A contratiempo

Solbes-Zapatero: Esa pareja feliz

"No seré sabio, pero al menos soy distraído". Este es Solbes, una semana ya por los platós vendiendo su libro. Sabio no es, tal dato está constatado, aunque él se disfraza para parecerlo. Distaído, quizás. El mundo occidental se nos venía encima y él andaba negándolo oculto tras un parche en el ojo. En el reino de los ciegos fue rey durante cinco años... De los peores de nuestra vida. El dueño de los dineros y de los números. "¡Ah, vaya, no pensé que fuera para tanto!", se limita ahora a decir, cínico y brumoso, uno de los dos mayores responsables de nuestra ruina. Y nadie le amenaza con una pantufla.

"Eso nos cuesta dos huelgas generales", le respondió Zapatero, con esa mirada maligna de los que se han dejado ganar por una ambición obsesiva, cuando leyó el plan de ajuste de su ministro de Economía. Y lo tiró al cesto. Para quitarse el mal sabor de boca, le dió a aquel presidente socialista por gastar lo que no había en una ronda de populismo indecente. El Plan E, el cheque-bebé, los 400 euros de propina y también a hacer como que no oía cuando el cataclismo llamaba a su puerta. He aquí al otro protagonista de nuestra menesterosa realidad.

Ambos presentan sendos libros exculpatorios. Son el Bouvard y Pécuchet de la política española. Una pareja absurda y feliz. ¿En qué manos hemos estado? ¿Qué tipos nos han gobernado? Imposible determinar quién fue más dañino. Cual de los dos perpetró más ignominias. Quién más detestable. Recuerda aquello de Borges sobre Gerardo Diego y Alberti. "¿Cual de los dos es mejor? Mire usted, Gerardo Diego era un imbécil que ni siquiera inventó su espuma. Tuvo la osadía de publicar un libro titulado Manual de espumas. Alberti era un árido payaso disfrazado de marinero".

Una película densa y cruel

Solbes y Zapatero han certificado estos días con enorme determinación que la ineptitud que les sospechábamos, y que luego padecimos, era sólo el avance de una película densa, oscura y cruel, como la Beatriz de Valle. Lo de ese duetto al frente del gobierno, seis largos años, fue como un juego suicida y petulante entre el delirio y la bajeza. Un iluminado y un pusilánime. Seis años paseando por las nubes, mientras el edificio de España se desplomaba. Cuando Manuel Pizarro, en aquel histórico debate televisivo, intentó mostrar la fotografía del escenario que ya se nos plantaba delante, le tildaron de agorero, apocalíptico y derrotista.

Nada de eso podrá verse en los libros que ahora llegan a las estanterías. Tan sólo se leerán descargos de conciencia, excusas, futilidades y una carretada de mentiras. "Tengo una memoria estupenda para olvidar", escribió Stevenson. Estos dos compañeros socialistas la tienen para tergiversar. Para no asumir ni un granito de su culpa, para no reconocer ni uno sólo de sus estruendosos errores.

"Desde el principio"

El funcionario Solbes, con esa voz suave y untuosa de no decir nada, ha reconocido ahora, ¡ahora! que tuvo problemas con Zapatero "desde el principio" y que su mayor error fue no abandonar el Gobierno antes de arrancar la segunda legislatura.  A buenas horas. Zapatero, que aún se sigue pavoneando por foros de pensamiento, que aún sigue protagonizando encuentros mediáticos, que aún presume de casi toda su labor gubernamental, le ha recordado a Solbes que los papeles de la crisis que dice que le entregó nunca los vio. Duelo de pillos, escaramuzas de tramposos, mangoneo de truhanes. Una huída agazapada y mezquina acabó con la carrera del ministro Solbes. Una renuncia forzada finiquitó el desvarío de Zapatero, que aún cobra del erario público como miembro del Consejo de Estado.

Dos políticos, dos bochornos andantes, dos desastres cataclísmicos, dos personajes jactanciosos en busca de lector. No sé si la historia les absolverá, pero seguro que no les creerá.

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EL VARÓMETRO. Nada le sale bien. Tras la huelga basuril, llega la imputación de sus jefe de policía y el episodio del teatro Fernán Gómez muy bien relatado en este diario. Ana Botella chapotea penosamente entre errores ajenos. // Wert se quiere ir. Ya se lo ha dicho a Rajoy dos veces. Y así será. // El ministro Fernández, tras lo de Bolinaga y la suelta de asesinos, se enzarza ahora con la verja de Melilla. No pierde ni una ocasión para errar. // Muy bien hablan los periodistas europeos que se entrevistan con la vice-Soraya. 


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