A contratiempo

La corrupción está en casa

El Gobierno se ha cansado de esperar. Pues nosotros también. Dijo la vicepresidenta este viernes que el Gobierno se ha cansado de esperar al PSOE para ir de la mano en el nuevo paquete de medidas anticorrupción. Rajoy lo prometió hace un año, cuando pidió su primer perdón en aquella comparecencia en Génova, a lo 'walking dead', rodeado de toda la cúpula de su partido con el aliento de Bárcenas tras las orejas. Y hasta hoy, con el aliento del juez Ruz, el juez Velasco y el juez Andreu en el cogote por los casos de la financiación en B, la Púnica y las tarjetas negras.

Sáenz de Santamaría se ha cansado de esperar al PSOE para poner en marcha las medidas anticorrupción y tirará con ellas en solitario. ¿Ahora? ¿Cuándo apenas falta un año para las generales? Más vale tarde, se dirá. También anunció la creación del Consejo de Transparencia y el Buen Gobierno. ¿Vienen ahora con la Transparencia? ¿Ahora con el buen Gobierno?

Nada hicieron y ¿nada harán?

Nada ha hecho hasta ahora este partido, ni el de al lado, ni el de más allá, ni por la regeneración, ni por la transparencia, ni por el buen gobierno. Ni por la lucha contra la corrupción. Todos los hediondos asuntos que están emergiendo en las últimas semanas, y que traen locos a los dirigentes de las fuerzas políticas, vienen de lejos. De hace años. Todos lo sabían y miraban hacia otro lado. Nada hicieron por atajar esos casos que ahora 'abochornan' e 'indignan', por utilizar dos verbos muy manoseados en estas horas por los políticos escandalizados.

Ni uno de estos casos ha salido a la luz gracias a que los políticos los hayan denunciado. Ni uno solo. Todos estos asuntos pestíferos, que envilecen a un país, a una clase política, han salido adelante gracias al empeño y la profesionalidad de jueces, funcionarios de Hacienda, cuerpos de Seguridad y medios de comunicación. "Las instituciones funcionan", es también otra de las cantinelas más escuchadas del momento. Pues funcionan, en efecto. Todas menos los partidos, que conocían al dedillo cuanto hacían esa manga de chorizos y malvivientes que ahora están pendientes de proceso o sumidos en ellos.

Con gesto digno y actitud circunspecta, hablaba la vicepresidenta de ese pacto con el principal partido de la oposición que, por ahora no podrá ser. Pedro Sánchez juega a salvar el tipo y no considera oportuno aparecer junto al PP en asuntos de corrupción. Le dijo al sartén al cazo...

Pero, ¿de qué pacto hablan? Los políticos han silenciado su Gürtel, su Palau, sus Pujol, sus Ere, su contabilidad en B, sus cursos de formación, su AVE a Cataluña... Acogían la ignominia, convivían con ella. Ni un político, a lo largo de años y años, fue capaz de denunciarlo, de señalar a los delincuentes de casa, de airear la fruta podrida. En suma, de aplicar eso de la regeneración y la transparencia con la que ahora pretenden limpiar la fachada de sus partidos mientras tienen aún el desván hecho un basural.

Moralidad y ética

Esos paquetes, esas medidas, esas iniciativas parlamentarias son farfolla de atrezzo, un mero decorado, un paripé. Y lo serán hasta que no se demuestre que los partidos están dispuestos a comprometerse seriamente con la ley, con la decencia, con la honorabilidad, con la ética, con la moralidad. En suma, que han decidido dejar de mirar hacia otro lado y atajar, sin miramientos, su propia corrupción.

¿Nadie sabía a lo que se dedicaba Granados en sus horas libres?. ¿Nadie conoce los manejos de la alcaldesa de Alicante? ¿Y de los altos cargos de la Junta andaluza? ¿Y del sindicalista asturiano? ¿Y del presidente de la Diputación leonesa? ¿Y de los pujolines? Se sabe, se sabía, se hablaba de ello, era moneda corriente en sus respectivos partidos y sindicatos. Y no se actuaba. Silencios cómplices. Hasta que, finalmente, una unidad de la Policía o de la Guardia Civil, un fiscal o un inspector de Hacienda tropezaba con una pieza fuera de su sitio y empezaba a tirar del hilo. O hasta que un contable cabreado o una ex amante incendiada acudía al juzgado.

Así han ocurrido estas cosas. Así hemos llegado hasta aquí. Para acabar con la corrupción no hacen falta más leyes, ni más paquetes de medidas ni más gestos teatrales. En nuestro país tenemos ya más de cien mil leyes. ¿No son suficientes?  Lo único que hace falta es la voluntad de aplicarlas. Y todo el mundo sabe por dónde hay que empezar. Dónde está el foco del mal. Pero nadie confía en que Rajoy esté por la labor. No es muy dado a los gestos heroicos ni a los cantares de gesta. Lo suyo es el trotecillo alegre, tranquilón. Y a ver qué pasa. Porque todo termina pasando. Incluso que vuelva a ganar las elecciones. Al tiempo.

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EL VARÓMETRO.- Muy injustos los crueles comentarios sobre la madre de la Reina doña Letizia tras su restallante aparición en las fotos del Hola. // La ministra Ana Pastor se ha quedado sola solita en la batalla de AENA. De Guindos y Montoro, en extraña comandita, se carcajean. // Hasta el gorro está Soraya de que la empujen a las listas de alcaldía de Madrid. // ¿Sabrá defenderse el ministro Fernández Díaz de la guerra que le ha declarado el alcalde de BCN, Xavier Trias?


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