quejen. El victimismo también es monopolio de los que sacuden.

Bandadas de papagayos, con y sin plumas, saltaron a la palestra a clamar contra la tergiversación del uppercut al líder del PSC. Columnistas paniaguados, tertulianos de cuatribarradas orejeras y bolsillos bien nutridos, comunicadores, politicastros, inundaron los medios con una manta de sordina. Primero minimizaron el cachetazo y luego, al ataque, denunciaron la 'criminalización' del hecho desde la caverna de Madrit. Algunos escribidores madrileños, estómagos agradecidos, se sumaron al coro de 'aquí no pasa nada'. Sin vergüenza ni rubor. ¿Quién dijo tensión? ¿Quién dijo crispación? ¿Quién dijo violencia?. Son cosas de la Brunete mediática de Madrit. Del PP y la derechona. En Cataluña nunca pasa nada, es el oasis, el paraíso, la excepción... En Cataluña no hay ni crispación ni corrupción, y los casos Palau, ITV, el clan Pujol, Pallerols, Método 3 y demás episodios pestilentes, son cosas de la Udef (¿y qué coño es la Udef?), de los jueces españolazos y de los ministros del Interior y de Justicia.

Aniquilar los obstáculos

Y sí que pasa. Pasa que en Cataluña hay un clima creciente de tensión que roza la fractura social. Pasa que hay signos de borrokización nada disimulables. Pasa que esta semana se han contabilizado una media docena de ataques a sedes de diferentes partidos no nacionalistas. Y van... Pasa que el deterioro del ámbito cívico resulta ya indisimulable. Que la sensación de asfixia entre quienes osan mostrar cierta discrepancia es ya una constante. Todo eso pasa, aunque le pese.

Hay en Cataluña quienes desean aniquilar políticamente a quienes se obstaculizan el denominado 'proceso soberanista' (casi un 'proceso' kafkiano). Y quienes ya han están haciendo lo necesario para conseguirlo. Pere Navarro, aún desde su nebulosa ambigüedad para con el nacionalismo (sus contorsiones ideológicas con el 'derecho a decidir' son de circo Price) es uno de ellos. No se ha sumado a la fanfarria y la charanga de la secesión y ya empieza a pagarlo.

Marcha atrás

Primero un cisma en su partido, con el falsario Joaquim Nadal al frente, y luego, casi una lapidación política después del puñetazo. Tan gruesa fue la pedrisca que cayó sobre su cabeza que a punto ha estado de pedir perdón por no poner la otra quijada cuando el golpazo. Dijo al principio que "lo peor no es la agresión sino el clima que las alimenta". Finalmente se empeñó en quitarle hierro al incidente y ponerse de lado para no recibir más. Heróico.

Criminalizar a las víctimas es otra constante. Del "no será para tanto" al "algo habrá hecho". De ahí a la descalificación, al ostracismo, a la anulación, a la desintegración de quien se sale del coro, de quien no marca el paso, de quien entona otro himno, hay tan sólo un paso. Artur Mas y sus walkirias secesionistas reclaman al Estado pluralismo y respeto a a quien es diferente. Justo lo contrario de lo que hacen ellos en casa. Ni una sólo neurona, ni un sólo aliento, ni un sólo suspiro al margen de la estelada. Quien lo probó, lo sabe.

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EL VARÓMETRO. La detención de Gerry Adams, por un asesinato terrorista de hace 40 años, nos reconcilia con la democracia...británica. // Las gruesas palabras de Sáenz de Santamaría humanizaron a la vicepresidenta tecnócrata. // Demostrado demoscópicamente: a Tomás Gómez no le votan ni los suyos. // Esperanza Aguirre acertó al no acudir a Sol en el festejo del 2 de Mayo. //


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