A contratiempo

La chusma y el griterío, los nuevos protagonistas

La combinación es enfermiza y mórbida. Tiempos atroces coronados por personajillos absurdos, ridículos, menospreciables. Apenas nada sabemos del camarero que perdió la vida al intentar salvar a una niña de cinco años en las recientes inundaciones de Alicante, pero un Casillas se pasea por los platós televisivos difundiendo proclamas contra las fuerzas del orden bajo el ardoroso título de "camarero coraje". Su principal argumento: "Esta policía es peor que la de Franco, incluso peor que la de la Venezuela de Chávez". El nuevo héroe mediático.

Apenas nada sabemos, sin embargo, del agente que perdió la visión de un ojo tras ser apedreado por los vándalos concentrados frente a las Cortes, pero más de medio millón de personas han seguido con fruición las obscenas pantomimas colgadas en youtube por dos municipales de Sardañola a bordo de un vehículo oficial y en horas de servicio pagadas por toda la comunidad.

Justicia descuidada

Un juez de la Audicencia Nacional, luego de perpetrar un auto en el que se refiere a la "convenida decadencia de la clase política", desprecia los informes policiales, los atestados, los partes médicos y deja en libertad a quienes promovieron la movilización que mantuvo cercado y sitiado el Congreso de los Diputados durante más de ocho horas. Cuatrocientos kilos de piedras y cuatro mil botes y botellas rellenos de arena, amen de mazas, barras de hierro, y hasta navajas recogidas en el escenario de la revuelta, nada pesan a la hora de impartir Justicia.

Interior abre una investigación sobre la actuación de sus policías en la estación de Atocha, por si se incurrieron en excesos o irregularidades, pero los detenidos por rodear el Congreso ("en forma indefinida hasta conseguir la dimisión del Gobierno y la apertura de un Proceso Constituyente", según rezaba la convocatoria) fueron puestos en libertad entre aplausos de sus colegas y de miles de seguidores que pululan, iletrados e iracundos, por las redes sociales.

Derechos hurtados

Una delegada del Gobierno sugiere, con prudencia y razonable lógica, "modular" la cascada de movilizaciones que paralizan día a día la vida de cientos de miles de ciudadanos que pretenden abrir sus negocios, llegar al trabajo, llevar a sus niños al colegio o, sencillamente, transitar por la vía pública o desplazarse libremente por su ciudad, y le llueven decenas de miles de improperios adobados con gruesos epítetos e insultos sarnosos. Muy pocas voces, por cierto, la acompañan desde su partido en su valiente defensa de los derechos ciudadanos.

Cuando la chusma, el griterío, la barbarie y el disparate se encaraman como referentes, cuando se postergan los valores intelectuales, éticos y democráticos y se encumbran la ramplonería derramada y la atolondrada estulticia,  significa que una sociedad está peligrosamente enferma o ha sucumbido estrepitosamente en un estado de palmaria idiotez. "No quiero ir por el camino de España", aseveró el candidato Romney en su primer debate televisivo con Obama. Fuera lo tienen claro. Hace falta ahora que tomen nota los de dentro.


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