A contratiempo

Pisar el acelerador: La última oportunidad

"Ahora vamos a pisar el acelerador de las reformas", anunció el presidente del Gobierno tras el crucial Consejo Europeo de Bruselas. Se dirá, ya tocaba. Viernes 13 parece ser el título de la película. ¿De miedo? El próximo Consejo de Ministros saldremos de dudas. Tiene en su haber el Ejecutivo del PP una reforma laboral muy alabada, con un desarrollo prometedor. También ha introducido cambios en la legislación básica en Sanidad y Educación para concretar el copago farmaceútico por un lado y la revisión de tasas universitarias y de la estructura del Bachillerato, por otro. Ha subido impuestos y ha aumentado tasas.

Y ahora, según ha insinuado Mariano Rajoy con el bisturí entre los dientes, vamos a por tí. A por la gran reforma del sector público, fatigosamente reclamada por todas las instancias internacionales que sobrevueltan con sus inquietantes siglas sobre nuestras cabezas. Se ha perdido tiempo, se ha despilfarrado confianza, se han decepcionado voluntades pero ya llegó la hora. Llegó el momento de los ajustes y los recortes en la administración periférica.

Autonomías y vía MontiEl peculiar entramado legal que recoge nuestra Constitución, y su malparido Título VIII, hace de las Comunidades Autónomas unos castillos prácticamente inexpugnables. El Gobierno central es un convidado de piedra que paga pero nada puede exigir. Un disparate. Para soslayar este severo inconveniente, el equipo de juristas de la vicepresidenta del Gobierno ha trabajado a destajo. Los resultados están al caer. Ante la mirada de José María Aznar en su Escuela de Faes, Saenz de Santamaría conminó, presionó y hasta amenazó a los caciques autonómicos con enviarles una suerte de "hombres de negro" al hispánico modo. Controladores del gasto autonómico para que las cifras cuadren, tras años de despilfarro. "Tienen que hacer más con menos. Hay 4.000 empresas públicas que permanecen intactas". Y habló de reducir sueldos de alcaldes, número de concejales y organismos intermedios. Quizás no se llegue a la reforma Monti, que dejará en la mitad las más de cien provincias con que cuenta Italia. O la rebaja en un 20 por ciento de cargos directivos de la Administración, de gastos ministeriales y hasta de vehículos oficiales.

Huir de los desequilibriosLlueven las filtraciones sobre los inminentes planes del Gobierno. En todas direcciones. El rumor el la antesala de la noticia. Pero no siempre. El sendero adecuado de meter tijera a las hipertrofiadas estructuras periféricas (ayuntamientos, diputaciones, autonomías) aparece demasiado nebuloso, y es precisamente donde hace falta pulso firme. Se escuchan sin embargo anuncios de recortes a funcionarios, de ajustes en el desempleo e incluso de las pensiones. Más de lo mismo. Pero peor. Quizás no haya más remedio. El 43 por ciento del gasto del Estado se va en pensiones y prestaciones por el desempleo. Por no hablar del ya cantado aumento del IVA. El déficit aprieta y hay que recortar al menos 40.000 millones en un curso y medio.

Pero, cuidado que a la hora de pisar el acelerador, Mariano Rajoy se olvide del volante. Es decir, de la dirección adecuada en la que debe orientar los recortes, en la que debe dirigir la tijera. Una cosa es que los ministros del ramo, De Guindos y Montoro, mantengan sus diferencias sobre el ritmo de las medidas. Y otra bien distinta es equivocarse con lo que señala imperativamente el GPS europeo. Cuidado que puede ser nuestra última oportunidad. Los tímidos avances anunciados por la vicepresidenta parecen ir en el buen camino. Pisar el acelerador también implica pisar muchos callos. Que no siempre sean los mismos.


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