A contratiempo

Ya tenemos culpable: las autonomías

Si ese dato maldito del 8,5 por ciento de déficit fuera el título de una novela de Agatha Christie ya tendríamos detectado al asesino. El mayordomo (inevitable culpable) se llama Comunidades Autónomas. Suena vulgar y hasta pedestre pero no hay otra. Todos acusan a los entes autonómicos de ser los principales responsables de la espantosa cifra. Y algo de eso hay. Al menos a ellos hay que adjudicarles dos tercdios del desvío del déficit. O sea, más de treinta mil millones de euros.

¿Qué ha pasado para este sobresalto? ¿A qué se han dedicado los gobiernos autonómicos? Hay respuestas para todo. Tendencia al desfilfarro. Gestión caciquil. Ausencia de responsabilidad. Ineptitud palmaria. Desmadre faraónico. O algo más sencillo. Bajo el mandato socialista se retiró el control de Gasto por parte del Gobierno central, que obligaba a los ejecutivos autonómicos a equilirar sus balances con un exigente déficit cero.

Lo cierto es que de un desfase previsto en el 1,3 por ciento se ha llegado a casi un 3, un auténtico disparate cuyo reflejo más delirante se centra en las comunidades que han conocido el año paso un trapaso de poderes, como Castilla la Mancha, Cantabria, Asturias o Extremadura, como bien dejó aquí reflejado el espléndido análisis de Javier Ruiz. Ha sido en esas regiones que han mudado su color político donde más incidencia ha tenido este desfase, seguramente por la irresponsable tendencia a aplicar la ley de "el que venga detrás, que arree". Así, el caso impresentable del expresidente Barreda, que se fue del gobierno manchego dejando tras de sí un déficit de más de un 7 por ciento y tan campante. Recordemos que este personaje incurrió en disparates tan estrambóticos como la creación de un aeropuerto que nunca voló o una campaña quijotesca (de promoción del texto cervantino) entre cuyos hitos figura la contratación del grupo mexicano Maná por más de 700.000 euros. Vaya quijotada. Pagada por todos, claro. No es el único caso de gestor manirroto. España está infestada de museos de arte contemporáneos, palacios de congresos, auditorios elefantiásicos...sin función ni contenido.

Imposible de financiar

Mientras el nuevo Gobierno del Partido Popular ha puesto en marcha una Ley de Estabilidad Presupuestaria, al hilo del espíritu suscrito por todo el Parlamento en la reciente reforma Constitucional, aparecen de nuevo las voces sobre si la actual estructura administratia de nuestro país resulta o no viable. Un debate muy antiguo que aflora  ahora cuando no hay un euro en la caja y cuando se advierte que unos gobiernos autonómicos manirrotos son capaces de llevarse por delante cualquier tipo de medidas de ajuste que quiera implantar el Gobierno central. El ejemplo alemán de revertir algunas competencias transferidas en su momento a los länder ha sido el eje de este argumento. Es entonces cuando aparecen las voces de denuncia contra los vientos de la recentralización y surge de entre las brumas el fantasma de la polémica Loapa felipista.

Es cierto que tal y como tenemos diseñada nuestra organización territorial y administrativa, resulta muy difícil cuadrar las cuentas. Pero seamos justos. Las comunidades autónomas son despilfarradoras pero no las únicas culpables Recordemos que el sistema del cálculo del déficit está perversamente diseñado en favor del Gobierno Central que tiene un margen de incumplimiento del 80 por ciento mientras que las regiones tan solo un 20.

Sea cual fuere la forma de calcular, es evidente que hay muchas medidas que pueden adoptarse si necesidad de darle un vuelco a la organización territorial del Estado. Por ejemplo, la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría desveló que la existencia de más de 4.200 empresas públicas (en todos los niveles de la administración del Estado) nos reporta unos costes de 60.000 millones de euros al año. Eso, para empezar. Tales excesos resultan inasumbiles por el Estado por lo que, como se ha sugerido estos días, se precisaría una ley armonizadora para evitar duplicidades y para acabar con la proliferación inaudita de este tipo de entes, generalmente cobijo de parásitos y enchufados.

Madrid como ejemplo

Dentro del marasmo de nuestras finanzas autonómicas existe un caso único y excepcional, como es el de la Comunidad de Madrid, la única en cumplir con el objetivo del déficit al situarse en un modesto desvío del 1,1. No se trata de un milagro ni de una proeza. Sencillamente, trabajo bien hecho desde hace años. La presidenta Esperanza Aguirre puso en marcha una política de ajustes y contención del gasto y, fundamentalmente, de sensatez en la gestión, con recortes de cargos, sueldos, coches oficiales, empresa públicas, subvenciones, alquileres...en suma, sentido común. La pregunta es: si Madrid puede, ¿las demás comunidades no pueden?

Quizás. Se escuchan en estas horaas los lamentos de algunos presidentes autonómicos que confiensan su casi imposibilidad de ajustar sus cuentas a las exigencias de estos tiempos de ajuste. "Estamos en pelotas", clamaba el presidente de Cantabria (de soltera Santander, como allí dicen).

De ahí sale la teoría de devolver competencias. O de reducir la dimensión de nuestro modelo autonómico para adaptarlo a la capacidad de financiarlo. Un editorial de ABC hablaba días atrás de que "No hay dinero para tanto Estado". Es posible. Pero de momento lo que está demostrado es que no hay dinero para seguir funcionando como algunos caciquillos lo han venido haciendo en sus particulares reinos de taifas. La fiesta ha terminado.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba