A contratiempo

Rosa y Mariano, la extraña pareja

Gobernar con los nacionalistas vascos es lo que tiene. Contamina. Allí estuvo Rosa Díez, incrustada en un gobierno del PNV al frente de una insípida consejería de Turismo de cuyo paso tan sólo se recuerda su querella contra el genial Mingote.

Huyó, luego, Rosa, del PSOE, dejó su escaño europeo con prudencia de caja, y aglutinó a gente de lo más razonable, sensata, valiente y honesta en un proyecto estimulante llamado UPyD. Por allí andaban, entonces, un Fernando Savater también con procesoloso pasado; un Mikel Buesa ejemplar y un catedrático Sosa Wagner, que además de espetarle un sobresaliente a Zapatero por su tesina sobre Castilla y León, colaboró con García de Emterría en perfilar ese puzzle rocambolesco llamado Estado Autonómico.

Buenos mimbres para un cesto, con Rosa Díez al frente, gladiadora contra los nacionalismos con los que gobernó y sola ante el peligro como diputada única de su joven formación tras un debut prometedor en unas generales. Se fue Savater, se fue Buesa, algo espantados con ciertos comportamientos internos, y llegaron Irene Lozano y Toni Cantó. Un Gorriarán ejercía de número dos.

Nacionalismos desleales

Despertó anhelos y esperanza el partido de Rosa Díez, tan combativo contra los soberanismos, tan arrojado contra el separatismo, tan vehemente contra el terrorismo, sin dudas ideológicas y sin cuarto de atrás oscuro. Había nacido al fin el añorado partido nacional que podría sustituir a los nacionalistas desleales y chantajistas en la función de bisagra para formar mayorías en el Congreso.

En Cataluña emergió, poco después, otro motivo para la esperanza llamado Ciudadanos, con un joven y combativo Albert Rivera al frente, que hablaba en castellano en el Parlament, le plantaba cara a los secesionistas y le levantaba la camisa a un patidifuso PP.

Rosa y Albert eran la pareja ideal, nacidos para entenderse. Ciudadanos en el frente catalán y UPyD en el nacional, con la mirada puesta en el nacionalismo corrosivo y desintegrador y con volundad de regenerar los viejos partidos y la oxidada política española. Discrepaban en algunos asuntos programáticos, pero el eje troncal era complementario y compatible.

Cuando aparecen los de 'la casta'

Lamentablemente, no había caso, pese a los reclamos de simpatizantes y votantes. Un no escueto de la 'lideresa' magenta tumbaba todos los empeños hacia ese maridaje natural. Hasta que llegó el gran cimbronazo de las europeas y estas dos formaciones menores pero con futuro, se vieron sorprendidas y paralizadas. El populismo chavista/peronista les había arrebatado tanto la bandera de la lucha contra la corrupción como el eslogan de la necesaria renovación de ese andamiaje esclerótico de las grandes fuerzas nacionales que, en absurda expresión que ha hecho fortuna, dieron en llamar 'la casta'.

Crecieron, pues, las voces en pro de esa unión jamás consumada. Sosa Wagner, incluso, espíritu independiente, tuvo la osadía de reclamarlo en un prudente artículo en el diario 'El Mundo' en el que incluso advertía de ciertas 'prácticas autoritarias' en su formación. Lozano y Gorriarán mostraron públicamente su enojo con artillería gruesa e indigna.

Visita a La Moncloa

Se produjo entonces la entrevista sorpresa. El encuentro inesperado. Rosa Díez, zaherida, humillada y despreciada por Mariano Rajoy en decenas de pulsos parlamentarios (que siempre le llamaba 'Díaz', jugueteando, displicente, con su apellido) telefoneaba el martes al presidente para pedirle cita y el miércoles ya era recibida en La Moncloa. Extraño cambio de pareja en horas veinticuatro. Albert, el compañero natural, no y Mariano, el antipático y despreciativo, sí.

La política hace extraños compañeros de cama. Rosa Díez dijo luego que salía muy complacida con las explicaciones que le ofreció el presidente sobre Cataluña. Nada nuevo pudo haberle contado Rajoy que no nos haya explicado ya al resto de los españoles. Y, ¿qué le dijo Rosa? Esa es la cuestión. "A la rosa que ya se deshojó no se le puede sacar otro pétalo", escribió el poeta chileno que ayer cumplió un siglo. ¿Qué pétalo ha podido sacarle Rajoy?

En tiempos de votos flacos, una alianza UPyD y Ciudadanos no sería precisamente motivo de tranquilidad para el PP, muy cómodo con el guirigay caníbal que se está organizando en la izquierda a cuenta de Podemos. Pronto veremos los frutos de esa extraña cita entre Rosa y Mariano en el sofá de la Moncloa. 

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EL VARÓMETRO.- Diez guardias para multar a Esperanza Aguirre, vimos en las fotos. Y ahora, además, el juez. ¿Punto final al retorno? // Muy, muy hábil no ha estado De Guindos en su carrera por la presidencia del Eurogrupo. // Susana Díaz cumple un año al frente de la Junta. Y tres sin acudir al Parlamento andaluz para hablar de los Eres. Transparencia.


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