A contratiempo

Rajoy ha vuelto para quedarse

Cuando Mariano Rajoy dijo aquello de que "España ha vuelto para quedarse", muchos de los presentes en el Council of Foreign Relations enarcaron las cejas con gesto de extrañeza. "¿Qué ha querido decir?", se preguntaban. "Seguramente es una expresión española", apuntaban entre brumas.

Volver para quedarse, dijo Rajoy en Nueva York. Una afirmación ambigua pero con melodía desafiante: Hemos vuelto y nadie nos va a echar. Quizás exhibía, ante una audiencia un poco marciana para con los sinsabores españoles, el gesto reivindicativo de quien ha evitado morder el polvo, ha superado celadas cainitas, puñaladas amigas y enemigas, admoniciones, maldiciones y conspiraciones, para, finalmente, ver ya la luz al final del túnel, por recurrir a otra original frase del mensaje presidencial. "Vuelto para quedarse" suena tan retador como el golpeo de un gorila macho en su inabarcable torso, tras haber derrotado a su rival más fiero.

Elecciones de tanteo

España ha vuelto, Rajoy ha podido sacar la cabeza del hoyo y se orienta ya, una vez superado el meridiano de su mandato, hacia un año decididamente electoral. Cita en las urnas de tanteo, porque las europeas no son más que un precalentamiento, pero elecciones al fin.

Vice-Soraya, Guindos y Montoro escenificaron este viernes, con un control sutil y milimétrico de gestos y expresiones, un mensaje de alivio y el ingreso en la nueva etapa. Este pasado mes de abril, los mismos actores protagonizaron la rueda de prensa más fúnebre y tenebrosa de que se tenga recuerdo. Gestos deprimentes y lagrimeo sin consuelo. Ahora, algo ha cambiado. Al menos la coreografía y el verso son bien distintos. Sonrisas homeopáticas, adjetivos esperanzadores y previsiones tirando a color de rosa.

Hablemos de impuestos

Tocaba anunciar el cuadro macro de los presupuestos. Nada espectacular salvo dos décimas en el crecimiento del PIB, que veremos, y un cierto freno en la destrucción de empleo, que no es poco. Sin olvidar la promesa de no volver a subir los impuestos, que nunca debe faltar si se huelen elecciones. Aunque no hay que olvidar que por tercer año consecutivo el PP mantiene el IRPF en unos tipos confiscatorios, casi bucaneros.

El Estado no ahorra como debe, el gasto en los ministerios crece un 5,6 por ciento y el gasto no financiero asciendo a los 133.000 millones, es decir, un 2,7 por ciento más que en 2012. Y atención, que el déficit, el sagrado déficit, se situará en torno al 5,8 en 2014. Recordemos que en 2012 fue de un 6,8. Tanto aspaviento, tanto ajuste, tanto impuestazo, tanto recorte y apenas hemos logrado rebajar el déficit en un miserable punto. Bien, que nos lo expliquen.

Funcionarios y pensionistas

O quizás no, porque el mantra de la nueva temporada se denomina "los presupuestos de la recuperación", insistente muletilla del Gobierno plasmada tal cual en sendas portadas de dos grandes diarios nacionales. Las caras largas de hace un semestre se han evaporado del frontispicio de la Moncloa. No tanto de los sindicatos de funcionarios con los salarios de nuevo congelados o de los pensionistas (los presentes y los por llegar) con el ¡ay! en el pulso y el miedo en cuerpo.

Estomaga recordar asignaturas pendientes del Ejecutivo, en especial la jibarización urgente de la elefantiásica estructura del Estado. La vicepresidenta nos la lleva anunciado desde hace meses, con mejor voluntad que eficacia. "Pero es muy complicado", argumentan a continuación los fontaneros monclovitas, todo aspavientos. No lo es tanto subir impuestos, congelar salarios y amedrentar pensiones. No se ha puesto coto a los entes inservibles, ni a las diputaciones fantasmagóricas, ni a las empresas públicas obsoletas. Un ejemplo, el Tribunal de Cuentas. Recordaba la sutil analista María Muñoz que a 12 de diciembre de 2012 amamantaba a 789 asalariados (585 funcionarios, 175 personal laboral y 29 eventuales) con un presupuesto de 62,5 millones. ¿Para qué, si actualizan con cinco años de retraso? ¿Quién controla las cuentas del Tribunal de Cuentas?

Rajoy detesta el énfasis, primo hermano de la hipocresía. Pero en Nueva York se ha podido apreciar un cierto cambio en el libreto. Más recio, más desafiante, más seguro. Las campanas están a punto de anunciar elecciones y, ya se sabe, Mariano, como España, ha vuelto para quedarse. El eterno retorno.


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