A contratiempo

Cuatro años de soledad... ¿y qué pasa?

"Estamos haciendo lo que hay que hacer". Esta es la frase mágica de Mariano Rajoy, que la repite con insistencia desde su llegada a la Moncloa. Y funciona. Tanto para justificar un aumento de impuestos fuera de programa como una reforma laboral algo indigesta o unos recortes sanitarios más bien ácidos. "Hacemos lo que había que hacer", insiste el presidente del Gobierno. Y edulcora su eslogan con frases de contrición: "No nos gusta hacerlo; no queríamos hacerlo; nos duele mucho hacerlo..." Pero había que hacerlo.

En eso, el equipo de marketing y estrategia política del Gobierno ha acertado. En Moncloa hay gente que sabe lo que hace. Puede que en algunos ministerios vayan algo más despistados e incurran en patinazos significativos, casi de jardín de infancia. Pero en Moncloa han dado con la fórmula de transmitir la sincera preocupación y la severidad reflexiva de Rajoy para estos tiempos complicados.

Críticas en Ferraz

Llueven voces críticas contra el equipo de comunicación de Ferraz. Esa frase/eslogan de Rajoy los tiene desconcertados. Rodolfo Irago y su equipo manejan bien las relaciones con los medios pero faltan especialistas y algo de "brainstorming" en el PSOE para desmantelar el discurso de la derecha. El "claim" de Elena Valenciano, tan doliente el miércoles en el palco del Bernabéu por la pifia de su Real Madrid, se limita a un pedestre "Hay que defenderse", es decir, hay que salir a la calle. Demasiado parecido a la llamada a la "autodefensa" de los desacreditados Toxo y Méndez, una pareja en declive. El chasco de Soraya Rodríguez, la portavoz socialista, es clamoroso. Confunde el Congreso con una verdulería. Y finalmente, lo más dramático para la oposición. La luz que agoniza de Rubalcaba. Su liderazgo se desvanece. Ni siquiera los honores dominicales de "El país" logran revivir su mustia aureola.

Fortaleza y votos

Cierto que en las últimas muestras demoscópicas el PP sufre un serio retroceso que hay que tomar en consideración. Pero el PSOE no avanza ni un milímetro. Yace yermo, hundido en la parálisis. "Nos va tan mal que si nos empezara a ir bien, me daría miedo", confesaba hace días un estratega del PSOE algo cariacontecido. Por eso Rajoy ha decidido envolverse en su mayoría absoluta, en su fortaleza parlamentaria, en su condición de presidir el Gobierno con mayor respaldo popular de Europa y tirar hacia adelante sin mendigar los apoyos de los nacionalistas liliputienses.

"Además de cornudos, pagar las bebidas", sobreactuaba Duran Lleida, el vocero de CiU en Madrid, justificando su distanciamiento del PP. Huele a urnas anticipadas en Cataluña. Lo sabe Rajoy por eso no va a desgastarse excesivamente en la "berrea" amorosa hacia los nacionalistas. Ni catalanes ni vascos. Los primeros, hablan de si Montoro va a enviar o no "los tanques" en caso de incumplimiento del déficit. Los segundos comparan "la violencia, la imposición y la fuerza" del Ejército español con ETA (Urkullu dixit). Gobernar cuatro años "en soledad", tal y como dice cansinamente Soraya Rodríguez, tampoco es una tragedia habida cuenta de la estrategia de los posibles socios.

"Estamos haciendo lo que hay que hacer". Esa es la frase. Quizás no sirva para escapar del negro Hades. Pero transmite convicción y llega a la sociedad. Funciona. Y en política, como decía Tony Blair, "sólo vale lo que funciona".


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