A contratiempo

Madrid, la ciudad de las metáforas

Carmena no es una alcaldesa, es un género periodístico, casi inabarcable. Madrid, sin río, antes miraba al cielo. Ahora es una ciudad de goma, sucia y negra, como la canción de Aguaviva. Cien días largos lleva doña Manuela postureando en el Metro (sacrificios del poder) y sigue inédita como gobernante. Se desparrama en gestos y eslóganes. Primero bautizó a Madrid como "la ciudad del abrazo", enunciado pegajoso. Luego la llamó "la ciudad de la sexualidad y el amor", cuando lo del orguyo gay. Ahora Madrid es, al parecer, "la ciudad de los cuidados". Manuela Carmena gobierna a golpe de metáforas, algo ramplonas. Salvo con los impuestos. Ahí incurre en el realismo nada mágico: Ibi, empresas, grandes superficies y familias numerosas...

"La ciudad de los cuidados" es la antítesis de 'la ciudad de los prodigios'. Suena a UVI, cloroformo, gasas. A quejido de hospital

"La ciudad de los cuidados" es la antítesis de 'la ciudad de los prodigios'. Suena a UVI, cloroformo, gasas. A quejido de hospital. Este hallazo le corresponde a un Barbero, que antes fue fraile y ahora es el concejal de Seguridad y Salud, un especialista en la jerga cantinflesca. Habla, por ejemplo, de "la sostenibilidad de los cuidados", de "una incivilización y femineización de las barriadas" y propone la creación de la mentada oficina, cuyo objetivo es planificar, vigilar y potenciar 'los cuidados' (no dice cuáles), que dependerá de la alcaldesa y estará dotada con tres o cuatro funcionarios, quizás familiares de algunos familiares de su equipo de gobierno. Ya hemos colocado al sobrino político de la alcaldesa, al papá de la portavoza y al activista de la TelePaco de Vallekas. A punto han estado estos linces de colocar a los universitarios como barrenderos del botellón y a las mamás de fregasuelos en las guarderías. 

Madrid tiene un Ayuntamiento turbulento e ignorante, que se maneja con una jerga indescifrable. Madrid va camino de convertirse en la Luanda de Europa, una ciudad desportillada y febril. Empieza a destilar tristeza, ese primer síntoma de la decadencia. Han atiborrado el palacio de Cibeles de expresiones absurdas, de jactanciosas pretensiones. Todo es "sostenible, orgánico, proactivo, multicultural, igualitario, fraterno". Hay que "visibilizar los conflictos", la policía ha de ser 'preventiva y no represora', las multas serán 'constructivas e imaginativas", los problemas han de abordarse desde "una perspectiva poliédrica para evaluar su disfuncionalidad". Madrid, en fin, ha de ser 'un escenario convivencial, armónico y exogámico". Tal cual. Y ahora, "bienvenidos a la pesadilla". Esto acaba de empezar.

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EL VARÓMETRO.- Carme Chacón, certera y 'asusanada' en lo de Herrera. // Muy arriesgado maniobrar siempre entre las cunetas y el franquismo.// "La familia no necesita saber cuántos tiros le dieron a Federico", Laura García Lorca. // Victoria Prego será una buena noticia.


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