A contratiempo

El PSOE resucita la calle y el agit-prop

Allá donde no llegan los votos llegan los gritos. El PSOE lo sabe muy bien. Desarbolado y desnortado, con un grupo parlamentario de apenas 110 diputados en el Congreso, resulta una misión imposible ejercer una oposición sólida a una mayoría absoluta, como la que disfruta ahora el PP. La izquierda, con los socialistas a la cabeza, se han aferrado a la ausencia de estufas en un pequeño instituto de Valencia para lanzar la primera ofensiva callejera contra el actual Gobierno, que apenas hace dos meses que ha llegado al poder. "Ustedes están detrás de los violentos", le espetó el ministro Wert en el Congreso a un representante del PSOE.

El agit-prop vuelve a escena. Como con Irak, con el Prestige, con el 15-M (intento fallido)... Unos adolescentes desvalidos y tembloros por falta de calefacción en un instituto de Valencia ha sido la mecha que ha prendido la revuelta. "La primavera valenciana" la llaman en la red, en hiperbólico y desaforado símil con la primavera democrática de la Plaza Tahir de El Cairo. Una enormidad panfletaria que ha funcionado en los medios con éxito desmesurado.

En enero de 2005 ya leíamos en la prensa que "El instituto Luis Vives carece de calefacción desde principio de curso". O que "Desalojan a los 600 alumnos del instituto Luis Vives después de que Iberdrola cortara la luz por impago". Es decir que el problema de las mantas en las aulas tiene al menos siete años de historia. ¿Por qué ahora este estallido? ¿Por qué ahora esta explosión en las calles? Cualquier espíritu no excesivamente ingenuo tiene la respuesta.

En la sesión de control de este miércoles, al menos dos diputados socialistas (uno de ellos, la inefable Leire Pajín) sacaron a colación el mencionado Instituto sin venir a cuento. Uno preguntaba por becas escolares y otro por el dopaje en el deporte. Pero el debate tenía que cruzar inevitablemente "la primavera valenciana", convertida ya en eslogan de la izquierda para enjaretar a un Gobierno, quizás demasiado acomplejado, esa imagen de "represor" y "fascista" que tan hábilmente manejan. Ya lo intentó con el jucio a Garzón por los crímenes del franquismo, pero con mucho menor éxito.

Asedio a la sedes

Cierto es que en estos primeros balbuceos de acción de Gobierno, el equipo del Partido Popular no está demostrando demasiada soltura ni un exceso de habilidad. Quizás es lógico. A las cargas policiales de Valencia (similares a las que vemos habitualmente en Nueva York o en Londres contra "okupas" y otros "activistas del kaos") el ministro del Interior respondió con mensajes contradictorios sobre los "excesos" de las Fuerzas de Seguridad y con una imagen televisiva no muy convincente. Demasiada transpiración y sudores delatores. Tampoco ayudó mucho la bisoñez de la delegada del Gobierno, titubeante y débil. Tenían el argumento muy a mano: Ninguno de los 27 detenidos en las refriegas resultó ser estudiante y once de los 16 heridos son policías. Mira que era fácil. Pero apostaron por argumentos alambicados y esquivos no exentos de cierta asunción de culpabilidad.

Les faltaron reflejos y libreto. Ya irán aprendiendo.

Porque quienes sí se saben perfectamente la lección es la izquierda. La calle es su elemento. La movilización es su herramienta. En el atardecer del martes asistimos a unas escenas que nos resultaban terriblemente familiares. Miles de personas en Madrid, Sevilla, Zaragoza y Valencia cercaron las sedes del PP. Esta vez, sin piedras ni descarado aliento mediático. Pero allí estaban, como en los viejos tiempos del 13M.

Los alumnos del Lluís Vives no tienen calefacción. Desde hace años. En Andalucía hay institutos sin pupitres y se imparten las clases en el suelo. Y no pasa nada. Pero la Comunidad Valenciana es territorio abonado para la convulsión. Es un descomunal vivero de votos del PP , con mayorías absolutas tanto autonómicas como municipales. Un castillo inexpugnable para la izquierda. Pero también es su talón de Aquiles. Mala gestión económica, despilfarro, escándalos, corrupción. Un laboratorio idóneo para el ensayo de una movilización del descontento por parte de unas fuerzas políticas carentes de enjundia parlamentaria. El guión es sencillo. Basta con repetir afanosamente en todos los foros y en redes sociales una cantinela muy fácil de recitar: El PP es corrupto, represor, fascista y franquista.

Un año muy caliente

En el atribulado devenir del Gobierno de Rajoy aparece otro sendero erizado de obstáculos además de la "primavera valenciana". Es el desarrollo de un proyecto de reformas económicas difíciles de digerir. La subida de impuestos, los primeros recortes y la reforma laboral han sido los primeros jalones en este trayecto. Los estudios demoscópicos revelan que el PP no resulta aún demasiado herido tras estas iniciativas. Pero todavía falta lo peor. Los Presupuestos, que se cerrarán a finales de marzo, marcarán un antes y un después. Y quizás nuevos ajustes fiscales en verano. Y en 2013, puede que inevitablemente, tendrán que acometerse recortes muy dolorosos en lo que se conoce como Estado del Bienestar. Un escenario capaz de convertir el Apocalipsis en una modesta refriega.

La cita electoral de Andalucía se antoja, de momento, inmune al desgaste. Pero los estrategas de Moncloa piensan ya en las gallegas de marzo del próximo año. Quizás Núñez Feijoo, para evitar males mayores, las adelante al otoño, cuando aún no se haya universalizado el descontento. Se verá. Lo que nadie duda es que el cometido es peliagudo, la paciencia menguante y el crédito del Partido Popular, limitado. Un decorado propio para ese cuento chileno: "Los optimistas piensan que todos tendremos que comer basura y los pesimistas que no habrá basura para todos".


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