A contratiempo

La calle es suya

La llaman "ley mordaza" y no lo es. Los diputados de Izquierda Plural (¿plural?, todos bizquean del mismo lado) se taparon el hocico con una gamuza por hacer algo. Nunca hacen nada salvo cobrarse la soldada a fin de mes. Le llaman 'ley mordaza' y no lo es. La ha aprobado hasta Álvaro Puerta, el vocal socialista del CGPJ que votó por Ruz. Pero la izquierda tiene querencia a la manifa y el adoquín, donde tiene quorum, mayoría y fotos, y ha optado por rescatar el espectro de Fraga y 'la calle es mía'.

Apedrear policías

El PSOE se ha opuesto a la ley del PP, tan malamente defendida por el ministro Fernández, por problemas de conciencia. Aún resuenan los trompazos de la patada en la puerta de Corcuera. La norma del PP que acaba de aprobar el Congreso es un juego de niños al lado de las leyes que funcionan en Francia o Gran Bretaña, donde se protege convenientemente a la Policía, a la propiedad privada y donde no está permitido cercar el Parlamento con los señores diputados dentro. Aquí ya se hizo, réplicas del 15-M. Y cuando intervino la Policía, le llovieron piedras, hierros y puñadas con impunidad apoteósica. "Un policía muerto es un policía menos", cantaba Albert Pla.

Orgullo antidemocrático

Nuestra temblorosa democracia se ha dotado ahora, parsimoniosamente, de una ley contra los cafres de la algarada. La izquierda plural (¿o era global?), la recibió con un trapo en los morros desde su acolchado escaño parlamentario. Un recurso gráfico tan viejo como el gulag. No dan para más nuestros viejos marxistas. Mekas, Barthes y eso. Oxidados y artríticos, se quedaron colgados del muro, sin votos ni futuro. Una oleada de jóvenes politólogos, generosamente becados en los campus progres, va a arrasarlos, a desintegrarlos. La izquierda española está a dos pasos de cambiar de carromato. Todos quieren la calle. Pablo Iglesias reclamaba ante Gabilondo la autoría del 'pásalo' del 13-M. Háblale del agua a Noé y sus islamistas suicidas con tres capas de calzoncillos. La semana del orgullo antidemocrático, toda la gauche supina reivindicando el cerco a las sedes de partidos políticos en la jornada de reflexión. La calle es suya, de La Tuerka y no de la Ser, de Iglesias y no de Rubalcaba, de Podemos y no del PSOE. La pieza de Acebes se la cobraron ellos, el vuelco electoral lo lograron ellos. En suma, la victoria de Zapatero la consiguieron ellos. "Están logrando apoyos tan sorprendentes como inexplicables", dejó caer el viernes Rajoy, en sutil colleja a las teles que adoran a la cofradía de Iglesias. Un poco gazmoño el presidente, pero nunca había llegado tan lejos en el reproche a los grupos audiovisuales.

Nadie en Podemos se fía de los sondeos, aunque los encumbren a la estratosfera. Por eso vuelven ahora a sus orígenes, a las movilizaciones, a la agitación, a la algarada, a la gente en la calle. La ley del adoquín. Es lo que les hizo ganarse un desmesurado hueco en las europeas y es lo que su público añora. La socialdemocracia, por muy danesa que sea, resulta aburrida y cotiza mal entre el vocerío. Su gente es más de tumulto y alboroto. Por eso les molesta la ley Fernández. Porque la calle es suya. Primero se conquista y luego se organiza como apuntaba el emperador.  La cita es el 31 de enero. El objetivo, desbordar Madrid, desde la Universitaria hasta Atocha para luego, ocupar el Congreso. Pero esta vez, con las urnas y desde dentro.

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EL VARÓMETRO.- Rajoy alucina: Guindos está haciendo cosas demasiado raras. Lo de Aena, lo de Bankia, lo de Legaz... ¿Por qué ahora? // Esta vez sí. Importante el discurso del Rey frente a Mas en su segunda visita a Barcelona en diez días. // La operación web de Transparencia,  con un Presidente casi mileurista, le ha salido a vice-Soraya de diez. Ayllón gana puntos. // Una Montón, diputada del PSOE y su 'verdugo' Alonso


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