A contratiempo

Tempestad sobre Génova

"Nada de lo que hice merece mi arrentimiento"Fouché

En la España eterna de mangancia y trujimanes, de desempleo oceánico y de juventud "no future", de instituciones en ruinas y gobiernos arruinados, todo está en crisis, todo hace aguas menos el honor. Ah, el honor. Que no nos lo toquen que desempolvamos la capa y desenvainamos la espada.

Un exjuez prevaricador gana un juicio a "El Mundo" porque vulneró su derecho al honor al escribir que interroga como un nazi. Una agencia de detectives pierde una demanda en defensa de su honor porque Cospedal la comparó con los inmortales Mortadelo y Filemón. El ministro de Hacienda acusa a un diputado de "ruindad política" porque le preguntó si había recibido sobres con dinero negro. Pero no responde a la cuestión. El presidente José María Aznar se querella por protección del derecho al honor contra El País. Ah el honor. Cuando no tengas una idea, inventa una palabra, ya se sabe.

En Génova andan siempre al borde de ofenderse de una forma definitiva. Ahora se encuentran en avanzado estado de resultar heridos en su honor. Un tesorero presunto chorizo amasador de una ingente fortuna y un titular periodístico con dinero negro en sobres sospechosos tienen la culpa.

Navajitas plateás

El partido del Gobierno, tras dos años de paz interior y guerra exterior, como corresponde, vuelve a las andadas. Han resucitado las rencillas, la desconfianza, las delaciones, las insidias, las navajitas traperas, las zancadillas y los codazos. ¿Quién puso los sobres en circulación? ¿Quién los repartía? ¿Quién los recibía? Circulan varias teorías sobre el origen de esta tormenta y todas apestan. Y posiblemente, todas sean falsas. Bailan, primeramente, los nombres clásicos, Aznar, Esperanza Aguirre, Álvarez Cascos y hasta don Manuel Fraga, que en paz descanse. Balonazo hacia el pasado. Los actuales dirigentes del partido se ponen de perfil. "Ni vi, ni se me ofreció", dice la vicepresidenta SorayaSaenz de Santamaría. "No me consta", arguye la secretaria general María Dolores de Cospedal, en frase que hace fortuna entre el tertulianaje.

Al fondo, en el frontispicio de la retaguardia, por encima de la melé, una figura serena, Mariano Rajoy, el hombre tranquilo, de honestidad incuestionable, impone la calma. De pequeño, en su Galicia de meigas, se cayó en la marmita antiestrés y así sigue. No se le mueve un músculo pese a que caigan chuzos de punta sobre Génova, 13. Ante todo, serenidad, viene a decir desde Lima. Y que el aparato investigador puesto en marcha por el partido haga su trabajo. Luego, ya veremos. "El que aguarda sabe que la victoria es suya", escribió Gracián, remedado luego por Cela.

¿Un país inviable?

La pregunta es inevitable. Y todo este lío, ¿a quién beneficia? El escándalo del alpinista (montañas nevadas de Suiza) Bárcenas va directo a la yugular del PP, de la clase política, de la integridad de las instituciones... Pero, ¿sale alguien ganando?. De momento, sólo permanece incontaminada la figura de María Dolores de Cospedal, que cesó al tesorero apandador, que mantiene unas descriptibles relaciones con la vieja pandilla de Javier Arenas, esto es, los atapuercas del PP, y que aguarda con la guadaña la aparición, si caso, de las famosas listas de sobrecogedores para borrarlos del mapa. Eso sí, llegado el caso, ni De Cospedal ni Rajoy pueden mecerse en las dudas, los titubeos y el escepticismo. El futuro del partido con mayoría absoluta y con un horizonte electoral más que tranquilo durante un par de años, está en juego, aunque algunos mangantes se carcajeen frente al abismo.

De Cospedal, desde la séptima planta de la sede del PP, ha ejercido de referencia mediática en los cuatro primeros días que hicieron temblar a Génova. Ella será la encargada de dirigir la inane auditoría interna y la inútil auditoría externa puestas en marcha por la ejecutiva a la caza y captura de los corruptos. Agallas le sobran. Necesitará todo el respaldo de quien puede dárselo. Ese es Rajoy. Sólo él.

La EPA nos ha situado esta semana al borde de los seis millones de parados. Angela Merkel, desde Davos, dedicó un sonoro párrafo a la cruel situación del millón de jóvenes españoles sin empleo y sin horizontes. Un severo toque de atención. Seis de cada diez menores de 25 años está sin trabajo. Y sólo 17 millones de españoles sostienen con su trabajo a una población de 47. España, ¿un país inviable?

Corrupción se llama la bicha es la palabra más detestada por la sociedad española. Quien no lo quiera entender que no lo entienda. Y mientras los políticos juegan en el Congreso a pergeñar una Ley de Transparencia pacata y tramposa (el PSOE se está cubriendo de gloria, por cierto) la fiebre y el grito se apoderan de la calle. Tomen nota, señores diputados: en el estadio de la Rosaleda, durante el encuentro Málaga-Barcelona, el público coreaba, con saña, un nuevo cántico futbolero jamás escuchado hasta ahora: "Corrupción-en-la-Federación". Ni la madre del árbitro, ni el equipo rival, ni "caballeros del honor". La afición, en el fútbol, también clama contra la corrución. ¿Dónde no?

EL VARÓMETRO. Ya está bien de subvencionar a las fundaciones de los partidos. El caso Amy Martin, qué Idea!, escuece // La ministra más silente del Gobierno, Ana Mato, es foco constante de rumores municipales. Apuestas de futuro. // Muy arrepentidos en Ferraz con su Soraya portavoz y la maldita hora en la que la nombraron para el balbuceo.


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