A contratiempo

Un poco de casta, basta

Como vivimos tiempos de saldo, todo vale. Un referéndum sin censo que puede votarse hasta quince días después de conocerse el resultado. Un partido juvenil que plantea que el 20 por ciento de su ejecutiva se elija por sorteo. ¡Bingo!. Un presidente autonómico que se divorcia y convierte a su lío (muy hermoso) en cargo oficial. Un líder de la oposición, ignorante de doctrina, que declama con insistencia eslóganes publicitarios, nadería de todo a cien. Diputados que se sientan y asienten. Una vicepresidenta que hace de ministra, una ministra que no hace de nada y un presidente que hace como que hace.

Vivimos tiempos de saldo en los que los políticos juegan a saquear cajas con tarjetas negras, los jueces obedecen consignas telefónicas, los ministros de Hacienda se disfrazan de hombre del saco sólo con la pobre gente, clases medias, asalariados y los miembros del Gobierno juegan al escondite inglés (que no te vean, que no te oigan, que no crean que existes) para salvar su estampa.

Vivimos tiempos de saldo en los que la policía ha de pedir perdón cuando la escupen, los maestros lidian con delincuentes juveniles (apenas quedan alumnos)y la Universidad es un vivero de analfabetos con ganas de huelga, becas y juerga. El griterío es la norma y el lenguaje es un insulto.

Tiempos de saldo en los que leer es un accidente; escribir, una proeza; meditar, un lujo y pensar, un desatino. La corrección es un suicidio, la cortesía es de imbéciles, el respeto es de nenazas y el esfuerzo, de gilipollas.

Tiempos de saldo y de despensas vacías, con jóvenes sin horizonte, licenciados sin futuro poniendo copas en tres idiomas, salarios de arrastre, empleos de ganga y horarios con alevosía.

Tiempos de saldo en los que aún sobrevive 'Gran Hermano' (único país en Europa que ha llegado a la 15 edición), en los que la Academia bendice el palabro 'papichulo' (¿y eso qué es lo que es, Cebrián?) y los ayuntamientos cierran bibliotecas pero sufragan el bailongo.

Tiempos de saldo en los que se juzga abyecto el patriotismo y se jalean los nacionalismos reaccionarios y racistas. Se predica lo que se ignora, es decir, una ignota reforma de la Constitución como el gran remedio, el bálsamo de fierabrás. Eso sí, se sigue practicando el elefantiasismo de Estado y el endeudamiento sideral.

Tiempos de saldo en los que un grupo de muchachos avispados, que ejercen de 'curanderas que prometen sanar el cáncer' (Fernando Savater dixit) y que crecen como champiñones en un terreno abonado de ignorancia, cabreo y pesimismo pueden ganar las elecciones. Que, como el rey Lear, anuncian tales cosas "todavía no sé cuáles, que serán el terror de la tierra". Con repetir un poco de casta, basta.

Vivimos en tiempos de saldo rebosantes de canallas estériles, necios de ocasión y estúpidos que bailan con la música del telediario. Tiempos de saldo, tiempos de revancha.

EL VARÓMETRO. "Y si la encuesta tampoco funciona...propondré un grupo de whatsapp". Artur Mas, rey del twitter. // Rosa Díez expulsa a Sosa Wagner y se queda con lo peorcito de UPyD. // Dos periodistas se llevan el Planeta. A falta de medios, venga de libros. // Los pañales de Mercadona se harán en Cataluña. Hasta ahora se fabricaban en Polonia. No es chiste. 


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