A contratiempo

Méndez, con las barbas en remojo

Cayó Fernández. ¿Para cuando Méndez? Fernández Sevilla era secretario general de UGT Andalucía desde hace siete meses. Poco ha durado. Cándido Méndez es secretario general de UGT desde hace 19 años. Mucho está durando. Lo que haga tu mano izquierda que no lo sepa la derecha, es ahora el lema del líder de la sindical socialista. Cándido Méndez, en tiempos cuarto vicepresidente de Zapatero, sabe que su tiempo se acaba. "¿Por qué no te haces hervir y luego te tomas el caldo"?, le diría un malevo argentino.

"Cada estructura regional cuenta con autonomía propia, tanto en gestión como en presupuestos y manejo de recursos", confesaba Méndez, heróico, quitándose de encima un muerto que apesta. Y se va sacando a los mandamases andaluces de encima, un fusible detrás de otro, confiado en escapar de una quema que ya le abrasa la culera.

No son los ERE falsos, dinero de los parados que aterrizaba finalmente en altos cargos de la Junta y de los sindicalistas. Eso es territorio de la jueza Alaya. Fernández Sevilla ha dimitido por otro escándalo, con la misma vitola de corrupción. Ayudas de la Junta utilizadas para fines espúreos. Ha sido el último en llegar y el más rápido en marcharse. Su predecesor, Manuel Pastrana, exhibe un prontuario más frondoso. Le pillaron in fraganti costeando cenas desmesuradas en un lujoso hotel surafricano. Estos sindicalistas andaluces se pierden por los viajes y el marisco. Todo muy ejemplar. En la segunda comunidad con mayor índice de paro de España, los defensores de los trabajdores se dedicaban a abultar su bolsillo y a alimentar su ácido úrico.

Aparece Susana

De momento ha dimitido uno. La nueva presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, no sólo ordena por teléfono el sentido del voto parlamentario de Rubalcaba, sino que pone en fuga a los sindicalistas sospechosos. La Junta acaba de reclamar a la UGT la devolución de 1,8 millones de euros correspondientes a ayudas concedidas por la consejería de Empleo en 2009. A Fernández le tocó la china. Y se ha ido. Pero deja un sindicato sacudido por el escándalo y atascado en la molicie. Treinta años de régimen socialista en Andalucía han traído estas cosas. Sin alternancia en el gobierno, con todas las terminales del poder bajo el control, con los dineros públicos en su su poder, sin organismos reguladores, sin supervisiones, sin fiscalización, sin inspecciones...

Pero como en Argentina, el sindicalismo andaluz no ha funcionado al margen o alejado del centro de decisiones políticas. Allí, donde Cristina de la Pampa, el movimiento peronista y el gremialismo justicialista marchan a la par. En Andalucía ha funcionado y funciona desde hace treinta años un sistema de corrupción institucional en el que la Junta repartía fondos públicos a troche y moche, a sindicatos y patronal, sin que nadie osara poner un pero ni elevar una queja.

La gangrena se extiende

La dimisión de Fernández no puede ser el final de la "operación purga". Ha de ser el principio. La gangrena se extendió ya hace años a todo cuerpo político e institucional y es necesario sajar, rajar y limpiar hasta el final. Le correspondería a la recien llegada presidenta de la Junta el hacer esa labor. Así lo anunció, con redoble de tambores, en su brillante discurso de toma de posesión. Un pregón para crédulos. Porque Susana Díaz lleva enquistada en el riñón del poder andaluz desde dos minutos después de cumplir la mayoría de edad. Y como la suponemos mujer avispada, su prodigiosa ascensión lo demuestra, algo debía olerse, algo debía colegir, algo debía saber.

El otro brazo de la gangrena conduce hasta Madrid. Hasta la cúspide del aparato sindical socialista. Hasta el mismo despacho de Cándido Méndez, quien debió saltar del barco el año pasado de una manera decorosa, pero se empeñó en seguir, parapetado en denuncias de campañas hostiles y afirmando su rumbo hacia el descrédito y el desastre. Lo está pasando mal, dice ahora, mientras sus lugartenientes se atracan de cigalas y se ahogan en Merlot a cuenta de los fondos para el desempleo. Méndez está al frente de un sindicato que nunca ha rendido cuentas, que jamás ha mostrado sus balances, sus ingresos, sus gastos. Cuando a Fernández Toxo, el líder de CC.OO. le pidieron en televisión que nos ilustrara sobre su nómina y su sueldo, se revolvió como ofendido y le espetó al periodista que él no estaba allí para hacer striptease. Ignora que los tiempos de ese sindicalismo prepotente e impune ya ha pasado.

Primero fue Pastrana, ahora Fernández. La máquina de picar sindicalistas corruptos puesta en marcha por Susana Díaz parece insaciable. Méndez debería poner sus barbas en la palangana. Él es el próximo.

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EL VARÓMETRO.- El comisario Tajani,  en su visita a Toledo, elogió con esmero a Castilla la Mancha como ejemplo de gestión eficaz. // Ha sido aparecer su libro y quienes fueron los apoyos mediáticos de Zapatero, el glorioso inútil, vuelven donde solían. // Papa Francisco practica el ejercicio del desconcierto.


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