A contratiempo

Podemos: del morado al lila

Del rosa al amarillo, filmó Summers. El partido morado deviene en lila, narran las crónicas. Podemos combinaba, en sus albores, el morado y el verde. Simbología facilona con resonancias republicanas y esperanza de manual. Luego nació el círculo y todo se tiñó de morado quizás porque el resto de los colores ya estaban ocupados. El azul para el PP, el rojo para el PSOE, el naranja para Ciudadanos, el magenta para UPyD. A salvo estaba el marrón, que suena mal. El amarillo, tan apolítico. El rosa, muy de UCD, lagarto, lagarto. O incluso el negro de Merkel, detente satanás. De modo que optaron por el último color del arco iris. Modestia aparte.

Dicen los expertos en sicología cromática que el morado transmite poder y ambición y de eso se trataba

Asaltar el cielo

El morado es un color potente y agresivo. Algo ambiguo, pues oscila entre el festín culinario y el ayuno de cuaresma. Pero no iba mal. Dicen los expertos en sicología cromática que transmite poder y ambición. De eso se trataba. Podemos quería asaltar el cielo y quedarse con el santo y la limosna. Primero asaltaron cinco escaños en el Parlamento Europeo, un cimbronazo. Media España daba saltitos y la otra media se acollonó. Ese grupo de muchachos de hablar vitriólico y circunspecto, se paseaban por las teles dejando con las vergüenzas al aire a políticos, banqueros, explotadores, jerifaltes de antaño y de hogaño, caciques, obispos y demás casta viva. Algunos espíritus gazmoños coreaban que eso es lo que se necesitaba para sacudirse tanta iniquidad. Y se dispararon en las encuestas. España se vestía de morado, como los procesionantes.

Pronto los conocimos: trampillas en las becas de universidad, en las empresas disfrazadas de ONG, en el currículum (según decían) y, en especial, en la declaración de Hacienda

Pero pronto los empezamos a conocer. Trampillas en las becas de universidad, en las empresas disfrazadas de ONG, en el currículum (según decían) y, en especial, en la declaración de Hacienda. Se puede ser muy radical, extremista, justiciero flamígero y hasta fan del Cholo y de Melendi, pero en España ahora no se perdona a quien le torea al fisco. Se levantó la alfombra del despacho de Juan Carlos Monedero y aparecieron sapos, culebras, chavistas maduros y dólares verdes sin declarar. Hasta 425.000 euros por ser exactos. Se rompió el encanto. Los predicadores de la decencia estaban bien pringados.

El tropezón andaluz

Abandonaron poco a poco los platós, se ocultaron en el metro, ignoraron los micrófonos, los mítines y hasta las plazas. Emprendieron una peregrinación hacia Finlandia, la socialdemocracia nórdica, el centrismo, la bandera de España, la Macarena y Juanita Reina. Ni por esas. En las andaluzas, Teresa Rodríguez, que tiene a su novio, er Kichi, colocado en las listas de Cádiz, pretendió tomar la Giralda y se quedó a la mitad. Le queda ahora ser palmera de Susana Díaz. La fama dura quince minutos, la infamia, mucho más.

Monedero, repudiado por los suyos, se recluyó donde Tamames, que le ha escrito un libro. Y, como la mujer de Bárcenas, hasta amigó con el gran Raúl del Pozo, que le dedicó alguna resonante columna.

Esta semana, el estropicio, la ruptura. Primero fue Tania y ahora, Monedero, el monaguillo de Maduro, el Rasputín de Pablo Iglesias, que ha renunciado a todo y ha optado por irse a volar con el parajito de Chaves. El encanto ha desaparecido, la farsa cae hecha añicos, Podemos se desintegra. Se hunde en las encuestas mientras otro partido nuevo y virginal escala a los altares. El partido morado empieza a desteñir en lila.

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EL VARÓMETRO. Rajoy insiste en quiere ser candidato y hay quien lo eleva a categoría de pimera plana. // García Page, socialista manchego, no tiene tres pisos, dice su gente, sino sino una vivienda y dos trasteros. Seguro. // "No se me haga la desconocida, no haga usted como la Infanta". Algo inapropiada la gracieta del juez Velasco al interrogar a una testigo de la 'Púnica'. // Pareció decir 'coñeja', en lugar de 'colleja', el fiscal Marlaska en la entrevista con Alsina. Excelente neologismo, en cualquier caso. //  ¿Pero quién recomendó al ministro Catalá?


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