A contratiempo

Pactar con el diablo

En el pacto del PP y PSOE contra el yihadismo, en efecto, lo de menos es el yihadismo. Cierto que amanuenses del nacionalismo catalán han escrutado hasta la letra pequeña para concluir que, en el fondo, se trata de un acuerdo contra el derecho a decidir, o casi. Victimismo a lo Bertoméu, que señala la zarpa del Estado tras el dribling del Barça al fisco.

El famoso pacto ha sido el primer paso de un libreto con muchas páginas y que, seguramente, concluirá a una magna obra al final de este año erizado de urnas. Quizás el CIS se equivoque pero esto huele a que el tablero nacional está cambiando, a que el bipartidismo se está extinguiendo y a que alcanzar un gobierno de mayoría propia dejará de ser una tradición apacible.

Tres protagonistas

Resulta sensato pensar que a la vuelta de unos meses nos vamos a encontar ante un espectáculo nuevo. Un parlamento con al menos trres grandes protagonistas en el que ninguno de ellos haya conseguido los escaños suficientes como para hacerse con el timón sin necesidad de pedir apoyos o anuencia. Una situación compleja. Y difícil. Para la que algunos ya se están preparando. Vamos de cabeza a la fórmula italiana, tan enrevesada, volátil, inestable y fatigosa. Nada más molesto en democracia que cambiar de Gobierno cada siete meses y de primer ministro al mismo ritmo que se suceden las estaciones. Un premier por temporada, como en los clubes pequeños.

Hay otra posibilidad de la que ya todos hablan tras la famosa fotografía entre Rajoy y Sánchez, pluma en mano, suscribiendo un acuerdo ornamental para hacer frente a los criminales barbudos del islamismo del terror. Y es la del pacto. Horror, se les abren las carnes a los socialistas. No hemos alentado un partido durante 140 años para ésto, para acabar dándole la mano a la derechona. Para rematar la faena, Sánchez incluso hablaba de nuevos pactos, como el de la educación.

Mientras Zapatero, permanentemente aquejado de una necedad adolescente y al parecer incurable, se daba el pico con Podemos, el actual secretario general de los socialistas recibía sabios consejos de Rubalcaba y González para hacer lo propio con Rajoy. Darse el pico. El primero, Zapatero, lo hacía al mejor estilo Bono, a hurtadillas y por la espalda. Sánchez, con el rostro demudado, consciente de la osadía de su paso, lo hacía en directo ante decenas de cámaras y testigos.

Parece que el camino para el PSOE va a ser éste. Dijo una vez Pablo Iglesias, el jefe de una colla de politólogos embusteros y defraudadores, que el problema del PSOE es cuando tenga que optar por apoyar al PP o por apoyar a Podemos. Vaya disyuntiva, pensará Sánchez. Una opción es despreciable y la otra no es excelente. Quizás estemos en esas antes de que acabe el año.

Por el momento, el líder socialista, con su gesto monclovita, ha despejado algunas dudas que pesaban sobre su avanzado estado de 'podemización'. Ha optado por ofrecer una imagen de político serio, responsable, con vocación de Gobierno y con respeto a las instituciones del Estado. A Rajoy, evidentemente, también le viene de perlas, porque así se sacude el adusto y perenne titular que siempre le acompaña: "El PP se quedó solo", que tanto le gusta a la prensa nacional.

Antes de nacer Podemos, es decir, anteayer, se hablaba incluso de una gran coalición PP-PSOE, después de las generales, para abordar en forma definitiva la tan reclamada reforma de la Constitución. Quizás esos tiempos han pasado. Nos viene otro espectáculo. El de gobernar, sea quien fuere, a base de pactos. Parece que no va a quedar más remedio que sumergirse nuevamente en esa filosofía de la Transición tan denostada que se denominó 'la política del consenso'.

No es el mejor de los escenarios posibles. Una democracia fuerte, moderna y transparente, con dos partidos sólidos turnándose en el poder no es tan mala opción. A los Estados Unidos no les ha ido mal. Ni a los británicos. Pero por aquí estamos ya en otra. La del imperio del pacto. Por pura necesidad. Y llegado ese caso, siempre será mejor que Sánchez siga allí al frente de los suyos, a que se produzca el advenimiento de la populista del sur, la dama de los excesos, la Evita andaluza, que se muere de ganas de gobernar al precio que sea. Incluso pactando con el mismo diablo.

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EL VARÓMETRO. Creo que Podemos ya entró en la categoría de los supervalorados. El monotema ya fatiga. // Mintió Bárcenas contra Cospedal, han sentenciado los jueces. ¿Y cuándo más ha mentido? ¿Siempre, contabilidad en B incluída? // Excelente Margallo en su guerra por las embajadas contra el secesionismo irracional. 


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