A contratiempo

Rajoy ya huele urna

Dijo no hace mucho, el presidente del Gobierno, que ha llegado la hora de "hacer política". En eso está. Antes de retirarse a comer centolla y turrón a sus predios pontevedreses ha dado muestras de que el año que va a arrancar a la vuelta de unas uvas, va a ser distinto.

Tras un bienio esforzado, duro, angustioso, bailando con la más fea, lidiando en las peores las plazas, tragándose los sapos más repugnantes, ha legado el momento de cambiar de libreto. Menos economía, más política. No quiere decir que la crisis haya amainado o que la luz nos ciega ya en el negro túnel.

Pero hay síntomas. La reforma laboral crea levemente empleo o al menos no los destruye al ritmo anterior. La amenaza del rescate quedó sepultada, la prima de riesgo es una pariente muy lejana, nuestra balanza corriente respira, nuestos empresarios exportan y nuestro consumo se anima. Hemos abandonado el batallón de los muy torpes, estamos tan sólo en el de los torpes y en Bruselas nos reconvienen quedamente pero también nos jalean. Falta, eso sí, por coronar los puertos más duros. Que fluya el crédito, algo que no ha conseguido una reforma financiera pacata y cobardona y falta aún lo fundamental, que es crear empleo neto al ritmo deseado.

Caras tristes

Pero llegó la hora de "hacer política". Bien, ¿y eso qué es? "Haré tales cosas, no sé cuales todavía, pero serán la admiración del mundo", clamaba el Rey Lear. Nuestro presidente del Gobierno no se va a poner tan estupendo. Es más sencillo. Mariano Rajoy, experimentado y baqueteado político, ya huele a urna. Ya toca dejar de lado los mensjaes compungidos, las caras tristes, la actitud de pedir permanentemente perdón. Llegó la hora de modificar las formas y hasta el semblante y sacar, en la medida de lo posible, algo de pecho. Hay que congraciarse con el electorado quejoso, con el simpatizante enojado, con el votante que se dió a la fuga. Hay que pensar en las europeas para a continuación, recomponer los equipos y dar la gran batalla de las autonómicas y municipales, donde reside el poder territorial.

Los sondeos no salen bien. No anuncian grandes resultados. Vaticinan un implacable castigo en los comicios al Parlamento Europeo, tan singulares, tan extremos. No es grave. El PSOE no parece ir mejor. Y el crecimiento demoscópico que se señalana para los partidos pequeños, IU y UPyD principlamente, no resultan verdadera amenaza. Además, hay tiempo. Rajoy suele pensar que siempr ehay tiempo cuando te mueves en la dirección adecuada.

Votantes cabreados

En estos últimos compases del año que expira, Rajoy ya ha dado muestras de por dónde van a ir sus pasos en los próximos meses. Hay once millones de votantes que confiaron no hace tanto en el partido que dirige. Buena parte de ellos está ahora desencantada, cabreada, enojada y harta.

Los auscultadores de los pálpitos de la Moncloa ya han detectado algunos síntomas de la nueva era. El ministro Fernández Díaz, "bestia negra" del sector electoral del PP más conservador y combativo desde el "caso Bolinaga" unido a la infamante "doctrina Parot", se ha reivindicado con una ley de Seguridad Ciudadana que busca la aquiescencia de este amplio sector del electorado. El ministro Ruiz Gallardón, considerado desde siempre un "infiltrado de Prisa" en el PP, ha logrado sacar adelante, luego de mucho tironeo interno y algún cabreo mal disimulado, la reforma de la ley del aborto, una pieza importante del programa electoral del PP. Wert coronó en el BOE una ley de Educación en origen valiente pero que derivó en descafeniada. Sin embargo la sobreactuación crítica del PSOE y los nacionalistas la hacen parecer buena. Y así...

Unidad de la Nación

Rajoy lleva siglos en politica, décadas en el PP y decenas de campañas electorales. Conoce a la perfección dónde están los caladeros del voto sin necesidad de demoscopias ni arriolas. El siguiente paso en su larga marcha hacia las urnas será una convención nacional del partido dedicada obsesivamente a revindicar sus raíces y sus valores, entre ellos la defensa de la Constitución y la unidad de España. Artur Mas ya ha probado una cucharadita de esa medicina. Por de pronto su referendum pende de un hilo. Y su cabeza política, también.

Nadie espere que súbitamente Rajoy se vaya a convertir en un capitán Trueno, osado, audaz, arriesgado y temerario. "Yo lo creía un hombre conservador y se volvió un rinoceronte", decían en su día de Hipólito Yrigoyen. No es el caso del que hablamos. Rajoy lo hará a su modo. Pero con firmeza. Como esos goleadores que huelen puerta en cuanto traspasan la frontal del área, ya ha olido urna. La clave consiste en si será capaz de embocarla, tirar a puerta y, desde luego, de hacer gol.

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EL VARÓMETRO. Crecido está Feijóo, el atlántico delfín, con su éxito en Novagalicia. Es el único español que le ha doblado el pulso a CaixaFainé. Casi nada. // Se ciscan en Soria, otro ministro provinciano y menospreciable. Pero nadie recuerda que Alberto Nadal, el niño sabio y prodigio, es el secretario de Estado de Energía, nombrado precisametne para tapar las falencias del titular de la cartera.// ¿Qué hacía Spottorno, Jefe de la Casa del Rey, en el acto de Ciudadano-Rivera


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