A contratiempo

Margallo, el vocero incontinente

Apenas se habla ya del Peñón, flor de estío. Un mes de pasión informativa para García-Margallo, el ministro de Exteriores que debutó en su acción diplomática saludando con un "Gibraltar español" a su homólogo británico en una cumbre europea. ¡Ozú!

La política exterior es mediáticamente efímera. La nunca consumada venganza nacional contra doña Cristina de la pampa por el latrocinio de YPF nos lo recuerda. La serpiente de verano de Gibraltar nos lo demuestra. Fogonazo y apagón, éste es el ritmo. Excelente destino para un inspector fiscal como José Manuel García-Margallo, sobrino nieto de un capitán del Regimiento de Caballería Alcántara, aquellos héroes del desastre de Annual, doblemente licenciado por Deusto y masterizado en Harvard. Sólida formación, buena familia. Típico candidato a incorporarse a las filas de UCD durante la transición. "Democristiano y monárquico", Areilza y Cabanillas fueron sus padrinos en Fedisa, trampolín de cargos y despachos. Después, una carrera política anónima y honorable y muchos años en la suave holganza del escaño europeo. Hasta el ministerio, ya superados los 65 años, merced a su estrecha amistad con Mariano Rajoy. Amistad cierta, no de esas entre políticos.

Tras subrayar el éxito de la Diada catalana, García-Margallo ha sido estas últimas horas un protagonista funesto. Por encima del desbocado Artur Mas. Un ministro de Exteriores chapoteando sobre la política interna suele ser una bendición para los periodistas y un dolor de cabeza para sus compañeros de Gabinete. Cuentan que lo querían lapidar. El engrasado aparato de comunicación presidencial telefoneó a sus terminales amigas para modular la jaculatoria del ministro. La propia Soraya Sáenz de Santamaría lo sepultó elegantemente tras el Consejo de Ministros. Ni referéndum, ni reforma de la Constitución. Ni margallos, ni gallos, ni gallitos, le faltó decir.

El ministro incontinente

La incomodidad para los esforzados miembros del Gabinete con el asunto Margallo radica en que ignoran cuándo el ministro bocón se expresa por cuenta propia o lo hace en connivencia con su presidente y amigo. "Es al único al que todo le está permitido", comentan en Moncloa. Ni siquiera a Jorge Fernández o a Ana Pastor, también muy próximos a Rajoy, se les dispensa similar trato. En los delicados tiempos de la prima de riesgo disparada y los rumores sobre el default español, el titular de Exteriores no tuvo inconveniente en reclamar en público el rescate para España. En línea totalmente opuesta a los esfuerzo del Presidente, que se dejó la piel pero no la paciencia en evitar la intervención bruselense.

En los medios catalanes lo adoran. Ha sido portada en la prensa soberanista y ha recibido empalagosos elogios por parte de columnistas de Palau, cortesanos de la Generalitat, amanuenses del régimen secesionista. Le ponen como ejemplo de buen talante frente a la caverna cerril monclovita. Y le aconsejan a Rajoy que lo escuche más. Ignoran, quizás, que uno de los arquitectos de la estrategia actual del Gobierno con Cataluña es precisamente Margallo, gran amigo de Duran i Lleida, esquinado democristiano. "Diálogo, diálogo y negociación", es el libreto margalliano. Soraya añadió lo de "...y Constitución", por no quedar mal. Rajoy, en su misiva de respuesta, no la mencionó, pero tampoco habló del referéndum.

No es anécdota lo de Margallo. Nunca piensa lo que dice y dice siempre lo que piensa. Tiene su ministerio hecho unos zorros, repleto de zapateristas y socialdemócratas asimilados. Pero sus palabras evidencian el desconcierto en el Gobierno ante el "problema catalán". Lo creían razonablemente embridado tras el repliegue de Artur Mas antes de la Diada. Aquello de "sin autorización del Gobierno el referéndum de 2014 se tornará en elecciones plebiscitarias en 2016". La cadena humana ha colocado de nuevo a Mas frente a su condición de rehén del soberanismo de ERC, prisionero de la riada independentista.

El Gobierno se aviene a negociar con Artur Mas sobre aspectos económicos. Nada más. La pelota está en el tejado catalán. Y en Madrid no hay plan B. "No podemos hacer otra cosa", resumía el viernes la vicepresidenta-portavoz. Desolador. En resumen, que si el margen de Rajoy es estrecho (lo acabamos de ver en su sutil y equilibrada carta/respuesta a Mas), el del president lo es aún mayor. Está rodeado: ERC por un lado, sus socios de Unió por otro y la sublevación separatista por doquier.

Apenas se habla ya del Peñón. Pero se sigue hablando de García-Margallo. Entre otras cosas, porque no hay quien lo cese. Y ya están tardando. 

EL VARÓMETRO. Oportunista Bono cuando le echa al PSC la culpa de los males catalanes. Nada dice de Zapatero, de quien fue ministro y algo más. // Qué insistencia la del equipo de comunicación de Interior para que alguien haga caso de las misivas de repliegue de ETA. // La crucifixión mediática de Ana Botella, tan esperada como injusta. 


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