A contratiempo

Rajoy, por sevillanas

La pareja de baile de Susana Díaz. Eso es lo que hoy se decide en las urnas andaluzas. ¿A quién elegirá para las sevillanas? O mejor, ¿quién querrá arrancarse con ella para quedar retratada en la peligrosa danza?

Lo que está en juego en las elecciones al Parlamento andaluz es algo más que el color de la Junta, que será socialista, a no dudar. Se trata de despejar una duda que puede marcar la línea de los comicios que se amontonan ya en el calendario electoral de este singular año. Lo importante no es quién gane, que prácticamente ya se sabe, sino con quién va a gobernar. Ahí está el quid. Si con Podemos, el estigma caerá como un hachazo sobre el PSOE para las convocatorias venideras. Si con Ciudadanos, quien quedará señalado será el partido de Rivera, encamado con la corrupción. Y si con el PP... pues malo para los dos. IU ya no cuenta.

Lo que está en juego en las elecciones al Parlamento andaluz es algo más que el color de la Junta, que será socialista, a no dudar

Un tópico revisable

Sea cual sea finalmente el carnet de baile de Susana Díaz, que dependerá de la magnitud de su victoria, el hecho relevante es la importancia que se le quiera coceder a estos comicios. Dice la tradición que Cataluña y Andalucía son territorios decisivos para quien quiera alcanzar la Moncloa. No es para tanto. El PP ha gobernado en España sin haberlo hecho nunca en ninguno de estas dos comunidades. Es el PSOE quien tiene en estas zonas su vivero de votos, cada vez más demediado y esquilmado.

Por eso los nervios se centran en una sola formación. La que ahora tiene la sartén por el mango y lleva 35 años dando palmas, jugando con el dinero de los Eres, regalando subvenciones y mareando a la juez Alaya. El PP se juega cierto prestigio, Podemos algunas de sus aspiraciones y Ciudadanos su aureola de incipiente promesa.+

Dice la tradición que Cataluña y Andalucía son territorios decisivos para quien quiera alcanzar la Moncloa

La hora de las bofetadas

Dan por hecho en Moncloa que ahora toca recibir el castigo por la crisis, las estrecheces y los recortes. En Andalucía, no queda otra que palmar. Eso es indudable. Conviene, eso sí, no sufrir demasiado en el descalabro. Una derrota leve y sin ruido. Alejada del bochorno. Pero en Andalucía es el momento para el tirón de orejas. Dado esto por hecho, para el PP también es importante que ni Podemos se dispare, que no parece, ni Ciudadanos asome la gaita más de lo preciso. Pero toca poner la mejilla y recibir las bofetadas. De esta forma, para cuando lleguen las autonómicas y municipales, la rabia ya se habrá desinflado, satisfecha tras la trompada que le ha propinado al Gobierno por sevillanas.

Tampoco los comicios de mayo serán momento de gloria para el PP. Aún es pronto. Espera algún sopapo donde más duele. Seguramente Valencia. Quizás Madrid. El malestar seguirá aún latente y no se evapora en dos días. Las catalanas. Así sí, no cuentan, porque quizás ni se celebren y, además, allí el PP apenas pinta nada.

Lo que en verdad importa es saber quién gobernará este país después de las generales de noviembre. Y ahí sí, ahí Rajoy confía en alzarse con el triunfo. "Quienes se disponen a gobernar un país no se preocupan de tareas triviales y quienes quieren tener éxito en grandes empresas no pierden el tiempo en pequeños logros", decía Lie Tse, a quien con tanta fruición recitan los verseros en las escuelas de negocios. Rajoy quiere ganar las generales y seguir en la presidencia otros cuatro años. Y está convencido de que así será. Y da por buenas las colegas de andaluzas y autonómicas.

Piensa, siguiendo este argumento, que el calendario le beneficia, que la sociedad española tiene ahora por delante tres grandes oportunidades para darse el gustazo de sacudirle estopa al PP, para ‘apalizarlo’ en las urnas, para escupirle con el voto. De este modo, cuando llegue la hora de la verdad, y una vez convencido de que Podemos es lo que perece y Ciudadanos no es lo que imaginan, su elector tradicional ahora indignado, volverá a su reducto, a su tradición, a lo acostumbrado. Para entonces, se supone, la recuperación ya será palpable y el PP y hasta el PSOE tendrán ya otra pinta. Ya no habrá Bárcenas, ni Gürtel, ni corrupción cotidiana, ni siquiera juez Ruz.

Los partidos revelación se habrán quedado en lo que eran, afanosos monosabios en un redondel en el que las figuras seguirán siendo las de siempre. El fin del bipartidismo, para entonces, piensan en Moncloa, será tan sólo una ensoñación, o seguirán siendo un proyecto, o apenas una minoría parlamentaria incómoda. Mariano dará la vuelta al ruedo y le permitirá a Sánchez, o a quien Felipe González haya dispuesto, compartir la puerta grande. Y Susana Díaz, allí en San Telmo, bailando sevillanas. ¡Arsa mi niña!

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EL VARÓMETRO. Una sola coincidencia con Pablo Iglesias: Maribel Verdú es su mito erótico. // Cuando Moreno Bonilla, en el debate, sacó la palabra 'cocaína', Susana Díaz se quedó petrificada. // Este nuevo Madrid-Atleti es prematuro e inconveniente. // El Macba es un desatino. Su director, Bartomeu Marí, un disparate. Montar el lío que montó para exponer finalmente la escultura, más bien figura fallera, 'La bestia y el soberano' demuestra cómo anda la 'cultureta'. ¿Y qué dice Leopoldo Rodés, amigo del monarca y patrón del museo?


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