A contratiempo

Nace el ayuntamiento Frankenstein

Apenas 17.000 personas decidirán con su voto el color político del Ayuntamiento de una ciudad de 200.000 habitantes. Pamplona es la ciudad y el color político del consistorio es el de Bildu, un partido que, como es bien sabido, no condena el terrorismo etarra.

San Sebastián, otra ciudad moderna, avanzada y noble del norte de España, acaba de sacudirse el virus de Bildu, que ha saltado alegremente hacia Pamplona. Un Joseba Asiron, licenciado en la Universidad de Zaragoza y doctor en Historia del Arte, se convertirá en el alcalde pamplonica ya para estos próximos sanfermines. Gora, gora...

Este Asiron, que no venció en las elecciones, ha tenido que granjearse una serie de apoyos para llegar a la alcaldía. Ha recolectado el respaldo de partidos como Geroa Bai, como Aranzadi (con Podemos dentro) y de guinda a un Ezkerra. Una singular macedonia de izquierdistas radicales y nacionalistas extremos que se instalará, el 13 de junio, en la Casa Consistorial de ciudad tan provecta, severa y circunspecta como Pamplona, con su Universidad de Navarra, su clínica de Navarra, sus curas y militares de Navarra.

El síndrome del segundón

Es la cultura de los pactos. Los que palman en el voto se unen y le quitan el sillón al ganador. O sea, la cultura de los segundones, el síndrome del eterno Poulidor. Cuando a la democracia le da por la geometría asimétrica el resultado suele ser informe y deforme. Pero no sólo en Navarra. El mapa nacional se va a llenar de ayuntamientos-Frankenstein, con sus gobiernos conformados por una amalgama de siglas no siempre armónica.

García Albiol, por ejemplo, pese a haber sido el vencedor, una vez más, en las municipales de Badalona, no repetirá como alcalde. Un revolutum formado por Guanyem (con Podemos y la CUP del señor de la zapatilla dentro), los independentistas de ERC, los ecomarxistas de ICV, más el PSC, logran sumar los escaños necesarios para echar al PP y entregarle el bastón de mando a Dolors Sabater, activista del mismo signo secesionista que la monja Forcades. Lo más llamativo de este caso es que los socialistas se suman a la ensalada, se entregan a los secesionistas y demás extremos con tal de que Albiol no siga gobernando en la tercera ciudad catalana por el número de habitantes.

Decía Rajoy que las experiencias de tripartitos, cuatripartitos y pentapartitos no han salido demasiado bien en España. Cierto. Munar y Maragall saltan raudamente a la memoria. Una delincuente y un visionario que casi consiguen acabar con sus respectivas y prósperas regiones. Los pactos tienen buena prensa porque alientan el diálogo, el consenso y la tolerancia, esas virtudes socialdemócratas que desembocan en el zapaterismo obsecuente y letal. Pero no son más que el canje de cromos, sillones y cargos, por más que lo pretendan disimular. El pulso apasionado y vergonzante entre Ximo Puig y Mónica Oltra por la Generalitat Valenciana lo demuestra.

Reforma electoral

Amargamente se queja ahora Rajoy de algo que pudo arreglar en el minuto uno a su llegada al Gobierno. Apoyado en su mayoría absoluta, nada le habría costado emprender la reforma de la ley electoral para permitir el gobierno de la lista más votada. El pasado septiembre dicen que lo meditó. Pero, como tantas veces, se acobardó. O le dio pereza, vaya lío. Posiblemente leyó en La Vanguardia, ese periódico que pagamos todos,algún artículo poco partidario. Y lo archivó. Ahora, mejor, que el presidente no se lamente. Porque pudo y no quiso, o no osó.

Le dicen pacto por no hablar de trueque, cambalache, trajín o mercadeo. Lo iremos viendo según se les corra el rímel a todas las Manuelas que a punto están de convertirse en alcaldes/esas después de una suma artificial de piezas. Ayuntamientos-Frankenstein. El voto de 17.000 paisanos decidirá el destino de 200.000. Y el de una ciudad. Pamplona, nada menos. Y Bildu, a la cabeza.

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EL VARÓMETRO.- Lucía Figar habría sido gran candidata a la alcaldía por Madrid. Y gran ministra. De lo mejor del PP. El juez Velasco, cuyo presente arde en rumores, deberá explicar su actuación tan heterodoxa. // Enormes aplausos y elogios republicanos al discurso del rey. En Francia, claro. // El alcalde electo de El Escorial, (Podemos/Equo) se felicita por haber vencido en una localidad "símbolo del facherío madrileño". // ¿Sabe el ministro Soria de qué narices va eso del recibo de la luz por horas? // Pau, sí. Marc, no. Xavi, pues eso. 


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