A contratiempo

Rajoy, pasajero de su peor pesadilla

Ahora el lema de Rajoy es el de la discreción. Pero al estilo de Groucho Marx: "Conmigo nunca se sabe". De ser el político más previsible de Europa se ha transformado en un pragmático irreductible, capaz de volver tranquilamente sobre sus promesas para ignorarlas o de darles drásticamente la vuelta como a un calcetín. Nunca se sabe. Así lo reconocía en una de sus últimas intervenciones públicas, cuando dijo: "Haré cualquier cosa aunque dijera que no la iba a hacer".

¿Cómo hemos llegado a ésto? ¿Qué ha ocurrido para que Rajoy, un político predecible, fiable, honesto, enemigo de las sorpresas y las ocurrencias se haya visto obligado a convertirse en su antítesis, en ese "el otro" que según Borges todos llevamos dentro? Recordemos el accidentado rumbo de la acción del Gobierno hasta hoy. Promesas incumplidas, programa electoral obviado, principios inamovibles zarandeados...Ya se sabe, se han subido impuestos, se han abordado inesperadas reformas en Educación y Sanidad... incluso se ha llegado a la nacionalización de una entidad financiera de las denominadas sistémicas que pasó de necesitar 7.000 millones a 24.000 en horas veinticuatro.

La respuesta es sencilla. Aquí todo el mundo ha faltado a la verdad. España ha vivido en los últimos años sumida en una red de inconmensurables mentiras que, primero, ha forzado a un cambio radical del guión por parte del recién estrenado gobierno y, al tiempo, ha mudado el perfil de fiabilidad de su presidente, que ahora se debate entre la necesidad y sus principios.

Estos son algunos de los principales pasajes de la pesadilla: Cifra del déficit falso; datos de las deudas autonómicas, erradas; balances de las entidades financieras, totalmente manipuladas...Pero hay más. Un Gobernador del Banco de España que ha actuado durante años como un perfecto falsario al servicio del PSOE, unas instituciones reguladoras que no han existido, una CNMV que está bajo cuarentena, unos gerentes y responsables de entidades financieras que no sólo han mentido sino que han actuado como auténticos corsarios...España ha sido, ahora lo sabemos y lo hemos visto, el país de las mentiras...y gordas. "Nadie dice la verdad", afirmaba nuestro director en su artículo del pasado domingo.

Es peligroso asomarse al exterior

Pero no solo se menosprecia la verdad en el patio interno. En esta semana de histeria y preapocalipsis hemos padecido mentiras, engaños y falsedades fuera de nuestras fronteras que nos han afectado muy negativamente. Como ese titular del Financial Times, que se demostró apócrifo (como tantos), sobre la negativa del BCE a una supuesta forma de afrontar la financiación de Bankia que disparó nuestra prima de riesgo a alturas estratosféricas. O ese momentáneo respiro anunciado desde Bruselas sobre la posibilidad de una capitalización directa de nuestras entidades financieras, desmentida horas después por el comisario de Finanzas de UE, a instancias del Gobierno de Merkel, diciendo todo lo contrario y condenando nuestro alivio bancario al más peliagudo de los escenarios. Alemania, ahora sí, nos empuja al precipicio. Quizás porque no nos cree. ¿Es posible manejarse con responsabilidad y cordura en estas condiciones?

Nadie es inocente y nadie está exento de culpa. Mariano Rajoy, el político predecible, sufrió un baño de cruel realidad cuando, el pasado lunes, tras su improvisada y fallida rueda de prensa en la sede del PP, los indicadores económicos optaron por ignorar sus muestras de buena voluntad y siguieron bajo el síndrome del descontrol. "Ya no podemos hacer nada más, ahora le toca a Europa, al BCE", era el mantra esgrimido estas semanas tanto por el presidente del Gobierno como por su ministro de Economía y por los principales portavoces de su partido. Otra falacia.

Deberes por hacer

¿Cómo que no se puede hacer más? La Comisión Europea nos ha sacado los colores y nos ha puesto los deberes para conseguir que el sacrosanto ajuste del déficit hasta el 3% pueda dilatarse un año más. Ah, ¿pero no era el ajuste del déficit lo importante?. Pues no. Tampoco eso era cierto. Lo importante son las reformas que decimos que hacemos pero que nunca se terminan. Así, la UE, como es sabido, nos reprocha el aumento del IRPF (craso error) nos insta a aumentar el IVA (promesa de no moverlo por parte del Gobierno de PP que será también incumplida), nos recuerda que los bancos aún no han ejecutado los necesarios ajustes de activos inmobiliarios, nos reprocha que el prometido aumento de la edad de jubilación a los 67 años está por hacer, nos subraya que los costes del despido para trabajadores indefinidos sigue siendo más elevado de los razonable y nos abochorna con "el gasto excesivo de las comunidades autónomas".

¿Cómo que no se podía hacer nada más? Ahí tienen la lista, señores del Gobierno, viene a decir la Comisión. Menos llorar y más dar trigo. Menos mentiras, falacias, engaños… menos contemplaciones con los Mafos de turno, con los Blesas, las Salgados, los Solbes, con los tramposos y maleantes que ha colocado este país al borde de la quiebra y más dar trigo. Más Fiscalía, más tribunales y menos componendas. Es la única forma de recuperar la credibilidad, la confianza y el respeto como país. Ya hasta Felipe González, el Alí Babá de aquellos cuarenta ladrones, se permite darnos consejos.

Y así llegamos a la situación actual. Al borde del rescate, la intervención, la quiebra... cada cual que se imagine la pesadilla con el nombre que desee. Con media España sacando el dinero fuera y la otra mitad tomando medidas bajo su colchón para ocultarlo. Ya nadie se fía. Son demasiadas mentiras. Demasiadas trampas. Eso que siempre ha producido urticaria a Mariano Rajoy y que ahora le tienen atenazado.


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