A contratiempo

La batalla de Madrid

"Perder Madrid es perder el país", reza el dicho. Más que un barómetro, la Comunidad de Madrid es un símbolo que ostenta el Partido Popular desde hace cinco legislaturas con holgadas mayorías absolutas. Desde que en 1995 Joaquín Leguina perdió la presidencia ante un junior Ruiz Gallardón, la izquierda no ha vuelto a sentarse en el sillón de mando de la Puerta del Sol.

Madrid y la Comunidad Valenciana son al Partido Popular lo que Andalucía y, en tiempos, Cataluña, al PSOE. Dos piezas maestras para perfilar el mapa del poder territorial y dos engrasados resortes para dirimir el voto en unas generales. Firme aparece ahora el PSOE en Andalucía, con sus monaguillos comunistas que tapan los ERE a cambio de chófer y Visa. Menos sólido se muestra el PP en la Comunidad Valenciana, con el terno hecho jirones por los escándalos y un Bigotes. Y rotundos los populares en Madrid, con gestión y sin oposición

Baile demoscópico

Una pieza demoscópica ha agitado el gallinero. Leída al bies, anuncia cambios y revolcones. Analizada con tino, revela un suelo imperturbable en el voto del PP y un desmoronamiento constante en el PSOE. Aparecen, eso sí, crecimientos quizás espasmódicos en la extrema izquierda y en la inclasificable UPyD. Poco más que anotar de una encuesta elaborada 24 horas después de la EPA de los 6,2 millones de parados y a dos años de una cita electoral.

En el CIS aparecen crecimientos quizás espasmódicos en la extrema izquierda y en la inclasificable UPyD

Pero hay un hecho sociológico que no debe ignorarse. La oposición al Gobierno de la Comunidad, sin apenas reflejo en las urnas, ha decidido tomar la calle. Madrid es ahora la ciudad de Europa con más manifestaciones por minuto. Algo así como 3.419 el pasado año. Casi diez al día. Se dice pronto y se entiende fácil. El Gobierno de Esperanza Aguirre, primero, y de Ignacio González, después, puso en marcha algunas medidas, pioneras y osadas, que tocan a la izquierda donde más duele. De ahí la "marea verde" de la Educación, ya diluída, y la "marea blanca" de la Sanidad, en plena efervescencia. Sin contar la firme postura sobre la televisión pública o contra los sindicatos peronistas del Metro. Iniciativas todas ellas propias de un Gobierno liberal-conservador que busca la eficacia y que persigue el ahorro. La izquierda defiende criterios ideológicos en estos campos. El equipo de González intenta que los números cuadren, con austeridad y sin impuestazos.

Números cantan

Concurren en la Comunidad madrileña circunstancias muy notables. La caída del PIB será este año del 0,8 mientras la nacional estará por el 1,5. Genera el 63 por ciento de la actividad económica española, tiene una presión fiscal inferior a un 5 por ciento de la catalana e ingresa 700 millones de euros más con un millón de habitantes menos. Bonifica impuestos sobre sucesiones, donaciones, patrimonios lo que repercute venturosamente en el ciudadano. Más de 18.000 millones de euros han esquivado el Fisco y se han quedado estos años en los bolsillos de los contribuyentes. Ergo, más actividad económica, más empleo, menos crisis, dentro de lo que cabe. Y todo eso, con mil millones escamoteados desde la Hacienda central debido a la financiación autonómica que Zapatero pactó con los nacionalistas catalanes. En suma, un presente sólido en un mar de adversidad.

Estos son los números. Hay política. Ignacio González ha propuesto la división de la Comunidad en 43 circunscripciones en las que se elija de forma directa un tercio de los diputados regionales. Un mix germano-británico. También quiere reducir el Parlamento a 65 escaños, ahora con 129 que representan a 6,5 millones de madrileños. Estados Unidos con 380 millones de ciudadanos solo tiene 100 senadores.

Relaciones con Rajoy

Y más política. González sucedió a Esperanza Aguirre, que protagonizó en septiembre un paso al costado sonoro aunque permanece como presidenta del PP. Aguirre acaba de ser proclamada por el CIS la presidenta de Comunidad más valorada de España. Tarea difícil, pues, para el heredero que carece de su carisma y de su nivel de conocimiento popular. Pero tiene otras armas. Templanza, mesura y, sobre todo, experiencia como administrador y gestor. No es gran orador pero "la elocuencia es la más peligrosa de las virtudes, una excusa para no pensar", ya saben, Borges dixit.

Aguirre acaba de ser proclamada por el CIS la presidenta de Comunidad más valorada de España

Intenta recomponer sus relaciones con Rajoy, misión de audaces que no marcha mal. Se afana en conseguir aliados para su causa en la directiva del partido y entre los barones regionales. Habla de reducir gasto público, de no subir impuestos, de jibarizar el aparato del Estado y nadie se asombra. Ni se encocora. Aguirre dice prácticamente lo mismo, con un título de los suyos ("Sí hay alternativa") tan campanudo, y ya está el patio en danza. Y a todo ésto, ¿qué piensa Rajoy? Vaya usted a saber. En su pragmatismo, la música que sale de la Puerta del Sol quizás le suene bien.

Pero ahora mismo, en Moncloa, además de intentar domeñar el déficit, calmar a Bruselas y escrutar la deriva de esa singular pareja antiMerkel que han montado el desnortado Hollande y el recién llegado Letta, se trabaja ya para salir airosos de las dos citas más importantes del calendario político venidero. La EPA de fin de año y las elecciones europeas. En ambos compromisos, la Comunidad de Madrid poco pinta de modo, que dejarán a González y a su equipo que sigan trabajando. "Si cae Madrid, cae el país", ya se sabe.

EL VARÓMETRO.- Circula el nombre de otro "tapado" que hará circular Ferraz si la "liebre" Madina arranca a correr // Ana Botella perdió sus dos lugartenientes más valiosos tras ese fallo del Constitucional. Huele a zancadilla mortal de Gallardón // ¿Ya han visto "Tomboy"? // Muy bien Paolo Vasile en el episodio filoetarra de "Gran Hermano".


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