OPINIÓN

Mil días del Rey: La Monarquía silenciosa

“Aunque esté en la cúspide del Estado, hay que seguir aprendiendo con humildad”, ha confesado el Rey en esta semana del aniversario. Humildad, en efecto, y enormes transfusiones de sangre fría. El estilo de Felipe VI, constatado queda, es bien distinto al de su padre.

Felipe VI.
Felipe VI. Casa de S.M. el Rey

El Rey va al Matadero. Su padre, a los toros. He ahí la diferencia. Mil días cumple don Felipe desde su proclamación en la Jefatura del Estado. Mil días en los que apenas ha conocido instantes de bonanza. La accidentada, abrupta y sobrevenida renuncia de don Juan Carlos fue el presagio de tiempos duros. Y excepcionales.

En estos mil días, Felipe VI ha vivido episodios sin precedentes, se ha adentrado en terrenos sin hollar, ha atravesado territorios desconocidos. Una infanta de España, hija y hermana de Rey, en el banquillo. Un año con un Gobierno maniatado y en funciones. Un Parlamento sin mayorías claras. La primera fuerza de la oposición, sin líder. ELa excepcionalidad como norma, lo inédito como menú del día.

En estos mil días, Felipe VI ha vivido episodios sin precedentes, se ha adentrado en terrenos sin hollar, ha atravesado territorios desconocidos

“Aunque esté en la cúspide del Estado, hay que seguir aprendiendo con humildad”, ha confesado el Rey en esta semana del aniversario. Humildad, en efecto, y enormes transfusiones de sangre fría. El estilo de Felipe VI, constatado queda, es bien distinto al de su padre. No es extrovertido, ni simpático, ni campechano. Evita el protagonismo, el ruido, la alharaca. Salvo en algún acontecimiento deportivo, donde se muestra natural y hasta espontáneo, el Rey oculta concienzudamente sus sentimientos, modula sus gestos, contiene su expresión. Difícil detectar en su rostro un matiz de ira, enojo, alegría o júbilo. Una máscara de hierro con dos expresiones. La solemne, cuando corresponde y la sonrisa artificial, cuando toca.

Una mañana para la distensión

La mañana en la que se conoció la sentencia de la infanta, el Rey, acompañado de doña Letizia, visitaba el Museo Thyssen junto al presidente de Hungría. A las doce en punto, en Palma se absolvía a doña Cristina y, en Madrid, el Monarca aparecía ante los gráficos relajado, tranquilo, con semblante optimista, adornado incluso por algunas risitas. Nunca ha llegado a tanto.

La Reina es el complemento perfecto de esa rigurosa e implacable inexpresividad. Suele ir un paso más allá en la ceremonia de la contención. Sólo cuando posa junto a sus hijas, en contadísimas ocasiones, aparece la mater amantísima y se permite una actitud más abierta y cercana. Tan sólo el incómodo episodio del ‘compiyogui’ enturbió esa inmaculada asepsia.

Los arquitectos de estrategias de Zarzuela habían trazado una férrea divisoria con el pasado

Era preciso subrayar, desde el primer momento, las distancias con la etapa anterior. La Corona, enlodada por escándalos que forzaron a don Juan Carlos a pedir perdón, en una patética comparecencia, con la fría pared del hospital como telón de fondo, se jugaba su futuro. Todas las señales de alarma estaban encendidas. Las encuestas anunciaban catástrofe y los medios escarbaban sin límites en el escándalo. El tabú de la sacrosanta inmunidad de la Corona ante la opinión pública saló hecho pedazos.

Los arquitectos de estrategias de Zarzuela habían trazado una férrea divisoria con el pasado. Cristina y Urdangarín, los apestados, saltaron por los aires. La infanta Elena, inocente víctima colateral, fue también defenestrada. Don Juan Carlos y doña Sofía mantenían el sueldo y el presupuesto pero se reducía su presencia pública a meras apariciones ornamentales. Era imprescindible restaurar el tambaleante edificio de la Corona.

Don Felipe se ha entregado con devoción a este abrumador empeño a lo largo de sus mil días. Igual que su padre, pero al revés. No se le ve con políticos, excepto lo que señala la agenda oficial. No aparece con empresarios más allá de lo que dicta el protocolo. En los viajes oficiales, incluso se desplazan en aviones diferentes, sin mezclar. Sus discursos apenas abandonan lo políticamente correcto. ‘No se moja’, diría el castizo. Sólo se le recuerda una decisión valiente y polémica, cuando decidió no recibir en audiencia a la presidenta del Parlamento de Cataluña. Apenas trascienden sus actividades privadas. Tan sólo alguna foto ‘robada’ nos muestra, ocasionalmente y siempre en penumbra, a la pareja real cuando se escapa al cine o al teatro. No va de caza, no frecuenta fincas de banqueros. Por supuesto, no va a los toros. Como mucho, al Matadero, el teatro municipal que Carmena ha enviado al desolladero.

El Rey ha cumplido mil días y no ha dado que hablar. Valor supremo. Objetivo cumplido

En Zarzuela se sigue la máxima de que “tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. El Rey ha cumplido mil días y no ha dado que hablar. Valor supremo. Objetivo cumplido. Hay quien echa en falta a un Rey con mayor relevancia, con más personalidad, con más implicación. Un Monarca debe ser algo más, apuntan. Y miran con cierta nostalgia al pasado. Ahí está el problema. En el pasado. Cuando la Institución bordeó el precipicio, cuando la Corona rozó el cataclismo. Emergen ahora, en forma artera y sospechosa, algunos restos de los detritus.

Don Felipe ha encarnado, a plena conciencia y sin concesiones, el papel de antídoto de la incontenible gangrena. Lo está logrando. Aunque, a veces, como escribió Claudio Rodríguez, “tanta serenidad, ¡ay!, da dolor”.

_

EL VARÓMETRO. La sabia conseja de Merkel antes de toparse con el grosero Trump: “Mejor hablar uno con otro que uno sobre otro”. // ¿Existe en verdad el ministro Dastis? // Cuando pudo ponerse remedio a la mafiosa estiba, Pepiño y la intocable Pastor ya estaban allí. // Le privaron de la palabra al dicharachero Méndez Migo en el homenaje independentista a Del Bosque. // Núria Prims, la actriz resurrección de la temporada.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba