A contratiempo

El PSOE se enfrenta a una derrota histórica

Tocar fondo, cosechar el peor resultado de la historia del PSOE, avizorar el fantasma de la desintegración. Las encuestas de este fin de semana aterrorizan al equipo de Rubalcaba. Negros nubarrones, horizontes de espanto. No ya la sombra de Almunia, con sus 125 diputados y su 34 por ciento de los votos sino hay quien se remonta a los comicios de 1977, primera prueba de fuego del PSOE, con un PCE potente y con el PSC de Tierno aún en liza. Entonces obtuvo 118 escaños y un raquítico 29,3 por ciento. Pero aquel era un socialismo amateur, junior, pipiolo y sin estructurar, Ahora, las agónicas huestes de Rubalcaba se angustian ante la perspectiva de no alcanzar lo 120 escaños ni el 30 por ciento de los sufragios. Una meta modestísima, impensable hace unos meses, pero que ahora se yergue como una posibilidad tan cruel como factible.

La izquierda ideológica se desinfla ante la izquierda real y aquellos viveros de votos incuestionables del socialismo, en especial el conurbano barcelonés o los bolsones de votos cautivos andaluces, amagan con evaporarse. Las clases medias bajas, sacudidas dramáticamente por la crisis, se alejan de sus postulados tradicionales. La retórica del igualitarismo y la justicia social hace agua entre los más damnificados por la tenebrosa realidad económica. También el voto urbano socialdemócrata relega la milonga del progresismo y ya no pica en el cebo que le agitan en forma de una derechona reaccionaria y pseudo-franquista. La izquierda ha perdido su falso monopolio de la superioridad moral o ética en un panorama de incertidumbres y desamparo.

Un errático y delirante Rodríguez Zapatero, un PSOE de ineptitud estratosférica en ocho años de gobierno y un Rubalcaba identificado con aquel pato patagónico, cada paso una cagada, han colaborado en esa transferencia de votos del centro indeciso y oscilante hacia las posiciones movilizadas y pujantes del centro derecha.

Quizás la anunciada hecatombe del PSOE no se concrete este domingo en forma tan palmaria y contundente como nos han mostrado los sondeos demoscópicas de este fin de semana, por lo demás, tan asombrosamente unánimes que se dirían infalibles. Ya se verá.

"El día 21, hablamos", respondió el candidato Rubalcaba al ametrallamiento público de tuiteros al que se sometió, demasiado espontáneamente, hace unos días. El suelo electoral del socialismo es firme, desde luego, pero está experimentando unos corrimientos telúricos inesperados. De la "derrota digna" se está pasando ya a la operación "salvemos los muebles". Una Europa severa y tecnocrática acaba de provocar sendos terremotos políticos en Grecia e Italia. Y ya ha evidenciado lo que espera de España. Rajoy tiene plenamente identificado su discurso con el signo de los tiempos. En el PSOE siguen disparando contra los mercados y la tiranía de los especuladores. Eso es circular en contradirección. O sea, el precipicio. ¿Quién recogerá en el PSOE los restos del naufragio? Esta es la cuestión. ¿Un Rubalcaba erizado de costurones, una Carme Chacón que hará valer su excepcional resistencia en el emporio catalán o un Patxi López en fuga de unPais Vasco convertido en Bilduzistán? El PSOE es un artefacto deteriorado que precisará de muchos años de habilidad, trabajo, tiento y destreza en el taller de reparaciones para salir de nuevo a la pista a competir. Será una oposición maltrecha y, lamentablemente, esquizoide. Lo peor para España.


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