A contratiempo

Urdangarín no es Gary Cooper

Tontos son todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen. Iñaki Urdangarín, al decir de quienes lo conocen, es tirando a lo primero. Sus dos metros de altura apenas logran disimular su estulticia. Todo lo que tiene de alto...

Urdangarín ha sumido en el escándalo a su esposa, la infanta Doña Cristina y, por extensión, a la Monarquía, que tras el paso del tornado Nóos por los sótanos de la Zarzuela, la ha dejado temblando y en situación de alerta máxima. Felipe VI y Doña Letizia andan ahora afanados en ver cómo arreglan el desaguisado.

Amigos del colegio

Tiene Urdangarín un abogado entre estólido y naïf, Mario Pascual Vives, una especie de Buster Keaton sin sombrero, pasmado y atónito, que le ha llevado al desastre. Vives escapó del anonimato en tres telediarios sin estar preparado para ello. Su único mérito profesional era la amistad preescolar con el imputado duque de Palma. Se hartó de hacer declaraciones por las aceras hasta que, al final, la realidad se lo llevó por delante. Spottorno, un lince de soberbios modales, advirtió a Don Juan Carlos de que con esa defensa la niña iba al banquillo. Un par de telefonazos a sus amigos del Ibex y, súbitamente, apareció toda la artillería jurídica del bufete Roca Junyent al servicio de una alta misión de Estado: salvar a la Infanta.

Vives se quedó en la acera con cara de no entender nada, ensayando frente a las teles un rosario de frases inconexas e inútiles dignas de Forrest Gump, mientras que, con su inofensiva inexperiencia, empujaba día a día a su defendido hacia los barrotes de la prisión.

Un par de telefonazos de Juan Carlos a sus amigos del ibex hizo aparecer la artillería jurídica del bufete Roca Junyet para una alta misión: salvar a la infanta

Miquel Roca, junto al sagaz penalista Silva, hilvanaron un recurso impecable para esquivar el descontrolado obús del juez Castro, un tiro al aire jurídicamente desquiciado. La aparición en el último minuto del contable arrepentido, fruto de una magistral jugada del ilusionista Horrach, algo más que un fiscal, han cerrado el escudo anti-misiles que protege a la infanta Cristina de cualquier contigencia judicial y traslada todo el fardo de la culpa a su esposo Urdangarín y a su socio Torres, el villano de esta trama.

Sólo ante el peligro

El abogado Vives, desolado y desarmado, tan sólo acertó a exclamar, entre penosos balbuceos, que "estamos rodeados, como en 'Sólo ante el peligro'". Urdangarín es algo más alto que Gary Cooper pero infinitamente más necio. Tanto que puso su futuro en manos de su amigo el inocente picapleitos, quien, en su recurso ante el juez tan sólo acertó a esgrimir, como argumento exculpatorio, que los famosos contratos públicos, con los que se forró su cliente, le llegaban porque era un reconocido deportista olímpico y no por ser yerno del Rey. "La estupidez humana es infinitamente más fascinante que la inteligencia porque mientras ésta tiene límites, aquella no", escribió Chabrol, consumado especialista en género del filme noir.

No está avergonzado Urdangarín de su comportamiento. Siempre ha dicho que él hacía lo que veía en Palacio. Y quizás no le falte razón. Pero cuando se arriesgan veinte años en presidio y hasta tu esposa huye hacia otro equipo de defensa, ha llegado la hora de cambiar de abogado. Con Vives está muerto.

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EL VARÓMETRO. Sólo tres mujeres, la vicepresidenta y las ministras Fátima y Pastor, el viernes en la rueda de prensa tras el Consejo. // James Costos, embajador de los EE.UU. en España, ha descubierto de mala manera que el asunto catalán es terreno resbaladizo. Vaya patinazo tan poco diplomático. // Alguien está pensando ya en que a Posada le llegó su hora. // Le dan en Venezuela el premio al mejor periodista del año al ministro del Interior de Maduro, el gran represor de estudiantes y opositores. ¿Este es el periodismo que le gusta a Podemos?


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