A contratiempo

Poca ruleta, mucho Madrid

Escribir sobre Madrid no sólo es llorar. También es sucumbir en el tópico. En estas horas los leemos a carretadas. Todo columnista que se precie lleva un cambita o un larrita dentro. Y no se priva. A la salud de un tal Adelson, que nos dejó sin ruleta, nos han llovido columnatas a cientos, a miles, anegadas de putas, Galdós, poblachón (manchego) y costumbrismo. De Sabina, callejones de sueños rotos y pongamos que hablo... mejor ni hablamos.

Saturados de la "pasión de catalanes", que diría el gran Herrera, Eurovegas acaparó el terreno informativo en el estrambote de la semana. La acariciada inversión de decenas de miles de millones euros, la creación de cientos de miles de puestos de trabajo, la construcción de un emporio turístico sin par en Europa... todo ese horizonte de riqueza, tapetes verdes, lujo, fichas, tragaperras y baccarrá, se esfumó en dos segundos, en lo que tardan en leerse tres párrafos de un comunicado oficial.

Estrategias políticas

Y otra vez, como cuando los Juegos, todos sumidos en la depresión. Salvo Tomás Gómez, de áridas neuronas y cerebro inconsútil. Dos estropicios planetarios en apenas tres meses. Eso tumba a cualquiera. En el damero de la geopolítica, los estrategas de Ferraz se frotan las manos. Madrid, pieza clave, fortín inexpugnable, plaza fuerte del partido de la gaviota, empieza a hacer agua. Mejor aún, "Madrid se hunde", como escribían los amanuenses orgánicos.

Cuánta hipérbole, cuánto apocalipsis superlativo. Las trompetas resonantes de la nada. Cierto es que la fuga de Eurovegas deja políticamente grogy al presidente de la Comunidad, Ignacio González, un gestor digno y eficaz, durante años mano derecha de Esperanza Aguirre. Igual de cierto que el batacazo olímpico dejó conmocionada a Ana Botella, no recuperada aún del golpe. Ambos descalabros han enviado a Madrid al sanatorio de los dolientes sin cura, a la UVI de los enfermos terminales.

Impuestos a la baja

Pero tampoco habrá que exagerar. Una mirada, siquiera de reojo, a algunas cifras oficiales nos corroboran que estos tropezones son estruendosos pero no letales. Al menos, para Madrid. Veamos, por ejemplo. Madrid es la única comunidad española que ha abandonado la recesión y ha crecido en el segundo semestre. Su PIB supera al catalán (comparación oportuna, por malvada) y presenta unas cifras de desempleo cuatro puntos inferiores al de Cataluña, por seguir con la broma. Sin la Comunidad de Madrid, eso que llamamos Estado y que algunos definen como paquidermo hipertrofiado, apenas podría moverse. El pasado año, Madrid aportó a las arcas comunes de los españoles la mitad del total de los ingresos nacionales, 79.000 millones (el doble que Cataluña, por seguir el juego).

No hablemos ya de que Madrid es la región que menos transferencias recibe de a quien tanto da. O sea, del Estado, del Gobierno central. En el primer semestre del año, apenas 442 millones. Cataluña, tan colaboradora con el resto de la nación, recibió 1.500. Viva Montoro. Y Madrid, la más solidaria, resultó la más castigada. Viva Montoro.

Errores suicidas

Deprimirse siempre es una buena respuesta, pero una mala medida. Y en absoluto elegante. La queja sólo trae descrédito. Además, no hay motivos. Madrid, demostrado queda, es una comunidad dinámica y pujante, austera en el gasto, cumplidora en el déficit, de fiscalidad liberal y voluntad emprendedora.  El principal fallo lo cometió quien puso nuestros sueños a los piés del tal Adelson. Y sin demasiadas garantías. Un error suicida.

Madrid es mucho Madrid, aunque se haya quedado triste, moviendo su corazón como un pañuelo, diciendo adiós al tal Míster Marshall de la ruleta, gafas negras, ralos cabellos rojizos, peinado impensable y octava fortuna de EE.UU. según Forbes. Ahora se habla, naturalmente, de mudar los equipos políticos madrileños, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento, de jugar a las quinielas, de patear el tablero y barajar de nuevo. De buscar un sustituto para González y otro para Botella. En cualquier caso, tiempo habrá para ello, diria Mariano "slowly" Rajoy, y no sin razón. Dos años para las autonómicas. Antes habrá que acudir a las europeas y, si se tercia, resolver el envenenado laberinto catalán, ya con fecha y pregunta/jeroglífico. No es poca cosa.

EL VARÓMETRO. Con "La noche en 24 horas", Sergio Martín se ha convertido en espacio informativo de referencia. Gran acierto de Somoano. // Todos pendientes de los signos que envíe Marius Carol desde el puente de mando de La Vanguardia Española. // Algunos analistas lerdos piensan que Junqueras no es Schreck sino Churchill. // En Prensa de Zarzuela a veces aciertan. Gran idea la entrevista a la Infanta Elena.


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