A contratiempo

"Viva España": el falso juego de patriotas

Nicolás Sarkozy concluye siempre sus discursos relevantes con un "¡Vive la France!" exultante. Lo vimos hace unos días, en su invocación apasionada a la refundación de la UE, bien plantado ante una descomunal bandera de Francia. Barak Obama hace lo propio con su estrambote obligado de "God Bless America". El debate sobre esta cuestión lo ha puesto arteramente de actualidad el taimado José Bono al sugerir que le agradaría que el PSOE tuviera un secretario general que no se avergüence de gritar un sonoro "Viva España" tras sus intervenciones. Una carga de profundidad contra su correligionaria Carme Chacón, posible aspirante a la sucesión de Rodríguez Zapatero en el organigrama socialista. La ministra interina de Defensa le respondió, el día de la Constitución, que si el Congreso del PSOE va de "vivas" a España, "yo lo gano seguro".

La diatriba no es baladí puesto que pone en evidencia algo que ha caracterizado palmariamente a la izquierda de nuestro país desde la transición. La identificación del sentimiento de España y de lo patriótico con el franquismo y lo que denominan "la reacción". O sea, la caverna.Cataluña fue un ejemplo palmario de cuanto decimos, con aquel PSUC comunista compartiendo las tesis del nacionalismo catalán, por otra parte, tan conservador, burgués y derechista. O el respaldo a aquella ETA incipiente de los sesenta y setenta.

Los supuestos intelectuales de la izquierda de la época alimentaron groseramente esta teoría del execrable nacionalista español, es decir, centralista y filofascista, frente al nacionalismo bueno de los partidos independentistas de las denominadas comunidades históricas. Desde "Castañuela 70" a un ya casi olvidado "Ravos" de Victor Manuel, que le costó un amago de exilio en México, son docenas los ejemplos de la arremetidas de los artistas que pasaban por progres contra el sentimiento del concepto de España, una entelequia heredada del franquismo y que, al parecer, nunca existió. Cuando los romanos hablaban de "Hispania" estarían seguramente equivocados de país y a lo mejor hasta de continente.

La izquierda, en efecto, propició que la idea de España fuera un valor exclusivamente atribuible a la derecha, herencia de la dictadura franquista y de cuanto significó. El régimen anterior, evidentemente, usurpó y contaminó el concepto de España y de lo español. Lo hizo vestir de azul y le oligó a desfilar brazo en alto. Pero con el advenimiento de la democracia nadie asumió la responsabilidad ética y patriótica de poner las cosas en su sitio y durante estos treinta años (con distintas intensidades, naturalmente) hemos asistido al imperdonable juego de la izquierda de mantener la criminalización, el hostigamiento y el desprecio de todo lo que representa España. Tan intenso ha sido el repudio y hasta la burla, que todo cuanto tiene que ver con nuestra historia, símbolos, himnos en el sentido más digno, democrático y moderno se mantiene como patrimonio exclusivo, cuando no lacra o estigma, de la derechona y, por ende, susceptible de ser tachado de vergonzante y repudiable y hasta golpista (ver la noche loca de Almodóvar en la vigilia del 11M).

José Maria Marco, excelente analista, repasa en su última obra, "Una historia patriótica de España", alguno de estos extremos, al subrayar que en los mítines electorales del PSOE no se ven banderas españolas. En estos últimos ocho años de gobierno zapaterista se ha profundizado aun más la idea decimonónica de que no habrá nación española de verdad hasta que no prevalezca el republicanismo. Para ello, el PSOE se ha apoyado decididamente en las formaciones nacionalistas periféricas con el objetivo de descoyuntar la idea de nación española. El PP ha pretendido, con sensatez, seguir la corriente normalizadora de la calle, que enaborla banderas españolas y corea su himno en acontecimientos deportivos y en manifestaciones populares. En suma, encauzar la distorsión falsaria de nuestra reciente historia.

La reivindicación de José Bono es hipócrita, pero toca donde duele. El patriotismo, dice Marco, es el sentimiento que nos lleva a identificarnos con quienes compartimos nacionalidad. Recordemos aquel venenoso disparate de Zapatero de "nación, un concepto discutido y discutible". La propuesta del presidente del Congreso saliente de gritar "Viva España" es una coyuntural carga de profundidad contra Carme Chacón, catalana y filonacionalista. Poco tiene que ver con el "Vive la France" de Sarkozy. Pero al menos abre una espita al debate en el seno del PSOE, tan necesario y tan urgente. El principal partido de la izquierda española debería aprovechar su próximo congreso no solo para mudar nombres, cargos y sillas sino que debería efectuar un ejercicio de adaptación a la realiad de la nación española y no al revés. La España de Zapatero no tiene nada que ver con la España real. Por eso el batacazo en las urnas.Y no les vendría nada mal a los despistados o sectarios socialistas recordar las palabras de Indalecio Prieto : "Lo primero es España, lo primero es España, lo primero es España".


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