A contratiempo

Soraya, la emperatriz de la Moncloa

Soraya Sáenz de Santamaría es ya, aunque no formalmente, vicepresidenta económica del Gobierno. A hurtadillas, sin apenas luces ni taquífragos, si mencionarlo en la rueda de Prensa del Consejo de Ministros, sin incluirlo, claro está, en la reseña informativa, Soraya ha sido designada vicepresidenta de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, ente clave en el manejo cotidiano de los asuntos que más urgen en nuestro país. Bendita transparencia, tan manoseada. Su nombramiento se desveló al aprobar el Gobierno la formación del novedoso Consejo de Seguridad Nacional el pasado 6 del corriente, un procedimiento sicalíptico que ha dado lugar a ciertas reacciones de sorpresa. Intentó Dolores de Cospedal imprimir un sesgo de naturalidad al asunto pero sin éxito.

La Comisión Delegada la preside Mariano Rajoy y no existía el puesto de vicepresidente. Ya lo hay. Soraya Sáenz de Santamaría acapara así, de facto, las dos vicepresidencias del Gobierno, la política que ya ostentaba y la económica. Sigue siendo, desde luego, ministra de Presidencia, portavoz del Ejecutivo, responsable del Centro de Estudios Políticos, jefa máxima del CNI... quizás el Estado esté en su cabeza, como aquello de Fraga, pero no hay duda de que los principales resortes del aparato gubernamental pasan por sus manos.

Movimiento iconoclasta

Ha sido un importante golpe de efecto de Rajoy. Cundía una cierta sensación de movimiento iconoclasta tanto en una parte del Gobierno como en el propio partido. Las tensiones y tiranteces entre Montoro y De Guindos en el área económica eran moneda corriente. Tanto que en las últimas fechas se insistía en que el ministro de Economía estaba fatigado y quería instalarse en Europa en tanto que el de Hacienda hacía en Barcelona un comentario ambiguo sobre su voluntad o no de seguir en política, raudamente desmentido por su equipo de comunicación. Vaya, grietas en el Ejecutivo, eso no le agrada al presidente. Pero también en el partido, con el malestar de los barones, la polémica por el déficit asimétrico y el amago de rebeliones enclaustradas.

De modo que, aprovechando el buen rollo de unos datos muy positivos sobre el desempleo, Sáenz de Santamaría fue elevada a la categoría de vicetodo, para de esta forma, y al estilo de la emperatriz Irene de Bizancio, atajar de raíz los brotes iconoclastas que amenazan al imperio genovés y monclovita desde dentro. El emperador León Isáurico (752-803) decretó la reforma iconoclasta, es decir, el fin del culto a las imágenes, con objeto de mejorar la moral pública, desterrar supersticiones y atajar una serie de abusos por parte de monjes y teólogos. Una iniciativa considerada disoluta por la emperatriz Irene quien, amparada en los patriarcas de la Iglesia, y concilios de Constantinopla y Nicea mediante, declaró herética la doctrina inococlasta y restableció el culto a imágenes, iconos y representaciones religiosas. Y así se restablecieron los principios, costumbres y tradiciones en el imperio Bizantino.

Efigie de plasma

Moncloa no es Bizancio, pero algo hay de culto a la imagen, a la representación del poder en la encarnación del presidente del Gobierno en una efigie de plasma. Los movimientos disolutos en forma de sordos pulsos entre ministros por parcelas concretas de toma de decisiones, que en privado se quejan de ausencia de liderazgo político, y tambien muestras de incipiente malestar entre los líderes regionales, alimentaban la idea de cierto desapego al culto mariano. Pero la designación de Saénz de Santamaría al frente de la única área que no controlaba totalmente han borrado de raiz estos síntomas de dispersión. Ni bicefalia ni vacío en el área económica, ni dudas sobre quién controla la maquinaria del poder en el día a día.

Y otro mensaje desde las alturas. No habrá remodelación del Gobierno hasta que se considere oportuno (respaldo de Rajoy a Ana Mato en la rueda de Prensa de Bruselas) y punto final a elucubraciones sobre renuncias, ceses, cabreos sordos y críticas veladas.

Rajoy marca estrictamente los tiempos. Ya hasta ha logrado darle la vuelta al perfil político del Constitucional, (silenciosas gestiones de Soraya con el presidente del CGPJ) desde el viernes con mayoría conservadora. Ahora le falta poner fin al sinnúmero de reformas pendientes harto anunciadas y nunca concretadas. Pero eso también va a su ritmo. Las cifras del paro permiten al presidente un verano bonancible. Y eso sí, con Soraya al mando, el amago de revuelta iconoclasta ha quedado laminado. Loor y gloria a Soraya, la emperatriz de la Moncloa.

EL VARÓMETRO.  El caso Blesa nos recuerda que hay demasiados jueces que meten miedo //  Ministra Pastor ha vuelto a abrir el grifo del clamor aldeano del AVE // Carlos Herrera sí que ha sido marca España en Bruselas. Ministro Margallo, no // El presidente de la CEOE, Juan Rosell,  chapoteando en el ridículo, esta vez en el de la no transparencia.


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