A contratiempo

Aún no asamos y ya pringamos

No han cumplido un año y ya están salpicados por la sospecha de la indecencia y la trampa. Becas espúreas, contratos incumplidos, financiación iraní, cobros en negro... Como dicen en la vieja Castilla, 'aún no asamos y ya pringamos'. No han tocado poder ni moqueta y ya salen en los papeles (y no sólo en las teles, lo suyo). No ha cumplido un año Podemos y ha pasado de la sorpresa electoral de las europeas a los manchurrones del descrédito. Los portadores de la espada flamígera contra corruptos y saqueadores se escabullen ahora por las esquinas, de la sobreexposición a la ocultación, de la sesión continua en la pantalla al se acabó la función.

Los estaban esperando, claro, y han caído. Un poquito, cosa menor, chapucillas, trampitas... 'Nada que ver con lo de Bárcenas, o con Blesa, o con Rato, o con los Pujol...', argumentan sus defensores y acólitos. Pero la integridad no se mide por el volumen de la mangancia. O por la forma de perpetrarla. Se trata de si la ha habido o no. Y si la hubo, o la hay, pues al pozo del escarnio, dode podrán saludar a tantos a los que allí han enviado. El problema de ejercer de ejemplar es que no se permite ni una mácula, ni una mancha, ni un leve desliz. Cuando se ha elegido el papel de justiciero audaz hay que asumirlo hasta las últimas consecuencias. Si se presentan como abanderados de la santidad laica, deben ser níveos, impolutos, como las sábanas de un anuncio de Dixán. Y no. La gran esperanza de la regeneración resulta que también hiede.

La aparición de Iglesias

Se exteriorizó Pablo Iglesias en la televisión de todos y repitió, con escasa convicción, algunas de sus fórmulas agotadas. Apenas acertó a defender su programa económico, ese catecismo endeble que le han cincelado dos supervivientes del marxismo, indigesto potaje con tropezones del acorazado Potemkim, Espartaco y Robin Hood. Entre Venezuela y Dinamarca, entre Chaves y Olof Palme, nos deleitó con una apoteosis de la falacia que recordaba a la tediosa milonga: "Me llevó a un país extraño, donde las mulas ladraban y los perros escuchaban el consejo de los chanchos". Su estilo inquisitorial, de inistente reprobración, como de fiscal aldeano, resulta abrumadoramente tedioso. Sus planes de gobierno son de una insensatez desdeñable.

Cuando se le recordaron sus pequeñas irregularidades, ciertos chanchullos de sus lugartenientes o la prodigiosa habilidad inmobiliaria de su pareja, habló de envenenar a la duquesa de Alba. Ocurrente argucia, quizás ridícula para alguien dotado con el don del verbo. Sus rasgos intelectuales trascienden más allá de los morales. 

Nada afectarán estos tropezones con las normas y la legalidad de los líderes de Podemos a su imparable escalada demoscópica. Hace apenas nada, más de un millón doscientos mil españoles les votaron para que nos representaran en Europa. Está por ver cuántos les votan dentro de otros tantos para que nos representen en España.

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EL VARÓMETRO. Hubo un tiempo en que el juez Marlaska fue grande. Hasta que Santi Potros abandonó su prisión. // No acompañó el ministro del Interior a los familiares de la agente asesinada en el atraco de Vigo. Fernández prefirió acompañar a Rajoy. // ¿Quién boicotea a la juez Alaya que lleva esperando dos años y medio algunos papeles sobre los ERE? // "Mi sentimiento es catalán. Compito con España porque no tengo otra opción". Mireia Belmonte, ¿nuestra? imbatible nadadora, cuatro oros en el Mundial de Hosszu. // El ministro Alonso ha dejado de fumar. Ejemplo en Sanidad.


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