A contratiempo

Tras el desafío Cospedal: ¿Menos políticos y mejor pagados?

La clase política está desprestigiada. Pero este rechazo no es de ahora ni de aquí. Por ejemplo Dickens clasificaba ya a los políticos dentro de la subespecie del "conseguidor". Una variante británica de aquel "Colócanos a tós" tan cañí que le coreaban a Felipe González. Así lo dejó dicho Dickens en sus "Relatos londinenses": "Me río del Ayuntamiento y de su alcalde, una de las más poderosas tomaduras de pelo de hoy en día. ¿Qué sabía yo entonces de la multitud permanentemente desengañada de la ciudad? ¿Qué sabía yo entonces de aquella maravillosa persona, el bienhechor de la ciudad, que iba a hacer tantas cosas para tanta gente, que iba a colocar a Fulano en un puesto aquí y a Mengano en un puesto allá; que iba a mantener al hijo de aquel y a darle un suelo al hijo de este otro y sin embargo nunca hace nada de lo que tantos esperan de él? En suma, un falsario.

También los escritores españoles han aguijoneado con fruición a la clase política. Josep Pla, que pergeñó  esa obra cumbre, "El advenimiento de la República", solía evitarlos. "El nivel medio del político en el mundo es muy bajo, pero contiene cierto sentido común, el de no molestar a los demás ni ocasionarles más sufrimientos de los que ya tienen". Hombre bondadoso el escritor de Llofriu. Ya que son torpes, al menos no molestan. En Castilla, Azorín escribió en ABC sobre el "político utilitario", perfil muy contemporáneo. "Sólo se mueve por su bienestar, sin más guía ni propósito que su provecho y engrandecimiento". Y hablaba del Congreso como "un lugar de mentiras y convencionalismos"

Cantidad y ¿calidad?

Esto ya se acerca más a lo que piensa la sociedad española sobre los polítcos, si nos atenemos al barómetro del CIS, tan mentado. Tercer escalón en el rating de las preocupaciones nacionales. Algo deben estar haciendo mal. Para empezar, que son muchos, si incluímos en la nómina, quizás injustamente, a los miles de concejales que se afanan por la geografía patria en velar por los problemas de sus pequeños pueblos. Tres veces más que en Alemania, menudo parque.

De ahí el entusiasmo que despiertan todas las iniciativas impulsadas últimamente para limitar su número. Esperanza Aguirre abrió hace semanas la veda al proponer una rebaja de 129 a 65 el número de diputados de su Comunidad. UPyD está también en esta línea. La última en subirse al carro ha sido la presidente de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal, que ha ido un paso más allá. No sólo hay que reducir los diputados a la mitad, sino que además tienen que prescindir del suelo. ¿No tienen todos sus ingresos particulares? Pues que se olviden de la soldada pública.

Importante ahorro

Enorme revuelo. La clase política se ha removido en su escaño. Lo de reducir diputados, quizás, pero ¡lo del salario!. "Sólo podrán dedicarse a la política los ricos". "Es apostar por el amateurismo político". "Si no cobran, ya nadie podrá exigirles esfuerzo y dedicación". Y así la retahíla. Pocos hablan de que en tiempos de crisis hay que hacer esfuerzos especiales. O de lo que hay que hablar. De que si los propios políticos plantean que son demasiados, algo de cierto hay.

Pero el tema no es el número o el sueldo, sino, el primer lugar, la calidad. Es verdad establecida que el nivel medio de nuestros representantes públicos es manifiestamente mejorable. De modo que, menos políticos, mejores, pero bien pagados. Y el asunto de mayor calado: ¿Hacen falta tantos diputados autonómicos? E incluso, ¿hacen falta tantos parlamentos autonómicos? En nuestros 17 mini-estados que son las comunidades, tenemos otros tantos parlamentos con un total de 1.218 diputados que nos cuestan 65 millones de euros sin contar dietas o complementos. El recorte de Cospedal los dejaría en 609 con un ahorro de más de 30 millones de euros. No está mal. Y si además no cobraran...

Pero recortar escaños es empezar la casa por el tejado. Lo urgente, lo perentorio, lo inexcusable es jibarizar nuestro Estado autonómico, hipertrofiado, elefantiásico y, lamentablemente, muy poco eficaz. Un agujero de gasto en momentos de angustias económicas. Algo inviable financieramente, como estamos comprobando estos días en los que los presidentes de cada Comunidad hacen cola ante la ventanilla de Montoro para recibir anticipos, suvenciones y rescates que el Estado no tiene. Angela Merkel, con suavidad, también se lo recordó a Mariano Rajoy en Madrid al referirse a las necesarias reformas "en todos los niveles de las administraciones".

Sí, es una cantinela que empieza a sonar muy gastada pero, si se atienden los mensajes del ahora simpático Draghi, se confirma que en ese territorio está casi todo por hacer. Y habrá que hacerlo. Hay muchos políticos, sea. Pero existen porque tienen demasiadas administraciones en las que aposentarse. He ahí el origen del mal. En cuanto se crea una instancia pública, del tipo que sea, se llena enseguida de políticos tediosos y codiciosos.


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