A contratiempo

El Rey, Rubal, Pujol... ¿quién es el próximo?

Cerró el curso Rajoy con un mensaje saturado de tranquilidad, que es la característica más renombrada de su carácter. El presidente dijo estar tranquilo porque Artur Mas le ha prometido que no hará nada fuera de la ley. Dijo estar tranquilo con la situación económica porque la recuperación ha venido para quedarse. Dijo, también, estar tranquilo con la oposición porque Pedro Sánchez parece dispuesto a pactos de Estado.

Dos meses de sobresaltos

Pero el curso que ahora se extingue ha sido de todo menos tranquilo. Hemos asistido, en apenas dos meses, a episodios capitales que suponen un trascendental vuelco, cuyas consecuencias resulta aventurado predecir. En apenas dos meses, tres personajes mayúsculos han tomado el portante y, con mayor o menor dignidad, se han sumergido en las tinieblas de la historia. Y sus renuncias (o fugas) alteran, en forma capital, tres vigas fundamentales del edificio de nuestras instituciones.

No es frecuente que una nación asista en apenas unas semanas al relevo de su Jefe del Estado y del líder de la oposición. Si a ello se suma la precipitación hacia el abismo del estandarte espiritual del quienes tienen planteado un desafío medular a la convivencia democrática, se alcanzará fácilmente la conclusión de que decimos adiós al curso de los sobresaltos.

Fuese sin previo aviso el Rey don Juan Carlos, en una renuncia y una transición que nos venden modélica pero todavía envuelta en dudas y sospechas. Una 'abdicación exprés' cuyo origen nadie ha explicado, cuya ejecución fue 'una chapuza' en palabras del bueno del presidente del Congreso y cuyas consecuencias el tiempo nos dirá. La Institución monárquica atravesaba momentos delicados, su horizonte parecía incierto y obligado resultaba un cambio en el reparto. Algo tarde, pero así se hizo, entre la sorpresa y estupefacción de una sociedad que había asumido que los Reyes, como los Papas, no dimiten sino que se mueren en la cama. Ni los unos ni los otros.

El relevo en la oposición resultó más previsible. El batacazo en la europeas fue un peldaño más en el descenso del PSOE a los infiernos. Pérez Rubalcaba, enfermo de poder, un mal muy común, nunca alcanzó su propósito de ser primer ministro. Ser vicepresidente con Rodríguez Zapatero más que un baldón es burla del destino. Pero el químico cántabro tampoco daba para más. Personaje tenebroso, esquivo, de una moralidad política discutible y de una infatigable inclinación a la campaña y la patraña. Inspirador de los turbios episodios de la noche del 13-M, Rubalcaba dejó un rastro infamante a lo largo de 25 años en la acción política del PSOE. Desde la Logse al Faisán, del GAL a la liberación de Ternera, episodios todos incalificables y de efectos nefastos, algunos aún latentes.

El estandarte de la patria

Posiblemente la caída en el marasmo de la desgracia, en el abismo del deshonor y la deshonra en la que ha sucumbido Jordi Pujol, gran tótem de una Cataluña inventada, impulsor del soberanismo, ideólogo del separatismo, acarree más consecuencias de las que se anuncian. El pujolismo está mucho más enquistado y enraizado de lo que algunos sospechan. En las escuelas, en los despachos, en los negocios, en las costumbres, en las ideas. Un cuarto de siglo proyectando un mensaje sectario y excluyente, xenófono y hostil, desde el aula a la cátedra, desde la tele a la academia, desde el congreso al casal. La gran mentira parió una gran trampa. El conductor de la gran patria catalana resultó ser un defraudador, un evasor, un mentiroso y quizás un delincuente.

Todos en Cataluña sabían lo de sus hijos, amasadores de fortunas, acaparadores de palacetes, casonas, chalets, hoteles, vehículos exclusivos... pero el gran patriarca permanecía ajeno a la rapiña. El gran hombre era honesto, honrado, casi humilde. Cayó la máscara y quizás, finalmente se descuelgue el artesonado que ocultaba tanto hediondo latrocinio. "¿Será cierto, como apuntaba el historiador, que la masa del pueblo esté sana y que es solo la hez lo que sale a la superficie?".

El club de los facinerosos

Posiblemente la incorporación de Pujol al club de los facinerosos resulte a la larga de una importancia más decisiva para nuestro país de lo que se adivina. Rajoy nos ha prometido cien veces que España no se romperá bajo su mandato. Puede ser. Pero para muchos anda cerca, por seguir con la cita del gran don Marcelino, de volver al cantonalismo de los arévacos y de los vectones. O de los reinos de Taifas.

Tres grandes nombres, que no tres grandes hombres, han abandonado en menos de dos meses el lugar que ocupaban en la tribuna de autoridades de España. Tras de sí, más que tres grandes vacíos, dejan una estela erizada de tormentosas herencias. Una institución en el subsuelo de la credibilidad, un partido al borde de la desintegración y una región en la antesala del precipicio. No es imposible deducir que lo que venga después será mejor.

Pero Rajoy está tranquilo. Envuelto en el manto escarlata de los césares, contempla con placidez cómo, uno tras otro, se van desmoronando cuantos osaron hacerle sombra o darle guerra. Y ya prepara sus huestes para la gran batalla de mayo. ¿Alguien más queda por caer?

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EL VARÓMETRO. Pé y su esposo han conseguido chapotear en el más profundo de los ridículos a costa del pueblo judío. Éstos son los que se dicen 'nuestros artistas'. // El primer día de sus vacaciones, la ministra Pastor ha corrido a su tierra gallega a agitar promesas de AVE. ¿Aprenderemos alguna vez? // ¿Pero quién selecciona a los corresponsales de TVE? Lo de Gaza es para nota. Y por ahí sigue aún uno de los Milá. 


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